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martes, 15 de agosto de 2017

1 Crónicas 16:34


¿Sabes cuáles deberían de ser las palabras claves en nuestra vida?

Hay dos palabras claves en la vida del cristiano. Son: “por favor” y “muchas gracias”. Estas palabras denotan a una persona que es inclinada a hacer el bien a su prójimo y reconocer lo bueno que es nuestro Dios. Al considerar su bondad podemos encontrar un motivo más para agradecerle y esta bondad se refleja al menos en tres aspectos.

En primer lugar dar gracias por su constante provisión en nuestro hogar, siendo Él nuestro proveedor. La segunda razón es su permanente protección, ya que vivimos en un mundo violento, injusto, plagado de enfermedades y gente perversa. Pero su mano está con nosotros. En tercer lugar, su eterna bondad, se refleja en la promesa de darnos la salvación eterna. Si realmente nos damos cuenta de la importancia de recibir la Salvación, nos daremos cuenta que hay motivos más que suficientes para ser agradecidos usando cada día las palabras mágicas de nuestra vida en Jesucristo.

“Aclamad al Señor, porque él es bueno, porque su misericordia es eterna” (1 Crónicas 16:34).


¡Gracia y Paz!

Pan de Vida

jueves, 2 de marzo de 2017

Éxodo 20:12



Éxodo 20:12
"Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da".

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Lucas 17:15-16


Lucas 17:15-16
“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano”

Todos recibimos dádivas de parte de Dios y no obstante muchos le mostramos indiferencia e ingratitud, o simplemente nos vamos contentos con lo que recibimos.

Hoy vayamos ante su presencia con la misma actitud de este hombre que recibió un milagro en su vida, glorifícandolo y póstrandonos ante Él, agradeciendo por lo que hace cada día por nosotros.


"Gracia y Paz"

Miguel Ángel Veizaga


jueves, 4 de agosto de 2016

Efesios 5:20



Efesios 5:20
"Dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre";

jueves, 28 de julio de 2016

Deuteronomio 8:10



Deuteronomio 8:10

"Y comerás y te saciarás, y bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que te habrá dado". 

miércoles, 20 de julio de 2016

1 Tesalonicenses 5:18



Comienza desde hoy a practicar un actitud de agradecimiento primero a Dios y luego a la gente (Padres, maestros, pastores, hijos, familiares, compañeros de trabajo y a todas aquellas personas que hacen algo por ti y descubrirás que una nueva luz iluminará tu sendero.

“Dad gracias en todo porque esta es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:18.

miércoles, 13 de abril de 2016

LA GRATITUD DA SENTIDO A NUESTRO PASADO, TRAE PAZ AL PRESENTE Y CREA UNA VISIÓN PARA EL MAÑANA



Debido a la naturaleza humana, nuestra gratitud crece en los buenos tiempos, y disminuye en los malos. Entonces, ¿cómo podríamos obedecer este mandato de la Palabra de Dios? LA CLAVE ES APRENDER A ACTUAR CON NUESTRA NATURALEZA ESPIRITUAL EN VEZ DE HACERLO CON LA NATURALEZA HUMANA. Todo depende de nuestra fe y nuestra confianza en Dios. Si estamos seguros de que Dios está en control de todas las circunstancias, que nada en esta vida sucede sin que él lo permita y además que “todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios”, entonces nos resultará mucho más fácil dar gracias aunque las circunstancias que nos rodean sean negativas. Si mientras estamos bajo los efectos de la gripe pensamos que al quedarnos en cama Dios puede estarnos librando de un terrible accidente en la calle, podremos decir: “Gracias, Señor por tu protección”.  

¡Gracia y Paz!

¿ERES AGRADECIDO EN TODO?



