miércoles, 25 de junio de 2014
ORACIÓN
ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra,
pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual
para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso
de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¿SABES DIFERENCIAR LO VERDADERO DE LO FALSO?
¿Sabes diferenciar
lo verdadero de lo falso?
Proverbios 12:17
“El que habla verdad declara lo que es
justo, pero el testigo falso afirma mentiras”.
Desde muy pequeños oímos a nuestros padres hablar acerca
de la “verdad” y de la “mentira”. Nos dicen que debemos decir siempre la
verdad, que nunca debemos decir mentiras. Pero a medida que crecemos y
envejecemos nos va resultando más difícil entender exactamente qué es la
verdad, dónde está la verdad de la vida, cuánto de todo lo que leemos, oímos y
vemos es verdad y cuánto es mentira. Hay ocasiones en las que muchos están en
desacuerdo con algo que han oído y dicen: “¡Esto es mentira!”, mientras que
otros dicen acerca de lo mismo: “¡Esto es verdad!” Entonces, ¿qué es la verdad?
Cuando se acercaba el momento de su muerte, Jesús les
habló a sus discípulos tratando de alentarlos y de eliminar cualquier duda o
temor de ellos. “No se turbe vuestro corazón…”, les dice, “…creéis en Dios,
creed también en mí” (Juan 14:1). Y seguidamente les afirma: “Voy, pues, a
preparar lugar para vosotros”. Finalmente hace esta poderosa afirmación: “Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”
(v.6). Es decir, no es Jesús uno de muchos caminos; él es el único
"camino" al Padre. De igual manera, no es Jesús alguien que enseña la
verdad; él es “la verdad.” Jesucristo, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado es
la única y absoluta verdad, la cual encontramos en las Escrituras. Y quienes le
reciben tienen vida eterna porque él es “la vida”.
En Juan capítulo 5, Jesús se enfrenta a un grupo de
judíos que procuraban matarlo porque había sanado a un paralítico en el día de
reposo. También lo acusaban de otras cosas, entre ellas porque “decía que Dios
era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (v.18). Estos eran los mismos
religiosos que se esforzaban por aparentar que andaban en los caminos
correctos, que eran grandes conocedores y estrictos cumplidores de la ley de
Dios. Por eso el Señor les dice: “Examináis las Escrituras porque vosotros
pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de
mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (v.39). Es decir:
"Ustedes leen las Escrituras pero no creen la verdad que hay en ellas; por
eso no vienen a mí para que tengan vida". Todo esto porque ellos preferían
seguir sus propios rituales y tradiciones.
No existe otra manera de conocer la verdad que no sea
escudriñando las Escrituras, meditando en ellas, y aplicándolas en nuestras
vidas. Entonces y sólo entonces seremos libres. Así les dijo Jesús a unos
judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os
hará libres” (Juan 8:31-32). La única manera de salir de la esclavitud de la
mentira y construir una barrera contra lo falso es saturando la mente con la
verdad.
La Biblia debe ser nuestra guía. Toda pregunta, toda
duda, toda confusión debe ser aclarada bajo la luz poderosa de la Palabra de
Dios. ¿Qué crees en cuanto al matrimonio? ¿Es para toda la vida? ¿O crees que
está bien desertar cada vez que se vuelva inconveniente o un estorbo para tu
vida? ¿Y qué de los hijos, los amigos, el dinero, la iglesia, los pastores?
¿Qué de asuntos morales como la delincuencia, el aborto, la homosexualidad, el
adulterio y la fornicación? Si no estás seguro acerca de cualquiera de estos
temas u otros, es necesario que leas la Biblia y que la escudriñes hasta que
escuches la respuesta de Dios. Pregunta al Espíritu Santo: “¿Qué quiere decirme
el Señor por medio de este pasaje?” No preguntes como el mundo pregunta: “¿Cómo
puedo interpretar este pasaje, de manera que me resulte conveniente?”
Pídele a Dios que él forme tus convicciones a través de
su Palabra. Hazte el hábito de dedicar un tiempo cada día a la lectura de la
Biblia y la oración. Si meditas detenidamente en la enseñanza de hoy y la crees
de corazón, el Espíritu Santo obrará en tu vida capacitándote para discernir y
diferenciar lo verdadero de lo falso. Entonces conocerás la verdad y
disfrutarás plenamente de una vida llena de la paz y el gozo del Señor.
ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra,
pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual
para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso
de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?
¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?
Éxodo 19:4-6
“Vosotros visteis lo que hice a los
egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora,
pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi
especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y
vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras
que dirás a los hijos de Israel”.
Los israelitas habían sido liberados de la esclavitud en
Egipto por Moisés, bajo la dirección y el poder de Dios. Tres meses después
llegaron frente al Monte Sinaí donde Dios esperaba por ellos. Allí el Señor,
por medio de Moisés, les ofrece un pacto. Este pasaje nos muestra las palabras
de Dios al pueblo de Israel. En resumen, si ellos obedecían, él los bendeciría.
Muchas veces la voluntad de Dios es tan clara como el sol en un día sin nubes.
Sin embargo, llevarla a cabo puede ser tan difícil como capturar el sol y
ponerlo en tu bolsillo. Tú sabes bien lo que debes hacer pero no puedes o no
quieres ponerlo en práctica.
Los israelitas enfrentaron este dilema cuando estaban a
punto de entrar a la tierra prometida. Después de una larga trayectoria a
través del desierto, finalmente llegaron frente a la tierra de Canaán. Entonces
Moisés les recordó el pacto que el Señor había hecho con ellos, con estas
palabras: “Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos
y sus estatutos” (Deuteronomio 27:10). Moisés sabía que Israel no estaría bajo
la protección de Dios si ellos no obedecían. Pero ellos olvidaron este
principio tan importante. Números capítulo 13 nos narra lo que sucedió después.
Dice el v.1: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan
la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel”. Ciertamente estaban
muy claras las instrucciones de Dios: él les estaba dando aquella tierra a los
israelitas, y quería que un grupo de hombres la reconocieran, con el fin de que
no quedara duda aun a los más incrédulos de que realmente era la “tierra que
fluye leche y miel” que él les había prometido.
Entonces Moisés mandó a doce príncipes, uno de cada
tribu, a reconocer la tierra, y después de cuarenta días regresaron con el
informe de lo que vieron. Diez de los doce hombres describieron un escenario
totalmente pesimista de lo que les esperaba, incluyendo la presencia de enormes
gigantes a los cuales tendrían que enfrentarse. Después incitaron al pueblo a
volver atrás y no continuar el camino que llevaban. Solamente dos de ellos,
Caleb y Josué, mostraron absoluta confianza en el plan de Dios de entregarles a
ellos aquella tierra, y exhortaron al pueblo a seguir adelante.
Los israelitas habían escuchado claramente la voz de Dios
a través de sus líderes. Ahora tenían que escoger entre dos opciones: obedecer
al Señor y tomar posesión de la tierra prometida que él les estaba entregando,
o hacerles caso a aquellos diez hombres y retirarse para evitar enfrentarse a
los habitantes de aquella tierra. Finalmente decidieron no obedecer la voz de
Dios y se volvieron atrás movidos por el miedo y la falta de fe. Esto trajo
como consecuencia que deambularan por el desierto cuarenta años, y la mayoría
de ellos nunca pudieron disfrutar de la tierra prometida.
Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como salvador
somos actualmente el pueblo de Dios. Como tal debemos aplicar esta enseñanza a
nuestras vidas. Jesús lo dijo muy claramente en Juan 14:21: “El que tiene mis
mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado
por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. No se trata solamente de
conocer los mandamientos, es necesario guardarlos, es decir obedecerlos.
Entonces el Señor se manifestará. No es suficiente con oír la voz de Dios, es
imprescindible cumplir sus órdenes. La Biblia nos dice en Santiago 1:22: “Sed
hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros
mismos”. Por el contrario, obedecer los mandamientos de Dios siempre resultará
en bendiciones.
Si deseas escuchar la voz de Dios, lee diariamente su
palabra y medita en ella. Una vez conozcas la voluntad del Señor, ora pidiendo
que el poder de su Santo Espíritu se manifieste en ti y te dé la fuerza y el
valor para obedecerla. Entonces recibirás bendiciones abundantes.
