miércoles, 15 de mayo de 2013

EL JUICIO DE DIOS




Isaías 6:3, 5
“Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria… Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey”.

Dios es santo, por ello no puede ignorar el pecado ni pasarlo por alto. Ni siquiera el hombre más espiritual puede medir realmente cuán santo es Dios. Muy a menudo la Biblia habla de su santidad. Sus ojos son muy limpios para ver el mal (Habacuc 1:13). El profeta Isaías entrevió en una visión la gloria de Dios. Los ángeles, incapaces de mirar esta gloria, se cubrían el rostro y repetían: “santo, santo, santo” es Dios. Entonces Isaías sintió un gran temor. Se dio cuenta de que él, un pecador, había sido desenmascarado por la gloria y la santidad sin igual de Dios.

Para comprender el castigo reservado al pecado, tenemos que ver la fealdad del pecado en contraste con la grandeza y santidad de Dios. Si un niño insulta a su compañero, merece un castigo, pero si insulta a un profesor o al director, merece un castigo mayor. Si insulta al primer ministro, al rey o al presidente, ¡el castigo será todavía más severo!

Esta graduación en el castigo nos ayuda a comprender lo que como pecadores merecemos ante Dios. ¿Qué decir entonces cuando se insulta a Dios, cuya grandeza y santidad son ilimitadas, infinitas y eternas? La respuesta es evidente y aterradora. ¡Todos estamos perdidos y merecemos el juicio de Dios!

¿Hay un medio para escapar? Sí, hay un único medio: que alguien soporte ese juicio de Dios en nuestro lugar. (Continua mañana…)

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

ORACIÓN



Padre santo, te doy gracias por el privilegio de poder ver la luz de un nuevo día. Te alabo por tu infinita bondad y amor. Gracias mi Dios porque el día de hoy he amanecido un poco mejor de mi ojo, porque tengo medicamentos para tratarme, por la hermosa gente que se preocupa por mi y me tiene en sus oraciones. Amado Dios ayúdame a recordar, con un  corazón agradecido, tu presencia en mi vida. Además, hermoso Padre, te ruego que hagas desaparecer de mí todo vestigio de conformidad y pongas en mi corazón un mayor anhelo de buscarte cada día, de servirte más y mejor y desear cada vez más tu presencia en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”



MUCHO CUIDADO CON LA COMPLACENCIA



Filipenses 4:10-13
“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

La complacencia es un estado anímico que refleja satisfacción de una persona en una situación determinada. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo escribe que él aprendió a contentarse, es decir a sentir complacencia en todas las circunstancias, lo mismo en las buenas que en las malas. En esta misma carta a los filipenses, Pablo los exhorta a regocijarse siempre, en todo momento (Filipenses 4:4). Lo más impactante de esta exhortación es el hecho de que cuando Pablo la escribió, estaba nada menos que en una cárcel romana, rodeado de incomodidades, pasando hambre, siendo humillado y torturado, y esperando que en cualquier momento lo ejecutaran. Este tipo de complacencia sólo es posible sentirla cuando la actitud está siendo controlada por el poder del Espíritu Santo. De esta manera lo dice Pablo al final del pasaje: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Ahora bien, debemos ser muy cuidadosos cuando la actitud de complacencia tiene el carácter de resignación o de conformismo. Esto es un asunto totalmente diferente, pues significa que nos sentimos tan cómodos en la manera que se desarrolla nuestra vida que no tenemos deseo alguno de cambiarla. En el aspecto espiritual esta manera de actuar es completamente negativa, pues nos impide avanzar en nuestro crecimiento. “Así estoy bien”, dicen muchos, “entonces, ¿para que esforzarme?” Hay un gran peligro en esta complacencia, pues da lugar a una falsa seguridad la cual resulta en una menor dependencia de Dios. La Biblia nos alerta en 1 Corintios 10:12: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”.

Cuando esta es nuestra actitud, nuestra relación con Dios se afecta, dejamos de crecer espiritualmente y comenzamos a descansar en nosotros mismos en vez de en él. Nuestra auto-suficiencia se convierte en la autoridad principal, y perdemos por completo la visión del plan de Dios para nuestras vidas. Es lamentable estar conformes con una pequeña porción cuando el Señor tiene una vida abundante planeada para nosotros. En esta carta misma Pablo también escribió: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Habiendo entendido perfectamente que los planes de Dios para nuestras vidas son buenos (Jeremías 29:11), que Dios “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20), y creyendo de todo corazón las promesas del Señor, Pablo no se conformó con lo que había logrado hasta el momento, sino dijo que proseguía hacia la meta, hacia ese precioso premio que Dios tiene para sus hijos.

