jueves, 2 de marzo de 2017
Éxodo 20:12
Éxodo 20:12
"Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da".
martes, 28 de febrero de 2017
lunes, 27 de febrero de 2017
Gálatas 1:8-9 (DHH)
“Pero si alguien les anuncia un evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, que caiga sobre él la maldición de Dios, no importa si se trata de mí mismo o de un ángel venido del cielo. Lo he dicho antes y ahora lo repito: Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que ya recibieron, que caiga sobre él la maldición de Dios”.
viernes, 24 de febrero de 2017
LAS HIJAS DE ZELOFEHAD
cinco hermanas que
cambiaron el mundo de las mujeres
Sus nombres son
definitivamente desconocidos: Maala,
Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Lo que hicieron, ocho siglos antes de la
fundación de Roma, se ha perdido en gran parte en las memorias del tiempo. Pero
toda mujer tiene con ellas una deuda de gratitud. Y también todo abogado. Los
nombres pertenecen a las hijas de Zelofehad; eran cinco jóvenes que, de haber
vivido hoy, habrían tenido la edad suficiente para ser estudiantes
universitarias de leyes. Pero, en su época, y en el Cercano Oriente, las
mujeres tenían pocas libertades, y menos aún la de opinar sobre su futuro.
Afortunadamente, eso no les
impidió desafiar las leyes de su cultura, sin faltar al mismo tiempo a los
principios de su fe. Al hacerlo, se hicieron acreedoras de una increíble
victoria en cuanto a los derechos de las mujeres, y hoy nos ofrecen el
inspirador ejemplo de una gran valentía.
Su historia se encuentra en el
Libro de Números. Su padre, Zelofehad, de la familia de Manasés, había muerto
en el desierto, y gracias a que no fueron parte de la compañía de Coré, que se
había rebelado contra Moisés, sus hijos tenían derecho a su herencia. Pero
había un problema: Zelofehad no tenía un hijo varón que pudiera reclamar la
herencia, sino únicamente sus hijas, que no tenían absolutamente ningún
derechos de propiedad bajo las costumbres existentes.
Al ver que esto era injusto,
las jóvenes se unieron y valientemente dijeron que tenían derecho a lo que su
padre había dejado. Esto sucedió en un momento clave de la historia de Israel.
El pueblo se preparaba para entrar a la Tierra Prometida y, por consiguiente,
se encomendó un censo para distribuir correctamente la nueva tierra entre
quienes habían cruzado el Jordán. Las hijas de Zelofehad habían sido contadas
entre las personas de su tribu que debían tener por lo menos 20 años de edad en
el momento de repartir la tierra. Estas mujeres fueron lo suficientemente
sabias como para reconocer que era el momento ideal para dar la batalla; de lo
contrario, se arriesgaban a perder toda oportunidad de recibir la herencia que
había dejado su padre a sus hijos.
Una bendición nunca antes vista.
Las jóvenes hicieron algo
inédito: fueron directamente a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la
congregación para presentar su caso públicamente: "¿Por qué será quitado el
nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos
heredad entre los hermanos de nuestro padre" (Números 27:4). Su
petición no tenía precedentes; era una acción muy arriesgada.
¿Puede usted imaginar la
escena? Debieron de haber soportado muchas burlas, e incluso haberle causado
consternación a los israelitas de la "vieja escuela" que creían que
las mujeres, especialmente si eran tan jóvenes, debían simplemente ocupar su
puesto y permanecer calladas. Y hasta es posible que algunos interpretaran su
acción como una “afrenta” al Todopoderoso y a las leyes que Él había dado con
tanto detalle.
Moisés debió de haberse dado
cuenta de esto, pero conocía también la solución. Llevó el caso de las mujeres
al Señor, un Dios justo y recto. Y el Juez supremo dio rápidamente Su
veredicto: "Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una
heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a
ellas" (Números 27:7). La resolución de Dios fue en favor de las
hermanas. La ley fue reescrita, y las mujeres tuvieron derechos legales de
propiedad por primera vez. Después, el caso fue ampliado para incluir otras
instancias, como cuando el muerto no tenía hermanos varones ni hijos
sobrevivientes.