ORACIÓN
Padre celestial, perdóname por ser tan necio, perdóname
por ser tan ciego, porque no obstante que tú me enseñas tus mandamientos a
través de tu Palabra, aun así soy desobediente. Te ruego me ayudes a escuchar
tu voz con claridad, y, por favor, dame la fe y el valor para obedecerte
siempre, aun en contra de mi voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 23 de junio de 2014
¿DÓNDE ESTÁS BUSCANDO LA AYUDA QUE NECESITAS?
¿Dónde estás
buscando la ayuda que necesitas?
Isaías 31:1
“¡Ay de los que descienden a Egipto por
ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son
muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni
buscan a Jehová!”
No es difícil asegurar que muchas personas que dicen ser
cristianas, en realidad nunca han tenido un encuentro personal con el Señor ni
le conocen íntimamente. Claro está que ni debemos juzgar a otros ni tenemos la
capacidad de adentrarnos en la vida espiritual de nadie, pero Jesús claramente
indicó: “Por sus frutos los conoceréis...” (Mateo 7:16). Es decir, la actitud o
la manera de actuar de una persona pueden darnos una buena idea de su relación
con Dios.
A veces hablamos mucho de religión pero demostramos poco
la vida de Cristo con nuestras acciones. Nuestra manera de practicar el
“cristianismo” es generalmente mediocre y apenas impacta a los incrédulos
debido a que ellos no ven en nosotros un testimonio vivo y poderoso. En
determinadas acciones algunos cristianos no se diferencian de aquellos que no
creen en Dios. La escritura de hoy nos muestra esta triste realidad. El pueblo
de Israel en vez de buscar al Señor para que los ayudara y supliera sus
necesidades, confiaba y ponían su esperanza en los recursos de los paganos.
Dios, por medio del profeta Isaías, advierte: “¡Ay de ellos!” “¡Pobre de
ellos!”
Egipto representa hoy para nosotros el mundo sin Cristo,
y los caballos, los carros, y los jinetes representan los recursos materiales
que ese mundo nos ofrece. Los años han pasado pero el pueblo de Dios sigue
tristemente en esa misma línea de incredulidad confiando en lo que pueden ver
en lugar de confiar en lo que no
pueden ver; buscando lo corrupto de afuera cuando tienen todo lo glorioso
dentro del reino de Dios. Esto pone de manifiesto una pobre relación con Dios,
falta de crecimiento espiritual y una fe muy pequeña. Nadie que busca en primer
lugar la ayuda del mundo puede experimentar intimidad con el Señor. Santiago
4:4 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es
enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios”. En el Sermón del monte, Jesús enseñó a aquellos
que le escuchaban que no debían preocuparse ni afanarse por las cosas
materiales que necesitaban. Y los exhortó a dirigirse en primer lugar a la
fuente inagotable de toda provisión. Así les dijo: “Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo
6:33).
La Biblia está llena de pasajes que nos dan la plena
seguridad de que podemos contar con la ayuda y el apoyo de nuestro Padre
celestial en cualquier momento que lo necesitemos. Por ejemplo, Hebreos 4:16
nos exhorta a acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. El Salmo 22:26 afirma
que “los pobres comerán y se saciarán; los que buscan al Señor, le alabarán”.
En el Salmo 23:1, David nos dice:
“Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Y en Salmo 37:25 él dice: “Yo fui
joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia
mendigando pan”. Y Jesús nos promete en Mateo 21:22 que “todo lo que pidiereis
en oración, creyendo, lo recibiréis”. Podríamos mencionar muchas más citas
bíblicas que manifiestan de manera clara el deseo del Señor de suplir todas
nuestras necesidades. ¿Qué necesidad hay, pues, de buscar ayuda en otro lugar?
En su carta de Pablo a los filipenses, se nos alienta
diciéndonos: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Nuestra mirada debe
estar siempre puesta en Jesús pues él es “el autor y consumador de la fe”, dice
Hebreos 12:2. Desviar de él nuestra mirada nos traerá malas consecuencias.
Mantenernos en él nos garantiza que todas nuestras necesidades (físicas,
materiales y espirituales) estarán cubiertas. Reflexiona en esto por unos
minutos y contesta esta pregunta: “En medio de la necesidad o la prueba, ¿hacia
dónde enfocas tu mirada?” “¿Te diriges hacia Egipto (el mundo) o hacia el Dios
de la provisión eterna?”