Dios es fiel en completar lo que ha comenzado en nuestras vidas. Filipenses 1:6 nos dice que “el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Él nos ama y tiene un plan singular y maravilloso para nosotros sus hijos que está más allá de nuestra imaginación. Si Dios tiene algo tan increíble para nosotros, ¿por qué conformarnos por algo menos? No nos conformemos con lo que tenemos. En el aspecto espiritual debemos ser ambiciosos, deseando conocer cada vez más a Dios, anhelando cada vez más su santa comunión, buscando su rostro día tras día y deleitándonos en su presencia. Mientras estemos en este mundo nunca tendremos demasiado de la gracia y el amor de Dios. Cuando creas que estás muy bien, arrodíllate y pídele a Dios que te dé más de él.

ORACIÓN:
Padre santo, te alabo por tu infinita bondad y amor. Te ruego que hagas desaparecer de mí todo vestigio de conformidad y pongas en mi corazón un mayor anhelo de buscarte cada día, de servirte más y desear cada vez más tu presencia en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


martes, 14 de mayo de 2013

ORACION




Bendito Padre Celestial y Dios Eterno, te doy gracias por este día que esta terminando, por la salud y la enfermedad, y por las riquezas de tu amor y misericordia. Dios todo Poderoso, una ves mas te pido por todos mis hermanos y hermanas de la Fe que están viviendo alguna enfermedad, por todos aquellos que no encuentran consuelo y se sienten desfallecidos por los estragos que le ha caudado el deterioro de su salud. De igual manera te pido por los familiares que tengo, por la solución de sus problemas, por la sanación de sus cuerpos, por la liberación de sus almas y de sus espíritus, porque les quites todo el daño que están sufriendo por las maldiciones de otras personas, porque en adelante les protejas de todo mal y les concedas las bondades de tu paz. Por favor Señor, si es tu voluntad, ayúdales y dales la saludad física y espiritual que necesitan.

Señor, respecto a mi persona, tu conoces que mi estado de salud no es del todo bueno ni completo, pero se que tu estas obrando en mi vida para bien y que tu has permitido que pase todo lo que estoy viviendo con el único propósito de que yo tenga la salud necesaria para poderte servir en lo que tu me mandes y para llevar tu Santa Palabra a todas las almas que la están necesitando.  Abba Padre, glorifícate en las vidas de todos los que necesitamos, en el Nombre de Jesús, Amen.

“Gracia y Paz”

¿TIENES TÚ LA MENTE DE CRISTO?



1 Corintios 2:14-16
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Tú no puedes pensar erróneamente y vivir correctamente. Este es un principio bíblico. La manera en que piensas será siempre la base sobre la cual se desarrollará tu vida. Este pasaje afirma que los cristianos “tenemos la mente de Cristo”. Esto significa que tenemos la capacidad de pensar de la manera en que el Señor Jesucristo piensa y de ver las circunstancias desde su punto de vista. Pero para desarrollar esta capacidad es necesario que permitamos al Espíritu Santo llevar a cabo su plan en nosotros, creando la base para que nuestro comportamiento sea un reflejo de la vida que Jesús vivió en la tierra.

Durante los tres años de su ministerio, Jesús enseñó a sus discípulos los principios fundamentales que regían su propio comportamiento. Después de su muerte y resurrección, y posterior ascensión, tal y como él lo prometió, el Espíritu Santo vino a continuar su obra, y ahora habita en el corazón de todo aquel que haya aceptado a Jesucristo como Salvador. Así dijo Jesús a sus discípulos: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:25-26). Es tarea del Espíritu Santo enseñarnos, recordarnos las palabras del Señor, y llevar a cabo la transformación de nuestras mentes, hasta que lleguemos a ser conformes a la imagen de Jesucristo. Es nuestra responsabilidad permitir que este proceso se lleve a cabo siendo receptivos a la voz del Espíritu y siguiendo sus instrucciones.

