miércoles, 25 de junio de 2014

2 Crónicas 7



ORACIÓN



ORACIÓN:

Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra, pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¿SABES DIFERENCIAR LO VERDADERO DE LO FALSO?



¿Sabes diferenciar lo verdadero de lo falso?

Proverbios 12:17
“El que habla verdad declara lo que es justo, pero el testigo falso afirma mentiras”.

Desde muy pequeños oímos a nuestros padres hablar acerca de la “verdad” y de la “mentira”. Nos dicen que debemos decir siempre la verdad, que nunca debemos decir mentiras. Pero a medida que crecemos y envejecemos nos va resultando más difícil entender exactamente qué es la verdad, dónde está la verdad de la vida, cuánto de todo lo que leemos, oímos y vemos es verdad y cuánto es mentira. Hay ocasiones en las que muchos están en desacuerdo con algo que han oído y dicen: “¡Esto es mentira!”, mientras que otros dicen acerca de lo mismo: “¡Esto es verdad!” Entonces, ¿qué es la verdad?

Cuando se acercaba el momento de su muerte, Jesús les habló a sus discípulos tratando de alentarlos y de eliminar cualquier duda o temor de ellos. “No se turbe vuestro corazón…”, les dice, “…creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1). Y seguidamente les afirma: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Finalmente hace esta poderosa afirmación: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (v.6). Es decir, no es Jesús uno de muchos caminos; él es el único "camino" al Padre. De igual manera, no es Jesús alguien que enseña la verdad; él es “la verdad.” Jesucristo, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado es la única y absoluta verdad, la cual encontramos en las Escrituras. Y quienes le reciben tienen vida eterna porque él es “la vida”.

En Juan capítulo 5, Jesús se enfrenta a un grupo de judíos que procuraban matarlo porque había sanado a un paralítico en el día de reposo. También lo acusaban de otras cosas, entre ellas porque “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (v.18). Estos eran los mismos religiosos que se esforzaban por aparentar que andaban en los caminos correctos, que eran grandes conocedores y estrictos cumplidores de la ley de Dios. Por eso el Señor les dice: “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (v.39). Es decir: "Ustedes leen las Escrituras pero no creen la verdad que hay en ellas; por eso no vienen a mí para que tengan vida". Todo esto porque ellos preferían seguir sus propios rituales y tradiciones.

No existe otra manera de conocer la verdad que no sea escudriñando las Escrituras, meditando en ellas, y aplicándolas en nuestras vidas. Entonces y sólo entonces seremos libres. Así les dijo Jesús a unos judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). La única manera de salir de la esclavitud de la mentira y construir una barrera contra lo falso es saturando la mente con la verdad.

La Biblia debe ser nuestra guía. Toda pregunta, toda duda, toda confusión debe ser aclarada bajo la luz poderosa de la Palabra de Dios. ¿Qué crees en cuanto al matrimonio? ¿Es para toda la vida? ¿O crees que está bien desertar cada vez que se vuelva inconveniente o un estorbo para tu vida? ¿Y qué de los hijos, los amigos, el dinero, la iglesia, los pastores? ¿Qué de asuntos morales como la delincuencia, el aborto, la homosexualidad, el adulterio y la fornicación? Si no estás seguro acerca de cualquiera de estos temas u otros, es necesario que leas la Biblia y que la escudriñes hasta que escuches la respuesta de Dios. Pregunta al Espíritu Santo: “¿Qué quiere decirme el Señor por medio de este pasaje?” No preguntes como el mundo pregunta: “¿Cómo puedo interpretar este pasaje, de manera que me resulte conveniente?”

Pídele a Dios que él forme tus convicciones a través de su Palabra. Hazte el hábito de dedicar un tiempo cada día a la lectura de la Biblia y la oración. Si meditas detenidamente en la enseñanza de hoy y la crees de corazón, el Espíritu Santo obrará en tu vida capacitándote para discernir y diferenciar lo verdadero de lo falso. Entonces conocerás la verdad y disfrutarás plenamente de una vida llena de la paz y el gozo del Señor.

ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra, pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACION


¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?



¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?

Éxodo 19:4-6
“Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”.

Los israelitas habían sido liberados de la esclavitud en Egipto por Moisés, bajo la dirección y el poder de Dios. Tres meses después llegaron frente al Monte Sinaí donde Dios esperaba por ellos. Allí el Señor, por medio de Moisés, les ofrece un pacto. Este pasaje nos muestra las palabras de Dios al pueblo de Israel. En resumen, si ellos obedecían, él los bendeciría. Muchas veces la voluntad de Dios es tan clara como el sol en un día sin nubes. Sin embargo, llevarla a cabo puede ser tan difícil como capturar el sol y ponerlo en tu bolsillo. Tú sabes bien lo que debes hacer pero no puedes o no quieres ponerlo en práctica.

Los israelitas enfrentaron este dilema cuando estaban a punto de entrar a la tierra prometida. Después de una larga trayectoria a través del desierto, finalmente llegaron frente a la tierra de Canaán. Entonces Moisés les recordó el pacto que el Señor había hecho con ellos, con estas palabras: “Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos” (Deuteronomio 27:10). Moisés sabía que Israel no estaría bajo la protección de Dios si ellos no obedecían. Pero ellos olvidaron este principio tan importante. Números capítulo 13 nos narra lo que sucedió después. Dice el v.1: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel”. Ciertamente estaban muy claras las instrucciones de Dios: él les estaba dando aquella tierra a los israelitas, y quería que un grupo de hombres la reconocieran, con el fin de que no quedara duda aun a los más incrédulos de que realmente era la “tierra que fluye leche y miel” que él les había prometido.

Entonces Moisés mandó a doce príncipes, uno de cada tribu, a reconocer la tierra, y después de cuarenta días regresaron con el informe de lo que vieron. Diez de los doce hombres describieron un escenario totalmente pesimista de lo que les esperaba, incluyendo la presencia de enormes gigantes a los cuales tendrían que enfrentarse. Después incitaron al pueblo a volver atrás y no continuar el camino que llevaban. Solamente dos de ellos, Caleb y Josué, mostraron absoluta confianza en el plan de Dios de entregarles a ellos aquella tierra, y exhortaron al pueblo a seguir adelante.

Los israelitas habían escuchado claramente la voz de Dios a través de sus líderes. Ahora tenían que escoger entre dos opciones: obedecer al Señor y tomar posesión de la tierra prometida que él les estaba entregando, o hacerles caso a aquellos diez hombres y retirarse para evitar enfrentarse a los habitantes de aquella tierra. Finalmente decidieron no obedecer la voz de Dios y se volvieron atrás movidos por el miedo y la falta de fe. Esto trajo como consecuencia que deambularan por el desierto cuarenta años, y la mayoría de ellos nunca pudieron disfrutar de la tierra prometida.

Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como salvador somos actualmente el pueblo de Dios. Como tal debemos aplicar esta enseñanza a nuestras vidas. Jesús lo dijo muy claramente en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. No se trata solamente de conocer los mandamientos, es necesario guardarlos, es decir obedecerlos. Entonces el Señor se manifestará. No es suficiente con oír la voz de Dios, es imprescindible cumplir sus órdenes. La Biblia nos dice en Santiago 1:22: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Por el contrario, obedecer los mandamientos de Dios siempre resultará en bendiciones.

Si deseas escuchar la voz de Dios, lee diariamente su palabra y medita en ella. Una vez conozcas la voluntad del Señor, ora pidiendo que el poder de su Santo Espíritu se manifieste en ti y te dé la fuerza y el valor para obedecerla. Entonces recibirás bendiciones abundantes.