Ésta es una de las demandas
más antiguas registradas. En los tiempos modernos, ha sido utilizada por
abogados y juristas como precedente, y sigue siendo aceptada como el caso más
antiguo juzgado. De hecho, un artículo de la Revista del Colegio de Abogados de
los Estados Unidos de América, escrito por Henry C. Clark, en 1924, se refiere
a la decisión, llamándola una sentencia "de enorme significado". La
sentencia o decreto se aplicó a todas las doce tribus, y modificó su mismísima
constitución de gobierno. La política fundamental del estado fue cambiada.
Antes, en ausencia de descendientes varones, una familia se extinguía y las
hijas quedaban sin un centavo, pero ahora ellas podían preservar el nombre de
la familia y recibir la herencia". En su libro All of the Women of the
Bible (Todas las mujeres de la Biblia), Edith Deen lo resume de esta manera:
"Hasta ese momento, las mujeres no tenían derechos de propiedad. Ésta es
la razón por la que los hombres deseaban siempre tener un hijo varón. Pero
ahora las mujeres eran consideradas seres humanos con iguales derechos de
propiedad, al igual que los hombres".
Un precedente para los demás.
La valiente acción de Maala,
Noa, Hogla, Milca y Tirsa muestra el impacto que puede tener la valentía, no
sólo en su vida, sino también en la vida de los demás, incluso de las
generaciones futuras. También ha sido un modelo para otras mujeres con nombres
igualmente desconocidos, que sintieron que Dios las estaba dirigiendo a retar
el "status quo" de su tiempo —por ejemplo en el mundo de las
publicaciones, el trabajo misionero y el ministerio carcelario.
En Bay Colony, Massachussets,
Anne Bradstreet perdió su casa en un incendio, vio morir a su hija de cuatro
años, y estuvo separada de su esposo, Simon, durante largos períodos de tiempo
cuando éste tenía que viajar a Inglaterra por razones de servicio. Sin embargo,
estas experiencias, y la fe en Dios que éstas le inspiraron, fueron expresadas
en sus poemas que finalmente fueron publicados como The Tenth Muse (La décima
musa) y que se convirtió en el primer volumen de imperecedera poesía en lengua
inglesa jamás producido por una mujer.
En las iglesias del siglo 19
había una intensa oposición a que las mujeres fueran misioneras. Pero Sarah
Doremus fundó la Sociedad Misionera de la Unión de Mujeres de los Estados
Unidos de América, que derribó esas barreras. Además de criar a ocho hijos,
Sarah dirigió una organización para reintegrar a la sociedad a las ex
presidiarias, creó un programa de ayuda a los cristianos griegos oprimidos por
los musulmanes turcos, y ayudó a crear dos hospitales en el estado de Nueva
York, uno para niños y otro para mujeres.
En 1896, el director de la
cárcel de Sing Sing, en Ossining, Nueva York, invitó a Maud Booth a hablar a
los presos. Ésta les dijo, valientemente: "No he venido aquí para evitar
que paguen el castigo merecido por sus delitos; tomen su medicina como
verdaderos hombres. Cuando hayan pagado su condena, los ayudaré. Me ocuparé de
su salud. Les conseguiré trabajo. Pero, sobre todo, confiaré en ustedes. Y
también dependerá de ustedes que yo lo siga haciendo o no". Ese día, cinco
reclusos decidieron seguir a Cristo. Al final de ese año, Maud creó la
"Liga de voluntarios carcelarios". Desde 1923, 100.000 presos se han
inscrito en este programa. Maud estableció las "Casas de esperanza"
en toda la nación para facilitar el reingreso de los ex convictos a la sociedad.
Gracias a sus esfuerzos, Voluntarios de América y otras organizaciones hicieron
lo mismo para lograr reformas penitenciarias en el siglo 20.
¿Qué acción valiente le está
pidiendo el Señor a usted? Puede que no sea desafiar las costumbres
establecidas o iniciar un gran ministerio cristiano. Pudiera ser tan sencillo y
tan importante como testificar de Cristo a un vecino, confrontar a un ser amado
en cuanto a un problema de relación, o comenzar una nueva actividad económica.
Sea lo que sea, siga el valiente ejemplo de las hijas de Zelofehad y de sus
seguidoras modernas.
¡Gracia y Paz!
Adam Colwell
Salmo 138:8
“El Señor cumplirá en mí su
propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡No abandones la obra de
tus manos!” (Salmo 138:8).