ORACIÓN:
Padre Santo, gracias infinitas porque tu Palabra nos
asegura que podemos acudir a ti siempre en busca de ayuda y de sustento. Por
favor, aumenta mi fe para dirigirme a ti siempre cualquiera sea mi necesidad,
sabiendo que tú suplirás todo lo que me falte. En el nombre de Jesús. Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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AGAR
Génesis 21:13
"Y también del hijo de la sierva haré
una nación, porque es tu descendiente".
[Lee Génesis 21:9-21]
Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y
vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos.
El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima
por su ama. Esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham
tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que
naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era
imposible conceder mayor honor a una esclava.
Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios,
para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues
el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las
costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios.
Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta
violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El
intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de
una falta de fe en la Omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar,
siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos
libertad.
Por tanto, no es de sorprender que de este arreglo humano
no resulto ninguna bendición. Agar "miraba con desprecio a su
señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su dueña. Luego, cuando
Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que luego se
trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la
discordia entre Abraham y Sara. Sólo después de la intervención de Dios Abraham
despide a Agar. Esta vez sale para el desierto con el hijo.
Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha
habido consecuencias visibles aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los
cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del Islam que todavía es potente en tres
continentes, está en su origen unida al nombre de Agar.
De hecho, hay en esta circunstancia un misterio que no ha
sido bien comprendido todavía. Es indudable que esta muchacha egipcia había
llegado a un conocimiento del verdadero Dios en la tienda de Abraham. Por la
gracia de Dios había aparecido la fe en su corazón. Y a través de esta promesa
había en ella fe en el Mesías. Agar tiene que haber soñado que iba a dar a luz
al antecesor del Mesías. Y así lo creería durante años, pero en el curso del
tiempo sus ojos se abrirían y entró la desilusión.
Sin embargo, antes y después de esta ilusión de la fe,
Agar fue objeto de un especial cuidado por parte de Dios. Dos veces tuvo el
privilegio de ser testimonio de la aparición del Señor. La primera vez en el
camino de Shur, cuando se había escapado; la segunda en el desierto de Beerseba,
cuando Ismael se estaba muriendo de sed. Con toda esta atención por parte de
Dios es natural que tenga un gran significado en la historia de su reino.
Porque el Señor le dio ricas promesas. En el desierto de Beerseba le dijo
claramente que haría de su hijo una gran nación. Antes le había dicho que
"sería hombre fiero, la mano de todos contra él, su mano contra
todos". Y a Abraham, Dios le dijo que daría prosperidad a Ismael por ser
la simiente de Abraham. Todo esto está registrado en Génesis 16:10-12 y en
21:13, mucho antes del nacimiento de Mahoma. Vemos que la profecía se ha
cumplido literalmente. Y con todo, esta página de la historia, que empieza con
la fe de Agar y termina con la falsa fe del Islam, permanece envuelto en la
niebla. Sólo se puede decir que el pueblo nacido de Agar ha sido empleado por
Dios para disciplinar a su Iglesia. Pero hemos de considerar también que poseen
grandes territorios que constituyen una barrera contra el paganismo. Todos
ellos, muchos millones, creen en un solo Dios, y en la revelación profética de
Dios. Hemos de recordar que los mahometanos reconocen a Jesús como profeta. Su
error es no creer en Jesús como Mesías, y en colocar un falso profeta por
encima de Él. Por ello permanecen en parte del Antiguo Testamento y rechazan el
Nuevo. Colocan su fe en el contenido del Corán.
Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22
compara a Sara con una mujer libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo
interpreta significando que los que no encuentran al Mesías permanecen
"hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es
posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que
no busca su Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.
Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más
razones que meramente estimular nuestra simpatía por el hecho que se perdió en
el desierto. Aparece como un eslabón en la cadena de la Providencia insondable
de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las raíces de la historia de la
Iglesia de Dios.
“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.
Beatriz C. González
sábado, 21 de junio de 2014
¿CÓMO MANEJAS LOS ELOGIOS QUE RECIBES?
¿Cómo manejas los
elogios que recibes?
Proverbios 27:2
“Que te alabe el extraño, y no tu boca; el
forastero, y no tus labios”.