ORACIÓN
Padre celestial, perdóname por ser tan necio, perdóname por ser tan ciego, porque no obstante que tú me enseñas tus mandamientos a través de tu Palabra, aun así soy desobediente. Te ruego me ayudes a escuchar tu voz con claridad, y, por favor, dame la fe y el valor para obedecerte siempre, aun en contra de mi voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 23 de junio de 2014

Isaias 31:1


¿DÓNDE ESTÁS BUSCANDO LA AYUDA QUE NECESITAS?



¿Dónde estás buscando la ayuda que necesitas?

Isaías 31:1
“¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!”

No es difícil asegurar que muchas personas que dicen ser cristianas, en realidad nunca han tenido un encuentro personal con el Señor ni le conocen íntimamente. Claro está que ni debemos juzgar a otros ni tenemos la capacidad de adentrarnos en la vida espiritual de nadie, pero Jesús claramente indicó: “Por sus frutos los conoceréis...” (Mateo 7:16). Es decir, la actitud o la manera de actuar de una persona pueden darnos una buena idea de su relación con Dios.

A veces hablamos mucho de religión pero demostramos poco la vida de Cristo con nuestras acciones. Nuestra manera de practicar el “cristianismo” es generalmente mediocre y apenas impacta a los incrédulos debido a que ellos no ven en nosotros un testimonio vivo y poderoso. En determinadas acciones algunos cristianos no se diferencian de aquellos que no creen en Dios. La escritura de hoy nos muestra esta triste realidad. El pueblo de Israel en vez de buscar al Señor para que los ayudara y supliera sus necesidades, confiaba y ponían su esperanza en los recursos de los paganos. Dios, por medio del profeta Isaías, advierte: “¡Ay de ellos!” “¡Pobre de ellos!”

Egipto representa hoy para nosotros el mundo sin Cristo, y los caballos, los carros, y los jinetes representan los recursos materiales que ese mundo nos ofrece. Los años han pasado pero el pueblo de Dios sigue tristemente en esa misma línea de incredulidad confiando en lo que pueden ver en lugar de confiar en lo que no pueden ver; buscando lo corrupto de afuera cuando tienen todo lo glorioso dentro del reino de Dios. Esto pone de manifiesto una pobre relación con Dios, falta de crecimiento espiritual y una fe muy pequeña. Nadie que busca en primer lugar la ayuda del mundo puede experimentar intimidad con el Señor. Santiago 4:4 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. En el Sermón del monte, Jesús enseñó a aquellos que le escuchaban que no debían preocuparse ni afanarse por las cosas materiales que necesitaban. Y los exhortó a dirigirse en primer lugar a la fuente inagotable de toda provisión. Así les dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

La Biblia está llena de pasajes que nos dan la plena seguridad de que podemos contar con la ayuda y el apoyo de nuestro Padre celestial en cualquier momento que lo necesitemos. Por ejemplo, Hebreos 4:16 nos exhorta a acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. El Salmo 22:26 afirma que “los pobres comerán y se saciarán; los que buscan al Señor, le alabarán”. En el Salmo 23:1, David  nos dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Y en Salmo 37:25 él dice: “Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan”. Y Jesús nos promete en Mateo 21:22 que “todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Podríamos mencionar muchas más citas bíblicas que manifiestan de manera clara el deseo del Señor de suplir todas nuestras necesidades. ¿Qué necesidad hay, pues, de buscar ayuda en otro lugar?

En su carta de Pablo a los filipenses, se nos alienta diciéndonos: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Nuestra mirada debe estar siempre puesta en Jesús pues él es “el autor y consumador de la fe”, dice Hebreos 12:2. Desviar de él nuestra mirada nos traerá malas consecuencias. Mantenernos en él nos garantiza que todas nuestras necesidades (físicas, materiales y espirituales) estarán cubiertas. Reflexiona en esto por unos minutos y contesta esta pregunta: “En medio de la necesidad o la prueba, ¿hacia dónde enfocas tu mirada?” “¿Te diriges hacia Egipto (el mundo) o hacia el Dios de la provisión eterna?”