Pensar de la manera que Cristo piensa, generalmente está en contradicción con lo que el mundo que nos rodea piensa. Por ejemplo, para el no creyente no existe nada positivo en la muerte. Pero los creyentes conocemos la verdad acerca de la muerte y la vida eterna. Para nosotros, estar ausentes del cuerpo es estar presentes al Señor (2 Corintios 5:8). De manera similar, cuando nos enfrentamos a dificultades podemos estar tranquilos porque “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Claro que como el mundo no entiende estas cosas, nos acusan de estar locos. El pasaje de hoy dice que para el hombre natural las cosas del Espíritu de Dios “son locura”. El hombre natural es aquel que se rige por conceptos físicos y materiales. Su meta es satisfacer sus apetitos y sus deseos, por lo tanto no puede entender las cosas espirituales. En su primera carta a los corintios, Pablo dice: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Ciertamente no estamos locos, todo lo contrario, conocer y entender el punto de vista de Dios es vivir en la verdad.

Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Al igual que una computadora necesita programas de calidad para funcionar correctamente, nuestras mentes deben estar programadas con la verdad de la Palabra de Dios. Lo que pensamos, es decir aquello que reside en nuestra mente determina nuestra manera de vivir, nuestro carácter. Para ello debemos meditar diariamente en los principios de la Palabra de Dios y aplicarlos a nuestro diario vivir, y debemos orar cada día pidiendo a Dios que su Santo Espíritu transforme nuestro entendimiento, de manera que verdaderamente lleguemos a tener la mente y el carácter de Cristo.

ORACIÓN:
Padre santo, ante ti pongo mi mente, suplicándote que transformes mi entendimiento para poder discernir espiritualmente todo lo que tú tienes planeado para mí. Que mis pensamientos y mis acciones reflejen la mente y el carácter de Cristo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


lunes, 13 de mayo de 2013

¿TE ESTÁS QUEJANDO MUCHO?



Números 14:1-4
“Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto”.

Después que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto, y al cabo de una larga jornada a través del desierto, llegaron a un lugar cerca de la tierra prometida. Allí Dios le ordenó a Moisés que enviara hombres a reconocer la tierra de Canaán para que se fueran familiarizando con el lugar donde el pueblo de Israel se iba a establecer. Aquellos hombres recorrieron la tierra de Canaán de sur a norte y de este a oeste, tomaron muestras de sus frutos y a los cuarenta días regresaron al punto de partida. Entonces se dirigieron a Moisés y al resto del pueblo con el fin de dar el informe de sus experiencias. Los primeros que hablaron, sin duda reflejando una total falta de fe en Dios, describieron un escenario totalmente pesimista.

El pasaje de hoy nos describe la reacción del pueblo ante este informe. Gritaron, protestaron, lloraron y “se quejaron contra Moisés y contra Aarón”. Y, desde luego, también se quejaron contra Dios y murmuraron contra él, a pesar de todo lo que el Señor había hecho por ellos desde que los sacó de la esclavitud en la que vivían, y a través de la marcha por el desierto, guiándolos, protegiéndolos y supliendo todas sus necesidades. Falta de fe, incredulidad, temor, falta de agradecimiento, todo esto abundaba en medio de aquel pueblo. Sin duda no confiaban en el plan de Dios. Finalmente a algunos se les ocurrió la idea de volver a Egipto, a la esclavitud de la cual por años pidieron a Dios que los librara, y hasta decidieron nombrar a un capitán que los guiara en su viaje de regreso a Egipto, en dirección totalmente opuesta al propósito de Dios. Ellos estuvieron a punto de disfrutar las grandes bendiciones que el Señor tenía preparadas para ellos, pero a causa de su incredulidad y desobediencia, una generación completa nunca llegó a la tierra prometida.

Desafortunadamente la tendencia del ser humano es quejarse ante las dificultades. Si pudiéramos escuchar una grabación de las conversaciones que sostuvimos durante un día cualquiera, nos asombraríamos de lo mucho que refunfuñamos y nos quejamos. Los niños se quejan de la tarea que deben hacer; la mamá se queja de tener que pasar tanto tiempo recogiendo cosas regadas por el resto de la familia; el papá llega a casa y se queja del día de trabajo y hace comentarios muy ásperos sobre su jefe o sus compañeros; nos quejamos del calor, o del frío, o de lo congestionado que está el tráfico. En fin, pasamos una buena parte del tiempo lamentándonos de los inconvenientes, y pasamos por alto muchas bendiciones por las que deberíamos estar agradecidos.

