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miércoles, 9 de agosto de 2017

Juan 8:4-5




“… le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (Juan 8:4-5).

Tal vez te resulte muy fácil juzgar a las personas por sus errores, sin embargo, como creyentes no fuimos llamados a ser jueces sino instrumentos de amor y misericordia, ayudando a quien lo necesita. Se seas como los fariseos, sino muestra lo que has recibido de parte de Dios. ¡Ama como has sido amado!


¡Gracia y Paz!


Miguel Ángel Veizaga

lunes, 9 de enero de 2017

Mateo 7:1-5


“No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios no los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás. ¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama. ¿Cómo te atreves a decirle a otro: “Déjame sacarte la basurita que tienes en el ojo”, si en tu ojo tienes una rama? ¡Hipócrita! Primero saca la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro” (Mateo 7:1-5).

sábado, 17 de diciembre de 2016

Romanos 14:10


Romanos 14:10
"Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios".

Juan 12:44-50

LAS PALABRAS DE JESÚS JUZGARÁN A LOS HOMBRES

Juan 12:44-50(RVR1960)

44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;

45 y el que me ve, ve al que me envió.
46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

martes, 17 de mayo de 2016

viernes, 6 de mayo de 2016

¿SOMOS VERDUGOS O INSTRUMENTOS DE GRACIA?



¿Somos Verdugos o instrumentos de gracia?

Cada que nos acordamos del pasado de nuestro hermano o hermana y le llamamos por ese nombre, y no por la nueva identidad de Gracia que Dios la ha dado con su gran amor, nos convertimos en verdugos de satanás. Cuando desenterramos el pecado que Dios ya sepultó nos volvemos carroñeros del mal. Cuando seamos tentados por satanás para juzgar a alguien por su pasado debemos preguntarnos por el nuestro, y cuando seamos tentados por el acusador para juzgar a nuestro hermano o hermana considerémonos a nosotros mismos no sea que mañana ya no seamos jueces sino los enjuiciados. Demos gracias a Dios por el perdón de nuestros pecados, y pidámosle que nos ayude para ser emisarios de la buena noticia, y no instrumentos del maligno.


¡Gracia y Paz!

miércoles, 14 de enero de 2015

EL PODER DE LAS PALABRAS


EL PODER DE LAS PALABRAS

Un gran pintor  cuenta  que un día su madre salió de compras y le encargó que cuidara de su hermanita. Por pasar el rato, el niño dibujó el retrato de la pequeña. Cuando su madre regresó, los abrazó y beso cariñosamente mientras le dijo:

–  ¡Hijo mío, has dibujado a Sally! ¡Es maravilloso!

Años después, él dijo que esas palabras y ese beso de su madre lo habían estimulado a ser pintor.

Todos necesitamos palabras de aliento, de reconocimiento, gente que valore lo que hacemos, lo que somos. Por eso, antes de proferir cualquier palabra debemos ser conscientes del poder que éstas tienen en la vida de los demás y en la propia.

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos” (Proverbios 18:21)

Muchas veces hablamos por hablar y no consideramos que podemos estar marcando a alguien de por vida, que en lugar de sacarlo del pozo en el que se encuentra le estamos echando tierra, que anulamos el potencial que puede tener y, de esa forma, evitamos que cumpla el propósito con el cual fue creado.

Lo peor es que no sólo lo hacemos con otras personas, sino que también lo hacemos con nosotros mismos. Cometemos un error y nos vamos auto descalificando, somos muy duros con las auto críticas. No perdonamos nuestros errores y olvidamos que estamos en proceso de formación para el propósito para el cual fuimos creados.

Empieza a decirle cosas buenas a los que amas, que así como el pintor comenta cómo las palabras de su madre fueron trascendentales para él, haya también otras personas que digan lo mismo de ti y recuerda que Dios ve más allá de tus imperfecciones y te ama más de lo que puedas imaginar, así que deja de menospreciarte.

¡Gracia y Paz!



CVCLAVOZ.

viernes, 8 de agosto de 2014

¿ACOSTUMBRAS A JUZGAR SIN CONOCER?



¿ACOSTUMBRAS A JUZGAR SIN CONOCER?

Mateo 7:1-5
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”

A la mayoría de nosotros nos resulta sumamente fácil criticar o juzgar a los demás, y muchas veces ni cuenta nos damos de que aquello que criticamos, nosotros lo hacemos igual o peor. En este pasaje, Jesús condena esta acción y hasta le llama “hipócrita” a todo aquel que no es capaz de ver sus propios defectos, y sin embargo juzga a otro por acciones de menor importancia que las que él ha cometido.