ORACIÓN:
Padre Santo, gracias infinitas porque tu Palabra nos asegura que podemos acudir a ti siempre en busca de ayuda y de sustento. Por favor, aumenta mi fe para dirigirme a ti siempre cualquiera sea mi necesidad, sabiendo que tú suplirás todo lo que me falte. En el nombre de Jesús. Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


AGAR


Génesis 21:13
"Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente".

[Lee Génesis 21:9-21]

Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama. Esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava.

Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la Omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.

Por tanto, no es de sorprender que de este arreglo humano no resulto ninguna bendición. Agar "miraba con desprecio a su señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su dueña. Luego, cuando Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que luego se trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la discordia entre Abraham y Sara. Sólo después de la intervención de Dios Abraham despide a Agar. Esta vez sale para el desierto con el hijo.

Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha habido consecuencias visibles aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del Islam que todavía es potente en tres continentes, está en su origen unida al nombre de Agar.

De hecho, hay en esta circunstancia un misterio que no ha sido bien comprendido todavía. Es indudable que esta muchacha egipcia había llegado a un conocimiento del verdadero Dios en la tienda de Abraham. Por la gracia de Dios había aparecido la fe en su corazón. Y a través de esta promesa había en ella fe en el Mesías. Agar tiene que haber soñado que iba a dar a luz al antecesor del Mesías. Y así lo creería durante años, pero en el curso del tiempo sus ojos se abrirían y entró la desilusión.

Sin embargo, antes y después de esta ilusión de la fe, Agar fue objeto de un especial cuidado por parte de Dios. Dos veces tuvo el privilegio de ser testimonio de la aparición del Señor. La primera vez en el camino de Shur, cuando se había escapado; la segunda en el desierto de Beerseba, cuando Ismael se estaba muriendo de sed. Con toda esta atención por parte de Dios es natural que tenga un gran significado en la historia de su reino. Porque el Señor le dio ricas promesas. En el desierto de Beerseba le dijo claramente que haría de su hijo una gran nación. Antes le había dicho que "sería hombre fiero, la mano de todos contra él, su mano contra todos". Y a Abraham, Dios le dijo que daría prosperidad a Ismael por ser la simiente de Abraham. Todo esto está registrado en Génesis 16:10-12 y en 21:13, mucho antes del nacimiento de Mahoma. Vemos que la profecía se ha cumplido literalmente. Y con todo, esta página de la historia, que empieza con la fe de Agar y termina con la falsa fe del Islam, permanece envuelto en la niebla. Sólo se puede decir que el pueblo nacido de Agar ha sido empleado por Dios para disciplinar a su Iglesia. Pero hemos de considerar también que poseen grandes territorios que constituyen una barrera contra el paganismo. Todos ellos, muchos millones, creen en un solo Dios, y en la revelación profética de Dios. Hemos de recordar que los mahometanos reconocen a Jesús como profeta. Su error es no creer en Jesús como Mesías, y en colocar un falso profeta por encima de Él. Por ello permanecen en parte del Antiguo Testamento y rechazan el Nuevo. Colocan su fe en el contenido del Corán.

Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22 compara a Sara con una mujer libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo interpreta significando que los que no encuentran al Mesías permanecen "hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que no busca su Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.

Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más razones que meramente estimular nuestra simpatía por el hecho que se perdió en el desierto. Aparece como un eslabón en la cadena de la Providencia insondable de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las raíces de la historia de la Iglesia de Dios.

“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.

Beatriz C. González


sábado, 21 de junio de 2014

2 Crónicas 15:7



2 Pedro 1:21



2 Corintios 3:17



1 Pedro 4:8


¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!


ORACION


¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!



¿CÓMO MANEJAS LOS ELOGIOS QUE RECIBES?