1 Tesalonicenses 5:18
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”

Dar gracias es algo que surge espontáneamente de nosotros cuando recibimos algún beneficio, ya sea que alguien nos preste un servicio, o cuando nos hacen un regalo, o cuando recibimos un elogio o cualquier otra cosa que nos agrada. Siempre que haya un mínimo de educación, no resulta difícil expresar agradecimiento en esas circunstancias. Es algo natural en el ser humano reaccionar de esta manera.

En general no tenemos problemas para dar gracias a Dios por las cosas buenas que llegan a nuestras vidas. Pero lo que Dios nos está diciendo por medio de la escritura de hoy, muchas veces nos resulta sumamente difícil pues va en contra de todo principio natural humano. ¡Realmente parece imposible! ¿Y por qué debemos dar gracias “en todo”? ¿Por qué el Señor no dijo: “Den gracias cada vez que puedan” o simplemente "Den gracias solamente por todo lo bueno”?, NO, él dijo: ¡Den gracias en TODO!

Es fácil dar gracias a Dios por un nuevo empleo, pero es difícil alabarlo cuando lo perdemos. Ser agradecido a Dios es fácil cuando nuestros hijos son obedientes, pero casi imposible cuando están fuera de control. Si gozamos de buena salud, decimos “Gracias, Dios mío” con gran facilidad, pero ¡qué difícil es hacerlo cuando nos sentimos enfermos! Si tenemos gripe, dolor de cabeza, dolores en los huesos, nauseas, malestar general, es prácticamente imposible decir: “Gracias, Dios mío”. ¿Cierto?

Debido a la naturaleza humana, nuestra gratitud crece en los buenos tiempos, y disminuye en los malos. Entonces, ¿cómo podríamos obedecer este mandato de la Palabra de Dios? La clave es aprender a actuar con nuestra naturaleza espiritual en vez de hacerlo con la naturaleza humana. Todo depende de nuestra fe y nuestra confianza en Dios. Si estamos seguros de que Dios está en control de todas las circunstancias, que nada en esta vida sucede sin que él lo permita y además que “todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios”, entonces nos resultará mucho más fácil dar gracias aunque las circunstancias que nos rodean sean negativas. Si mientras estamos bajo los efectos de la gripe pensamos que al quedarnos en cama Dios puede estarnos librando de un terrible accidente en la calle, podremos decir: “Gracias, Señor por tu protección”.

Si pensamos de esta manera podremos actuar con agradecimiento aun en medio de cualquier prueba por dura que esta sea. Nuestro amado Padre nos pide que hagamos algo aún más difícil. Dice en Santiago 1:2: “...tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas...” Esto parece algo aún más imposible de lograr. Pero no hay nada, absolutamente nada que Dios nos pide que hagamos en su palabra que no podamos lograrlo con su ayuda. Cuando alabamos a Dios, incluso en los tiempos difíciles, suceden dos cosas importantes dentro de nosotros. Primero, permitimos que se manifieste en nuestras vidas la presencia de Cristo, quien sufrió lo máximo por obediencia al Padre. Segundo, manifestamos con hechos nuestra dependencia de Dios y nuestra absoluta confianza de que todo lo que está sucediendo es su voluntad, y es para nuestro bien. Así dijo el Señor por medio del profeta Jeremías: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza” (Jeremías 29:11).

Nuestra parte en este proceso es confiar en nuestro Padre celestial, en su poder, su amor y su fidelidad. Él no nos abandonará nunca y si nos mantenemos firmes en la fe, al final de la prueba recibiremos su recompensa, de la misma manera que, después de su muerte y resurrección, Jesucristo fue exaltado “hasta lo sumo”, dice Filipenses 2:9. Cuando confiamos de esta manera, podremos dar “gracias en todo”.

Oración:
Padre santo, gracias por todo lo que permites que suceda en mi vida. Por favor aumenta mi fe y ayúdame a ser agradecido por todo, ya se bueno o ya sea malo, pues sé muy bien que tu santa Palabra dice que “para los que te amamos, todas las cosas nos ayudan a bien”: además, creo que tú siempre tienes un buen propósito para mí, y puedes usar cualquier circunstancia para llevarlo a cabo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 17 de junio de 2014

¿ERES AGRADECIDO CON EL SEÑOR?