¿A quién no le agrada recibir una palabra de elogio?
Después de un largo día de trabajo, al completar una tarea agotadora o al
enfrentar circunstancias difíciles, una frase halagadora o un gesto de
amabilidad puede ser gratificante e inspirador. Sin embargo, hay que tener
cuidado al recibir elogios. Manejados correctamente, no hay ningún problema.
Pero puede haber peligro dependiendo de la manera en que lo recibimos, pues
nuestra naturaleza carnal tiende a llenarse de orgullo y vanidad con mucha
facilidad. Y esto, desde luego, puede acarrearnos malas consecuencias en
nuestras vidas.
Un ejemplo lo encontramos en Daniel capítulo 5. La Biblia
cuenta que Dios le dio al rey Nabucodonosor “el reino y la grandeza, la gloria
y la majestad” (v.18). Y por esto todos los pueblos y naciones “temblaban y
temían delante de él”. Todos se esmeraban en halagarle y presentar ante él todo
tipo de elogios y alabanzas. Producto de ello, el rey se llenó de orgullo y se
olvidó de Aquel que le había dado todo. Dice el versículo 20 que “cuando su
corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto
del trono de su reino, y despojado de su gloria”. Pero no sólo esto, más
adelante Nabucodonosor “fue echado de entre los hijos de los hombres, y su
mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su
morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el
rocío del cielo” (v.21). Ciertamente un cambio enorme en su vida, de rey y
señor de Babilonia, y envidia de todos los reinos de alrededor, a un perturbado
mental, viviendo a la intemperie y actuando como las bestias del campo. Todo
como resultado de su soberbia y su orgullo. Aquí se cumplen de manera perfecta
las palabras de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el
que se humilla será enaltecido”.
Una actitud de soberbia y orgullo siempre traerá malas
consecuencias, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes”, dice Santiago 4:6. Para evitar el orgullo, la jactancia o el egocentrismo
como resultado del elogio, la Biblia nos da pautas a seguir que nos permiten
aceptar halagos con gracia:
Evita elogiarte a
ti mismo.
El pasaje de hoy nos enseña que debemos dejar que otros
nos alaben y no nosotros mismos. La Biblia también nos enseña que cuando
actuamos con humildad, Dios mismo nos exaltará en Su tiempo. Dice 1 Pedro 5:6:
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando
fuere tiempo”.
Dale la honra a
Dios.
Recibir felicitaciones acerca de tu estilo de vida
positivo o por tu buen trabajo puede ser una buena oportunidad para darle el
crédito a Dios por lo que él está haciendo en tu vida. Dice Isaías 12:5:
“Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por
toda la tierra”. Compartir la razón de tu actitud positiva o del cambio en tu
vida, puede ser un testimonio del poder de Dios para el no creyente. Por eso
siempre debes darle la gloria al Señor. Y que todos los que están a tu
alrededor lo sepan.
Responde con el
corazón.
Comparte con la persona que te alaba cómo el halago que
te hizo afectó tu vida. Proverbios 25:11 dice: “Manzana de oro con figuras de
plata es la palabra dicha como conviene”. Muestra agradecimiento a la persona
que te hizo sentir bien y de manera amable preséntale a Aquel que produce en ti
ese comportamiento.
Agradécele a Dios
en oración.
¿Le has pedido a Dios recientemente por una motivación
para entregarte más a él y servirle? Quizás él ha contestado tu oración por
medio de las palabras de estímulo de otra persona. Recuerda agradecerle a Dios
por esos halagos en tu tiempo de oración. Hebreos 13:15 dice: “Así que,
ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir,
fruto de labios que confiesan su nombre”.
Resumiendo, debemos pensar y actuar siempre sobre la base
de que todo lo bueno que recibimos proviene de Dios, incluyendo los halagos,
los cuales pueden ser usados por el Señor tanto para probar nuestra madurez
espiritual como para impactar la vida de quien nos halaga, dependiendo de
nuestra reacción.
ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego pongas en mí un espíritu de
humildad que no me permita exaltarme a mí mismo en nada, sino que cada vez que
me den un elogio por algo que yo haga, seas tú quien reciba la gloria y el
honor que únicamente tú te mereces. En el nombre de Jesucristo, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!
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