Muchas veces esta advertencia del Señor se interpreta como una total prohibición a emitir un juicio o una opinión sobre alguien, sin embargo Jesús mismo en Juan 7:24 se dirige a un grupo de judíos y les dice: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. Es decir, si vamos a juzgar a alguien debemos hacerlo justamente, de manera imparcial, no según las apariencias. Lamentablemente en nuestra condición de humanos somos incapaces de hacerlo. La Biblia dice claramente que “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Ahora bien, si somos guiados por el Espíritu de Dios (quien es justo y es capaz de ver lo que hay en el corazón), podremos juzgar con justicia y no simplemente según las apariencias.

Jesús advierte en contra de que juzguemos a los demás de la manera en que lo hacían los fariseos, es decir asumiendo una actitud de superioridad, tratando de encontrar faltas ajenas mientras estaban totalmente ciegos en cuanto a sus propias faltas y defectos. Juzgar a los demás de esta manera traerá siempre malas consecuencias. El apóstol Pablo, en su carta a los romanos les previene acerca de esta actitud de la siguiente manera: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” (Romanos 2:1-3).

Una pequeña historia dice así: “Una semillita cayó en el suelo, y al poco tiempo empezó a brotar. ¿Cuál de todas las flores seré? – se puso a meditar –­ No quiero ser una rosa porque tiene espinas. No me gustaría ser un lirio porque no tiene color. Y, desde luego, tampoco quiero ser una violeta porque es muy pequeña y crece muy cerca del suelo”. De esta manera continuó la semillita encontrando faltas en todas las flores. La historia concluye con este párrafo: “Así criticó a todas las flores la altanera semillita. Hasta que despertó una mañana, ¡y descubrió que era hierba mala!”

¡Cuántas veces hemos actuado como esta semillita de la historia! Simplemente porque nos creemos superiores a los demás y los subestimamos. La Santa Palabra de Dios nos advierte acerca de esta actitud en Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Pablo completa la idea con un magnífico consejo en Romanos 12:3: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

Cuando no seguimos estas instrucciones y empezamos a encontrar faltas en los demás, en realidad estamos sentando las bases para nuestro propio juicio y nos estamos condenando a nosotros mismos. Antes de emitir un juicio o criticar a alguien, debemos dedicar unos minutos a examinarnos a nosotros mismos, y pedirle a Dios que nos dé sabiduría y humildad para juzgar “con justo juicio”. Es muy probable que entonces desistamos de juzgar a esa persona.

ORACIÓN:
Padre Bueno, ayúdame a mantener mis pensamientos y mis acciones en relación a los demás conforme a lo que dice tu Bendita Palabra. Que al igual que tú amas a todos tus hijos sin favoritismo, yo pueda extender ese amor incondicional a todos los que me rodean, en lugar de emitir juicios y críticas a la ligera que no glorifican tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿TE GUSTA LA CHISMOGRAFÍA?



Santiago 3:5-8
“Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”.

La chismografía no es un tema popular, pero sin duda alguna si es una actividad muy popular. Muchas personas malgastan el tiempo en habladurías acerca de otros, por lo general con la intención de criticar y juzgar. Por desgracia, los creyentes muchas veces son tan culpables de chismear, como los no creyentes. Pero nuestro Padre celestial quiere que veamos esta práctica del chisme tal y como es.

El apóstol Pablo coloca la chismografía en medio de pecados como “el engaño, la malicia, la calumnia y la arrogancia” (Romanos 1:29-30). El chisme es embaucador y difamatorio, y está acompañado por la vileza y la soberbia. Todas estas son características de los “aborrecedores de Dios”, según el apóstol. En otro pasaje que describe las prácticas impías, Pablo coloca al chisme en el centro de ellas. Y, por supuesto, todo el mundo sabe que el último decreto de los Diez Mandamientos es: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16).

La chismografía no concuerda con quienes somos hijos de Dios. Así como no se puede tener veneno y agua pura saliendo de la misma corriente, el cristiano no puede tener una conversación que honre a Dios y al mismo tiempo chismear de otros. Cuando de nuestros labios salen palabras dañinas, demostramos lo que albergamos en nuestro corazón. Sin embargo, Dios se ocupa de limpiar los corazones. Si permitimos que el chisme, el engaño y la malicia se introduzcan en nuestra vida— debemos orar como lo hizo David: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Sal 19:14).


“Gracia y Paz”

Meditación Diaria