¿Eres agradecido con el Señor?

Lucas 17:11-19
“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”.

Para entender bien lo que este pasaje nos narra, tenemos que pensar en la vida que aquellos leprosos llevaban. En primer lugar no existía cura para esta enfermedad, y además era muy contagiosa. Por eso estas personas eran forzadas a vivir fuera de la villa o aldea. La ley requería que se mantuviesen a distancia de las demás personas, y cuando el viento soplaba del leproso hacia la persona sana la ley establecía que la distancia debía ser por lo menos de ciento cincuenta pies. Eran víctimas del rechazo de la sociedad en que vivían. Ni siquiera podían acercarse a sus familias, a sus hijos, a sus amistades. ¡Qué vida tan terrible!

Aquellos hombres clamaron a Jesús desesperadamente, y a distancia le gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” Jesús tuvo misericordia de ellos y los sanó. Y en el mismo instante en que la lepra desapareció, nueve de ellos, ansiosos por ser declarados limpios y por lo tanto volver a ser aceptados por la sociedad, continuaron su camino para mostrarles a los sacerdotes que ya ellos eran sanos y que podían vivir una vida normal. Ni siquiera les pasó por la mente aquel que había hecho tan precioso milagro en sus vidas. Sin duda sus pensamientos estaban concentrados en su propio beneficio y en su corazón no había una pizca de agradecimiento. Sólo uno de ellos volvió a donde estaba Jesús, y “se postró rostro en tierra a sus pies, dándole las gracias”. Entonces Jesús le pregunta: “¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?” Casi podemos percibir la tristeza en estas palabras del Señor. Por último le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. No sólo fue aquel hombre sanado de su enfermedad, sino que su agradecimiento le llevó a recibir del Señor el regalo más precioso que un ser humano pueda recibir: la salvación de su alma.

De diez leprosos sólo uno mostró gratitud. El mínimo posible. Pero esto no debe extrañarnos. La falta de agradecimiento forma parte de la naturaleza humana. En sentido general todos somos malagradecidos en mayor o menor grado. ¿Cuántos de nosotros tomamos cada día unos minutos para decirle a Dios: gracias por mi vida, gracias por mi salud, gracias por mi trabajo, gracias por mi familia, gracias por tu provisión, en fin, gracias por todas las bendiciones recibidas día tras día?

En esta vida nos suceden muchas cosas contrarias a como deseábamos, como suponíamos, o como teníamos previsto, pero en todos los casos debemos dar gracias a Dios, pues sus planes para sus hijos son “planes de bienestar y no de calamidad”, dice Jeremías 29:11. Aun en los malos momentos por los que a veces pasamos debemos ser agradecidos ya que ellos son usados por el Señor para moldear nuestro carácter y mover las circunstancias para un final favorable a nosotros.

A Dios le agrada que seamos agradecidos. 1 Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Demos gracias al Señor cada mañana al despertar, gracias por el alimento de cada día, gracias porque podemos llamarle “Padre nuestro”, gracias porque él conoce nuestras necesidades y las suple “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Recordemos cada día el sacrificio de Jesús en la cruz que nos ha dado vida eterna, y la infinita misericordia de Dios. Y seamos agradecidos.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi ingratitud, y me ayudes a vivir consiente de todas las bendiciones que recibo diariamente. Y que de mi corazón salga un constante agradecimiento que llegue hasta tu trono de gracia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 2 de mayo de 2014

¡AGRADÉCELE A DIOS EL MILAGRO DE LA VIDA QUE TE HA DADO HOY!


¡Agradécele a Dios el milagro de la vida que te ha dado hoy!