Al igual que aquellos israelitas, los que en la actualidad manifiestan una actitud de disgusto o descontento con lo que tienen, se pierden las bendiciones de Dios y transmiten desaliento a quienes los rodean. Esa actitud es totalmente incompatible con el carácter de Cristo. Jesús aceptó el plan de su Padre, el cual lo llevó hasta el horrible sufrimiento de la cruz del Calvario, sin quejarse, y dispuesto siempre a obedecer. Por eso, después de su resurrección, fue exaltado hasta lo sumo (Filipenses 2:9).

Dios tiene un plan para tu vida, y es un buen plan, dice Jeremías 29:11, pero es muy probable que antes de llegar a tu “tierra prometida” tengas que pasar por algunas dificultades. Confía en el Señor y acepta los inconvenientes sin quejarte como Jesús lo hizo, y al final disfrutarás de preciosas bendiciones. Sigue el consejo del viejo adagio que dice: “En lugar de quejarte porque las rosas tienen espinas, alégrate porque las espinas están cubiertas de rosas” En toda situación, por difícil que parezca, hay algo por lo que dar gracias a Dios.

ORACIÓN:
Padre mío, te suplico perdones mis muchas quejas y lamentos, y me ayudes a aceptar los inconvenientes que encuentre en mi vida sin quejarme, sabiendo que son parte de tu plan para bendecirme. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla



domingo, 12 de mayo de 2013

¿CON QUE FRECUENCIA INVOCAS A NUESTRO SALVADOR?



Salmos 18:3
“Invocaré á Jehová, digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”.

David siempre estuvo resuelto a clamar a Dios en oración. Hagamos lo mismo nosotros también. Algunos no oran a Dios porque son pecadores; pero Jesús murió precisamente por los pecadores. Otros piensan que su caso es demasiado desesperado; pero Jesús dijo que los sanos no tienen necesidad de un médico, sino los enfermos. Y otros no claman a Dios porque ellos han fracasado en la vida; pero en Dios somos más que vencedores.

Hay otros que no claman a Dios porque todo anda bien. Este caso es el más peligroso de todos, cuando crees que puedes vivir en el pecado y te pareciera que Dios te ignora. Si este es tu caso, y sientes que es muy desesperado, te aconsejo entrar a la presencia de Dios por medio de la oración y que continúes así hasta que alcances la paz que viene por su hijo Jesucristo.

Finalmente, Hermano, te animo a que valores el privilegio que Dios nos da de poder ir al trono de su gracia y clamar a él como lo hizo David; así mismo hagámoslo nosotros ahora mismo, con un corazón humilde y quebrantado.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿USAS TU LENGUA PARA BENDECIR O PARA MALDECIR?



Santiago 3:1-10
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”.

¡El que más y el que menos, en ocasiones habla demasiado! ¡Cuánto dolor se causa, cuántos hogares se desintegran, cuántos amigos se apartan, cuántas peleas se incitan por una palabra airada y dicha precipitadamente! Alguien dijo: “Si hablas cuando estás enojado darás el discurso del que más te arrepentirás en tu vida”. El pasaje de hoy nos alerta acerca del uso que damos a nuestra lengua, la cual siendo un miembro pequeño puede hacer grandes cosas. El apóstol Santiago la compara con un fuego pequeño, el cual puede encender un bosque grande y reducirlo a cenizas. También dice que es similar al pequeño timón que controla las grandes naves y las dirige en una dirección determinada. Este poder de la lengua puede ser usado para bien o para mal. “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres”, dice el pasaje de hoy.

Debíamos usar la lengua con más frecuencia para hablar de nuestro Señor Jesucristo y contar a otros del amor y salvación que él nos ofrece. Pero aun en esta noble causa debemos ser muy cuidadosos, pues no todo el mundo está preparado para recibir un mensaje que no está de acuerdo a sus creencias. Romanos 14:1 dice: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”. También el apóstol Pedro en su primera carta escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Es decir, está muy bien que testifiquemos a los demás acerca de nuestro Señor Jesucristo, pero debemos ser muy cuidadosos al hablar.

En su carta a los efesios, Pablo los exhorta a no hablar palabras ofensivas o descompuestas, sino aquellas que den gracia a los oyentes. Dice Efesios 4:29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Y entonces les dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. Este es un consejo muy sabio, pues un corazón lleno de amargura y enojo siempre producirá palabras hirientes e insultantes, porque “de la abundancia del corazón habla la boca”, les dijo Jesús a sus discípulos (Lucas 6:45).