Que combinación tan grande hay
en este precioso salmo, para nuestro caminar en Cristo. En primer lugar existe
la confianza: El Señor completara su obra en mí (Filipenses 1:6). En segundo
lugar, está la promesa: El amor del Señor perdura para siempre y no falla (1
Corintios 13:8). Finalmente, está la súplica: O Señor, no te olvides de mí, tu
creación.
Oración:
Padre Celestial, yo confió que
lograras tu voluntad y propósito en mí vida. Al ver tantas historias en las
Escrituras, de gente común como yo, a la que has amado y obrado en sus vidas, estoy
convencido que tu amor seguirá mucho después de que yo deje de existir. Sin
embargo, Amado Señor, ahora mismo tengo muchas dificultades y pido que
intervengas con tu gracia y poder en mi vida. En el nombre de Jesús, Amen.
¡Gracia y Paz!
La Luz del Alma
jueves, 23 de febrero de 2017
ANA, LA PROFETISA
El libro de Lucas, en el
capítulo 2 del versículo 36 al 38, nos habla de una mujer viuda llamada
Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. El nombre Ana
significa “favor o Gracia”. Esta mujer visitaba cada día el Templo,
servía en él noche y día y hacía oraciones y ayunos.
Lucas nos dice que Ana era una
mujer joven, que estuvo casada solo 7 años y que enviudó a una edad muy
temprana. La Biblia no lo aclara, pero quizá no tenía hijos. En medio
de esa crisis, de ese dolor, y de tanta soledad ella decide servir a
Dios con fidelidad. Es elogiable la decisión de ésta mujer; una mujer con
carácter firme y gran fortaleza, que a pesar del sufrimiento que
estaba pasando y de la circunstancia que le había tocado vivir, no renegaba de
su fe. Al contrario se fortalecía aún más en su Dios. Dedica sus días al
servicio en el templo, a la oración y al ayuno.
Un ejemplo digno de imitar,
con lo que a veces pienso que cómo haría para vivir en esa época una
mujer sola, sin esposo o hijos varones que la sostuvieran; sin la pensión que
el marido le pudiera haber dejado; sin la asistencia social del Estado. La de Ana
era una situación social un poco incómoda para la época. Pero a pesar de todo
priorizo su vida espiritual.
La Biblia no lo aclara
pero tal vez la Iglesia se hacía cargo de ella, como enseñaba el
apóstol Pablo en 1 Timoteo capítulo 5. No lo sabemos. Meditando un poco
en esta historia que escribe Lucas, tan significativa para nuestros días,
podríamos sacar por lo menos dos enseñanzas muy importantes:
1) Ana elige una vida de piedad. A pesar
de su dolor y soledad se sobrepone a esa circunstancia
difícil. Tomó una decisión muy importante en su vida que fue servir en el
Templo todos los días.
2) Dios premió su eleccion. A sus
84 años pudo ver en el Templo al niño Jesús cuando fue presentado por sus
padres. No sólo sus ojos envejecidos lo vieron sino que ella profetizó que ese
niño era el Mesías.
Como su nombre lo indica ella
halló “favor” o “gracia” ante los ojos de Dios y reveló al mundo la Esperanza
de Israel. Dios le permitió ver, a una edad muy avanzada, lo que ella por
tantos años estuvo esperando “El Salvador”. Dios le revela a esta mujer
que el niño Prometido estaba ante sus ojos. Una bendición esperada por muchos, pero
Dios se la concede a esta mujer piadosa.
Si tú estás pasando por una
edad avanzada, mírate en Ana; una mujer dedicada al ministerio de la profecía,
útil para el servicio en el templo y a los demás. Dios también tiene un
plan para ti, a pesar de tus años. Si tú eres fiel al Señor y le dedicas
tiempo a la oración y al ayuno podrás ver como Ana, a pesar de tus ojos
envejecidos la salvación para tus hijos, tus nietos, tu familia. Revelación de
cosas futuras y una vida de ejemplo para generaciones venideras.
Amada hermana, no importa la
edad que tengas, ni las circunstancias por las que estés pasando, te invito a que
imites a Ana, para que seas favorecida por Dios como lo fue ella.
¡Gracia y Paz!
NiKa
Mateo 24:37-39
Mateo 24:37-39
“Mas
como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes
del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta
el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el
diluvio y se los llevó a todos, así
será también la venida del Hijo del Hombre”.
Mateo 24:6-8
Mateo 24:6-8
“Y oiréis de guerras y rumores de
guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca;
pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra
reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y
todo esto será principio de dolores”.
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