Juan 20:31
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”

El mismo Jesús que convirtió el agua en vino puede transformar tu hogar, tu vida, tu familia, y tu futuro. Este mismo Jesús aún está activo en el negocio de los milagros. Y su negocio es el negocio de la transformación. Y cuando nosotros creemos que Jesús es el Cristo, recibiremos vida a través de su nombre.

Piensa: La naturaleza nos forma, el pecado nos deforma, la penitenciaría nos reforma, la educación nos informa, el mundo nos conforma, pero sólo Jesús nos transforma.

Si tu confianza hoy está depositada en Jesús, ¿qué es lo que estás esperando más de Él? ¿un milagro? ¡El aliento que tienes en este momento es un milagro! Agradécele a Dios el milagro de la vida que te ha dado hoy.


“Gracia y Paz”

viernes, 25 de abril de 2014

¿Das gracias a Dios por los alimentos?





¿Das gracias a Dios por los alimentos?

1 Timoteo 4:1-5
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”.

El pasaje de hoy es parte de la primera carta que el apóstol Pablo escribió a su hijo espiritual Timoteo. Aquí él envía a la Iglesia una enérgica advertencia contra falsos maestros que, “escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”, prohibían casarse y consumir ciertos alimentos que, según ellos, satisfacían el cuerpo pero afectaban negativamente el espíritu. Pablo se muestra totalmente en contra de esta falsa doctrina, pues “todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias”. El énfasis está precisamente en reconocer que Dios es nuestro proveedor y darle gracias a él por su provisión. Lamentablemente hay una gran cantidad de familias cristianas que se sientan a la mesa, y no dedican siquiera un minuto para darle gracias al Señor por los alimentos que están a punto de ingerir.

Una pequeña historia nos habla de un niño que un día fue invitado a cenar en casa de un amiguito. Cuando el pequeño se sentó a la mesa, como era la costumbre en su hogar, inclinó la cabeza y esperó que alguien diese gracias por los alimentos. Sin embargo, las demás personas que estaban a la mesa comenzaron a servirse la comida. El niño levantó la cabeza y, mostrando la inocencia propia de su edad, dijo: “Ustedes son iguales que mi perro. Empiezan a comer enseguida”. Resulta gracioso imaginar la cara que pusieron los presentes ante esta expresión del niño, pero es una triste realidad que está sucediendo no sólo en el mundo sino también en la Iglesia de Cristo. A la mayoría de los cristianos no les resulta fácil vivir consientes de que los alimentos y todo lo demás que tenemos son un regalo de Dios, y que a él debemos darle gracias.

Esta actitud refleja el mismo problema que Pablo destacó en su carta a los Romanos al referirse al pecado de ingratitud entre los gentiles. Dice Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. Aquellos que han conocido al Señor y saben que nuestro pan de cada día procede no del mercado, sino en realidad de la gracia y el amor de nuestro Padre y no le dan gracias están actuando de esta manera, la cual no glorifica el nombre de Dios.

Jesús nos dio un buen ejemplo mientras celebraba la última cena con sus discípulos pocas horas antes de su muerte en la cruz. El apóstol Pablo describe este momento en su primera carta a los Corintios capítulo 11, versículos 23 y 24: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí”. Si Jesús solía dar gracias al Padre por los alimentos, ¿no crees que nosotros debíamos seguir su ejemplo? Sin embargo, muchas veces actuamos de manera similar al pueblo de Israel a quien Dios proveyó del maná o “pan del cielo” diariamente mientras cruzaban el desierto, y no lo agradecieron sino más bien se quejaban constantemente.

En 1 Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Ciertamente debemos agradecer a Dios por todas sus bendiciones y por su amor y su misericordia. Y cuando vemos en la televisión y en los periódicos la miseria en la que viven y el hambre que están pasando millones y millones de personas alrededor del mundo, deberíamos sentir en nuestros corazones el deseo de agradecer a Dios por su provisión diaria de alimentos.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por tu amor y por tu provisión diaria, tanto en el área de los alimentos como en todos los demás aspectos de mi vida. Por favor, ayúdame a reconocer que todo lo que tengo lo debo a tu amor infinito, y a expresarte mi agradecimiento siempre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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jueves, 28 de noviembre de 2013

¿TIENES TU UN ESPÍRITU AGRADECIDO, O DICES “GRACIAS” SOLO CUANDO LAS COSAS SALEN COMO TU QUIERES?