Muchos de los problemas que hemos tenido en el pasado los hemos causado nosotros mismos por haber pronunciado las palabras incorrectas en el momento equivocado. Ponte a pensar en tu propia vida y considera cuánto dolor has causado en el pasado por no haber cerrado tu boca, y simplemente haber abierto tus oídos. Santiago 1:19 dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”. Si seguimos este consejo, con seguridad vamos a evitarnos problemas y, por el contrario, vamos a traer gozo y alegría a aquellos con los que nos relacionamos. Nunca olvides el poder que tiene tu lengua.

ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego limpies mi corazón de toda amargura, ira y maledicencia para que por mi boca no salgan palabras que te deshonren. Que tu Santo Espíritu controle mi lengua, y todo lo que yo hable sirva para dar gracia a los demás. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

jueves, 9 de mayo de 2013

¿CÓMO EVALÚAS TU VIDA ESPIRITUAL?



2 Pedro 1:3-8
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.

Muchas personas que han recibido a Jesucristo como su Salvador, todavía ceden ante las tentaciones del mundo con demasiada frecuencia. La práctica de su fe se convierte en una simple rutina superficial, en lugar de una convicción de corazón y un estilo de vida. Cuando se enfrentan a decisiones en las que están en juego las convicciones y la fidelidad al Señor, estás personas optan por marchar en sentido contrario a la Palabra de Dios porque no han llegado a convencerse de que pueden vivir de la manera que Cristo vivió. Existen varias posibles razones para esta errónea manera de pensar:

Primera. Ignorancia de la palabra de Dios y del poder y la autoridad que él nos da para vivir una auténtica vida cristiana.

Segunda. Piensan que su comportamiento es aceptable porque ven a otros cristianos actuando de la misma manera. El problema es que tienen su vista puesta en los demás, no en Jesucristo.

Tercera. Se resisten al concepto de rendirse completamente al Señor y someterse a su autoridad. De esta manera nunca conocerán el poder del Espíritu Santo para vencer el pecado.

Si tú te identificas con uno o más de estos puntos, empieza por recordar que eres una nueva criatura en Cristo. Así nos dice 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. El pasaje de hoy nos instruye acerca del comportamiento que debe exhibir el creyente que desea llegar a ser “participante de la naturaleza divina”, de acuerdo a las promesas que hemos recibido al aceptar a Cristo como Salvador. Dice que debes “añadir a tu fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”. No es fácil llegar a tener este comportamiento, pero puedes buscar la fuerza para lograrlo en el "divino poder", el Espíritu Santo que vive en ti, para huir de la corrupción de este mundo. Este poder está disponible para todo aquel que ha abierto su corazón a Cristo Jesús. Sólo tienes que decidir usarlo.

¿Quieres vivir una vida de verdadera victoria en Cristo? Comienza haciéndote el firme propósito de leer la Biblia y orar cada día. Si ya lo estás haciendo, entonces trata de aumentar tu tiempo devocional. Si actualmente dedicas 10 o 15 minutos diarios para buscar el rostro del Señor, proponte en tu corazón aumentarlo a 20 o 25 minutos, o quizás media hora, o más si es posible. A medida que pases más tiempo con Dios, sentirás más gozo y paz en tu corazón y te resultará menos difícil rechazar aquellas cosas que, tú sabes, no están de acuerdo a la voluntad del Señor.

Cuando ores, pide a Dios que apague el amor que sientes por las cosas del mundo y lo reemplace con amor por él y su Palabra. Ora como si todo dependiera de tu oración. Ora para que Dios te llene de su Santo Espíritu, y así puedas agradarle en todo lo que hagas. Entonces vas a disfrutar plenamente la vida abundante que Dios tiene para ti.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, por favor quita de mí toda atracción por las cosas del mundo y pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro cada día, y adorarte, y obedecer tu Palabra, y servirte para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿CUÁN LIMPIO ESTÁ TU CORAZÓN?



Salmo 51:6-12
“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”.

Este Salmo lo escribió el rey David después de haber sido confrontado por el profeta Natán en relación al adulterio cometido con Betsabé, y el posterior plan de eliminar a su esposo (2 Samuel capítulo 12). Aquí David expresa su dolor al reconocer que había pecado contra Dios, y entonces derrama su corazón quebrantado y arrepentido. El pasaje de hoy es una súplica al Señor por un corazón limpio y un espíritu recto.

Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador personal, nuestros pecados son lavados por la sangre derramada en la cruz, y somos justificados y tenemos salvación y vida eterna. Pero mientras andamos en este mundo vamos a estar en contacto con la suciedad y la corrupción, y de una manera u otra nos vamos a “contaminar”. Durante el transcurso del día cualquiera podemos albergar en nuestras mentes pensamientos pecaminosos, o hacer comentarios que puedan herir, o podemos actuar de forma inapropiada en algún momento. Es decir, aún siendo salvos no estamos exentos de contaminarnos con la suciedad que nos rodea, y caer en pecado.

Cuando Jesús decidió lavar los pies a sus discípulos (Juan capitulo 13), inicialmente Pedro se negó a aceptar que el Maestro lavara sus pies, y el Señor le dijo: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. No quiso decir Jesús que Pedro no podía ser salvo si él no le lavaba sus pies, sino que la comunión con el Señor sólo podía ser mantenida con la acción continuada de purificación de su vida por la Palabra de Dios. Por eso, cuando Pedro obedeció accediendo a que Jesús le lavara los pies, el Señor le dijo: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. Es decir, “el que está lavado”, el que ha sido regenerado, sólo necesita “lavarse los pies”, o sea sólo tiene que lavarse de la contaminación del pecado. Todos los discípulos, excepto Judas, habían tomado el baño de la regeneración espiritual, ahora solamente necesitaban ser obedientes a las Escrituras para mantener su comunión con Dios.

La Biblia nos habla de purificación por medio del “lavamiento del agua por la palabra” en Efesios 5:26. En el aspecto espiritual, la manera en que nuestros corazones se limpian es a través de la Santa Palabra de Dios. Este es el “detergente espiritual” que nos mantiene limpios. Un corazón debe estar limpio para que la presencia de Dios se manifieste y el Espíritu Santo pueda llevar a cabo su obra. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Dios nos ha dado un manual de instrucciones cuyo fin es mantenernos limpios, revelándonos nuestros pensamientos o nuestra manera de actuar que no están de acuerdo a su voluntad. Cuando esta revelación viene a nuestras vidas, como fue el caso de David a través de la palabra del profeta, y reconocemos nuestros pecados y nos arrepentimos y los confesamos, entonces la limpieza se manifiesta en nuestros corazones, como nos dice 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Cuando hacemos un hábito de la lectura de la Biblia y tenemos un tiempo de oración diariamente; cuando confesamos nuestros pecados y obedecemos las instrucciones del Señor, tendremos un corazón limpio, y sus bendiciones se derramarán sobre nuestras vidas. Así dice Proverbios 22:11: “El que ama la limpieza de corazón, por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey”.

ORACIÓN:
Amante padre celestial, una vez más te doy gracias por el sacrificio de tu Hijo, cuya sangre me ha limpiado de todo pecado. Revélame todo aquello que no está de acuerdo a tu voluntad en mi vida, y dame las fuerzas para rechazar todo lo que impida que yo tenga un corazón limpio y dispuesto a servirte. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORACIÓN



Padre amado, en tu Palabra dejas muy claro que para los que cumplimos tus mandamientos tu eres un Dios que nos ama y nos guía en nuestros pasos, que nos tiendes tu mano para protegernos y enseñarnos. Oh Dios, reconozco que hay tantos obstáculos, tantas distracciones en mi diario vivir, por favor oriéntame y dame señales cuando me este desviando del camino que con tu infinito amor has diseñado para mí. Protégeme de mi arrogancia y de la “inteligencia humana” que me dice que yo defino mi camino. Al estudiar tu Palabra veo claramente que Tú tienes un camino para mí, guíame y ayúdame a ser humilde para caminarlo junto a ti. Permíteme sentir la clase de amor que tu me dices en tu Santa Palabra: que mi amor hacia los demás sea sufrido, benigno; sin envidia, sin jactancia, sin envanecimiento; que no haga lo indebido, que no busque lo mío, que no me irrite, que no guarde rencor; que no me goce de la injusticia, mas me goce de la verdad. Que mi amor sea del que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Que mi amor nunca deje de ser. En el nombre de Jesús, Amen.


“Gracia y Paz a Todos”

¿AMAS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO?