¿Cómo manejas los elogios que recibes?

Proverbios 27:2
“Que te alabe el extraño, y no tu boca; el forastero, y no tus labios”.

¿A quién no le agrada recibir una palabra de elogio? Después de un largo día de trabajo, al completar una tarea agotadora o al enfrentar circunstancias difíciles, una frase halagadora o un gesto de amabilidad puede ser gratificante e inspirador. Sin embargo, hay que tener cuidado al recibir elogios. Manejados correctamente, no hay ningún problema. Pero puede haber peligro dependiendo de la manera en que lo recibimos, pues nuestra naturaleza carnal tiende a llenarse de orgullo y vanidad con mucha facilidad. Y esto, desde luego, puede acarrearnos malas consecuencias en nuestras vidas.

Un ejemplo lo encontramos en Daniel capítulo 5. La Biblia cuenta que Dios le dio al rey Nabucodonosor “el reino y la grandeza, la gloria y la majestad” (v.18). Y por esto todos los pueblos y naciones “temblaban y temían delante de él”. Todos se esmeraban en halagarle y presentar ante él todo tipo de elogios y alabanzas. Producto de ello, el rey se llenó de orgullo y se olvidó de Aquel que le había dado todo. Dice el versículo 20 que “cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria”. Pero no sólo esto, más adelante Nabucodonosor “fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo” (v.21). Ciertamente un cambio enorme en su vida, de rey y señor de Babilonia, y envidia de todos los reinos de alrededor, a un perturbado mental, viviendo a la intemperie y actuando como las bestias del campo. Todo como resultado de su soberbia y su orgullo. Aquí se cumplen de manera perfecta las palabras de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Una actitud de soberbia y orgullo siempre traerá malas consecuencias, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”, dice Santiago 4:6. Para evitar el orgullo, la jactancia o el egocentrismo como resultado del elogio, la Biblia nos da pautas a seguir que nos permiten aceptar halagos con gracia:

Evita elogiarte a ti mismo.
El pasaje de hoy nos enseña que debemos dejar que otros nos alaben y no nosotros mismos. La Biblia también nos enseña que cuando actuamos con humildad, Dios mismo nos exaltará en Su tiempo. Dice 1 Pedro 5:6: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.

Dale la honra a Dios.
Recibir felicitaciones acerca de tu estilo de vida positivo o por tu buen trabajo puede ser una buena oportunidad para darle el crédito a Dios por lo que él está haciendo en tu vida. Dice Isaías 12:5: “Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra”. Compartir la razón de tu actitud positiva o del cambio en tu vida, puede ser un testimonio del poder de Dios para el no creyente. Por eso siempre debes darle la gloria al Señor. Y que todos los que están a tu alrededor lo sepan.

Responde con el corazón.
Comparte con la persona que te alaba cómo el halago que te hizo afectó tu vida. Proverbios 25:11 dice: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”. Muestra agradecimiento a la persona que te hizo sentir bien y de manera amable preséntale a Aquel que produce en ti ese comportamiento.

Agradécele a Dios en oración.
¿Le has pedido a Dios recientemente por una motivación para entregarte más a él y servirle? Quizás él ha contestado tu oración por medio de las palabras de estímulo de otra persona. Recuerda agradecerle a Dios por esos halagos en tu tiempo de oración. Hebreos 13:15 dice: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.

Resumiendo, debemos pensar y actuar siempre sobre la base de que todo lo bueno que recibimos proviene de Dios, incluyendo los halagos, los cuales pueden ser usados por el Señor tanto para probar nuestra madurez espiritual como para impactar la vida de quien nos halaga, dependiendo de nuestra reacción.

ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego pongas en mí un espíritu de humildad que no me permita exaltarme a mí mismo en nada, sino que cada vez que me den un elogio por algo que yo haga, seas tú quien reciba la gloria y el honor que únicamente tú te mereces. En el nombre de Jesucristo, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!