Colosenses 2:6-8
“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”.

El significado del Día de Acción de Gracias ha cambiado con los años. El nombre fue dado originalmente a la festividad estadounidense para dar gracias a Dios por su protección y provisión. Sin embargo, más recientemente se ha convertido en sinónimo de comida, deporte y familia. En la mayoría de los hogares, Dios probablemente ni siquiera es mencionado. Pero, para los creyentes, la Acción de Gracias no es simplemente una celebración anual; es un estilo de vida. De hecho, el creyente debe caracterizarse por la gratitud.

El apóstol Pablo nos enseña cómo ser personas con una gratitud rebosante en cualquier circunstancia. El primer paso es valorar nuestra relación con Cristo. Él escogió a cada creyente antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4) y quiere que andemos en Él (Colosenses 2:6). Esto significa reconocer a Jesús como el Señor de nuestra vida, y confiar en que Él nos dará el poder para obedecer.

Debemos estar arraigados firmemente en el Señor mediante su Palabra, para ser como un árbol cuyas raíces son tan profundas que ni siquiera las tormentas pueden derribarlo. Con este fundamento, podemos ser edificados en Cristo y mostrar cada vez más su carácter mediante nuestra actitud, conducta y conversación. Por último, nuestra fe debe estar establecida firmemente. Así no seremos confundidos por filosofías mundanas.

¿Tienes tu un espíritu agradecido, o dices “gracias” solo cuando las cosas salen como tu quieres? La gratitud en todas las situaciones es posible cuando nos enfocamos en las verdades y las promesas de la Palabra de Dios.

“Gracia y Paz”

Meditación Diaria

miércoles, 27 de noviembre de 2013

HAY TANTO PORQUE ESTAR AGRADECIDO



1 Tesalonicenses 5:18
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

La gratitud por lo que Dios nos ha dado puede cambiar la perspectiva de nuestras vidas. Se puede decir que la acción de dar gracias es el lema de los que adoran a Dios y el aseguramiento de los que están concientes de ser amados por Dios.

Leemos en Salmos 111:1: “Alabaré a Jehová con todo el corazón”. Alabar y dar gracias es lo esencial para una vida feliz porque si no estamos agradecidos, no importará lo que tengamos, jamás estaremos satisfechos o felices.

Salmos 100:4 dice: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle bendecid su nombre”. 

Agradecer a Dios es otro privilegio que tenemos los hijos de Dios. No sólo debemos alabar a Dios y bendecir Su Santo Nombre, sino también debemos tener una actitud de humildad y reconocer Su bondad en un acto de acción de gracias.

La idea que nos expresa David en este Salmo, es que para entrar en una relación personal con el Rey, necesitamos ir más allá de Sus atrios. Para hacer esto, es necesario en primer lugar alabarle y bendecirle de una manera genuina y alegre y yendo un paso adelante es la intimidad en la cual entramos cuando damos gracias. 

Darle gracias a Dios es reconocer Su grandeza, Su poder, Su suficiencia; y nuestra debilidad. En realidad son muy pocos los que se vuelven a darle gracias a Dios, en comparación con aquellos que Le buscan solamente para hacer sus peticiones. 

Demos dar gracias a Dios hoy y siempre, pues este es un antídoto contra la depresión, la duda y la derrota. 

Oración:
Señor, Gracias por la vida que me das y por tu provisión. Reconozco tu grandeza, reconozco Tu poder. Señor sin Ti mi vida no tendría sentido, gracias porque todo lo que permites y haces en mi vida tiene propósito. Gracias porque en tus manos estoy sostenido, ayúdame en este paso por la vida a confiar más en Ti. Gracias porque en Ti soy salvo, sano y libre. Te amo Señor. En el nombre de Jesucristo. Amen. 

Colosenses 2:6-7
“Por tanto, de la manera que recibisteis al Señor Jesucristo, andad así en él, arraigados y sobreedificados en él, y consolidados en la fe, así como fuisteis enseñados, abundando en acciones de gracias”.

Durante esta época del año y siempre, que la acción de gracias resida en nuestros corazones al dar toda alabanza y gloria a Dios a través de Jesús, nuestro Redentor.


“Gracia y Paz”


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viernes, 9 de agosto de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS



En la Biblia encontramos incontables ocasiones en las que Dios nos invita a ser agradecidos con ÉL. He aquí solo algunos versículos relacionados con la Acción de Gracias. Le pido a nuestro Eterno Dios que éstos nos ayuden a reflexionar sobre las muchas razones por las que tenemos que darle gracias cada día.

Deuteronomio 8:10 
"Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado"

Salmo 100:4 
"Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre"

Salmo 107:22 
"Ofrezcan sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo"

Colosenses 1:12 
"...con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz..."

Colosenses 3:15 
"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos"

1 Tesalonicenses 5:18 
"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús"



“Gracia y Paz”

martes, 11 de septiembre de 2012

1 Tesalonicenses 5:18




1 Tesalonicenses 5:18.
“Den gracias a Dios por todo...”

¿Dar gracias también por las pruebas y los fracasos? Sé que no es fácil ver cuál es la bendición de que pierdas tu empleo, o que estés padeciendo de una grave enfermedad, sin embargo, Dios permite que en ocasiones experimentes pruebas y fracasos porque al final serán una bendición para tu vida.

Toma por ejemplo el caso del profeta Daniel. Cada prueba difícil que le tocó enfrentar al final resultó siendo una bendición. De hecho, quizás nunca habríamos sabido de Daniel si no hubiera sido llevado cautivo a Babilonia.

¿Puedes imaginar lo mal que se habrán sentido Daniel y sus tres amigos mientras eran llevados cautivos a tierra extraña? Por su mente no pasaba la idea de que Dios usaría esa circunstancia como el medio para bendecirlos.

Luego enfrentarían otra difícil prueba: comer los alimentos de la dieta babilónica y contaminarse, o rechazarlos y enfrentar la posibilidad de morir por desobedecer el mandato del rey. Ya sabemos que no se contaminaron. Pero esta prueba sirvió para que Nabucodonosor los conociera y para colocar en alto el nombre de Dios (ver Dan. 1:17-21).

En otra ocasión, cuando los sabios del reino no pudieron adivinar el sueño de Nabucodonosor, la vida de Daniel y sus amigos corrió peligro nuevamente, pero esta prueba también sirvió para que Daniel fuera nombrado para su elevada magistratura y, por supuesto, para glorificar a Dios (cap. 2). Algo similar ocurrió cuando Ananías, Misael y Azarías enfrentaron la prueba del horno de fuego (cap. 3); y cuando el mismo Daniel fue milagrosamente librado de una muerte segura en el foso de los leones (cap. 6).

¿Conclusión? Dios tiene poder para transformar nuestros fracasos en victorias, y para convertir nuestra tristezas en gozo.

Si has tenido un fracaso reciente, recuerda que Dios tiene poder para convertir la maldición en bendición. Si una puerta se cerró hoy, Dios abrirá otra mañana. Si hoy la pareja de tus sueños te dio la espalda, mañana Dios proveerá una mejor. Si por ser fiel a tus principios perdiste hoy algo valioso, mañana él te convertirá en triunfador. Esta es su promesa: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Sal. 126:5).

Gracias, Señor, porque dispones todas las cosas para el bien de quienes te aman.

“Gracia y Paz”
Meditaciones Vespertinas