Gálatas 5:14
“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Todos los mandamientos se pueden resumir si tan solo obedecemos este mandamiento, porque el amor verdadero produce acción. La fe sin obras es muerta; es puro sentimiento. El verdadero amor se manifiesta en los hechos, y es posible solamente si nos sometemos a Cristo y dejamos que El Espíritu Santo haga su voluntad en nuestras vidas. Tal amor no tiene necesidad de mandamientos, amenazas ni galardones. Este amor cumple la ley.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¡CLARO QUE HAY ESPERANZA!



1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios".

A través de toda la Biblia hay muchos pasajes que pueden ser mal interpretados o quizás llevados a extremos en su interpretación. Muchos creyentes se exceden en su celo religioso y muchas veces se basan en pasajes como el de hoy, fundamentalmente los dos primeros versículos, para condenar a aquellos que ellos consideran hacedores de maldad, proclamando con sus propias palabras algo así como: “Ustedes están condenados, y no tienen ninguna esperanza”. Sin embargo, sí existe una esperanza para aquellos que necesitan un cambio en sus vidas. Esta esperanza es Cristo Jesús. El último versículo del pasaje de hoy (v.11) dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.

La Biblia dice que todos somos pecadores (Romanos 3:23). No hay ninguna excepción, pero en Cristo Jesús hay esperanza de una eternidad libre de pecado y condenación. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador somos lavados, somos perdonados, somos justificados por medio de la sangre redentora del Cordero de Dios. Por lo tanto, aquellos que piensan que han hecho demasiadas cosas terribles para ser perdonados por Dios, presten atención a esto: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2). No existe una ofensa o un pecado tan grande que no pueda ser cubierto por Su sangre. Este es un poderoso mensaje de esperanza para el mundo.

Cuando los escribas y los fariseos trajeron delante de Jesús a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio (Juan capitulo 8), para ella no había ninguna esperanza pues, según la ley, debía morir apedreada. Y estos judíos, con el fin de tentar a Jesús para poder acusarle, le dijeron: “Tú, pues, ¿qué dices?” (v.5). Y Jesús les contestó: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Y dice la Biblia que ellos, “al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.” Entonces Jesús le dijo a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (v.10-11) ¡Qué experiencia tan maravillosa vivió aquella mujer! No tenía ninguna esperanza, y se encontró frente a frente con el Hijo de Dios, el cual en su infinita gracia y misericordia perdonó su pecado, y le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Allí Jesús manifestó su amor y su perdón, pero además expresó claramente la necesidad de un cambio en la vida de ella: “No peques más”, le dijo. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo expresa este cambio en la vida de aquellos a quienes escribe de la siguiente manera: “Y esto erais algunos”.

¿Conoces a alguien que necesita este mensaje de esperanza en el día de hoy? ¿Sabes si esta persona conoce el poder redentor y restaurador de la sangre de Cristo? Hazte el propósito de compartir este mensaje con alguien, ya sea en tu centro de trabajo, entre tus vecinos o familiares, en el mercado o en cualquier lugar en que te encuentres. No existe un sentimiento más reconfortante que guiar a un inconverso al conocimiento de Aquel que dio su vida por la redención de nuestros pecados, y mostrarle que no todo está perdido, que hay esperanza de perdón y un cambio muy grande en su vida.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el mensaje de esperanza que nace del sacrificio de tu Hijo. Te ruego me capacites para transmitir a todos aquellos que viven sin una esperanza, las buenas nuevas de salvación a través de ese sacrificio. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

martes, 7 de mayo de 2013

NO HAY JUSTO... NI AÚN UNO



Romanos 3:10-12
“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Todos decimos que somos pecadores cuando se trata el asunto en términos generales, y lo aplicamos colectivamente, pero a la hora de la verdad, cuando cada quien piensa en sí mismo, son pocos los que aceptan realmente que en ellos no hay nada bueno. Si así no fuera no habría tanto problema entre la gente, tantos altercados, tanta violencia, tanto afán de autojustificación,  cada cual está constantemente defendiéndose... "Yo estoy bien; el que está mal eres tu".

En una de sus salidas, Jesús se encontró en el camino con un joven, quien le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (Marcos 10:17-18). Si Jesús mismo no se consideró bueno... ¿cómo seremos nosotros?. Fue por esa razón que Jesús vino al mundo, para salvar a los pecadores.

“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido" (Lucas 18:10-14).


“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas