lunes, 14 de julio de 2014
¿NO SABES CÓMO TENER PAZ?
¿No sabes cómo
tener Paz?
Mateo 14:22-23
“En seguida Jesús hizo a sus discípulos
entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él
despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y
cuando llegó la noche, estaba allí solo”.
Muchos problemas se estaban acumulando alrededor de la
vida de Jesús en aquellos momentos. Justo antes de esta situación, él había
alimentado a una multitud de más de cinco mil personas con sólo cinco panes y
dos peces. Entonces, la multitud intentó tomarlo a la fuerza y hacerlo rey, aun
en contra de su voluntad, por lo que el Señor se apartó de ellos
apresuradamente. A esto se unía la constante hostilidad de los judíos
religiosos y las acusaciones de todo tipo que recibía continuamente.
Diariamente sufría desilusiones, le afectaban la hipocresía y la maldad de este
mundo, le angustiaba ver a los falsos maestros engañando al pueblo y sentía
lástima y compasión por las multitudes “porque estaban desamparadas y dispersas
como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). Ciertamente Jesús tenía muchos
problemas en su mente y muchas cargas en su corazón. Y en su condición humana
sentía una gran presión sobre él.
Sin duda necesitaba apartarse del mundo por un rato, y en
la soledad buscar el rostro de su Padre y la inefable paz de su presencia. Así
es que, dice el pasaje de hoy, “subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la
noche, estaba allí solo”. Allí permaneció en íntima comunión con Dios por
varias horas hasta que, “a la cuarta vigilia de la noche”, es decir entre las 3
y las 6 de la madrugada, acudió en ayuda de sus discípulos los cuales se
encontraban luchando con un mar embravecido. (Mateo 14:24-27). Con frecuencia
Jesús se apartaba, ya sea por la noche o de madrugada, a orar en busca de esa
preciosa paz que sólo viene de Dios.
Estando el apóstol Pablo preso en una cárcel romana,
rodeado de incomodidades, pasando hambre, siendo humillado y torturado, y
esperando ser ejecutado de un momento a otro, escribió una carta a los
cristianos de Filipos, alentándolos de esta manera: “Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y
ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús” (Filipenses 4:6-7). Sin duda Pablo estaba bajo tremenda presión. Y
encontraba paz y tranquilidad por medio de la oración.
En el mundo tan complejo en que vivimos, enfrentarse a
las demandas diarias puede afectar nuestras vidas profundamente. Las tensiones,
las preocupaciones relativas al trabajo, las dificultades económicas, y los
problemas familiares nos llevan muchas veces a un punto cercano a la
desesperación. Al igual que Jesús y Pablo, necesitamos apartarnos y pasar
tiempo a solas con nuestro Padre celestial. Es muy importante permanecer un
rato en silencio y simplemente escuchar a Dios. Ese tiempo de intimidad con el
Señor siempre tiene un impacto profundo en nosotros, haciendo cambios en
nuestras vidas, unos sutiles, otros más profundos.
Primeramente la paz y el amor de Dios comienzan a llenar
nuestros corazones, las presiones comienzan a disiparse, y obtenemos un claro
entendimiento de cómo lidiar con todos esos problemas. Después empezamos a ver
las cosas desde la perspectiva de Dios y sentimos el deseo de interceder por
los demás y ser instrumentos de bendición en manos del Señor. Muy pocos conocen
el maravilloso efecto de sumergir sus almas en un tiempo de silencio y
compenetración íntima con Dios. Ciertamente tenemos que hacer un esfuerzo para
pasar esos ratos de comunión con el Señor, y simplemente dejar que nuestros
espíritus se "empapen" de su presencia, mientras, en silencio,
escuchamos su voz.
Esta debe ser tu actitud ante las presiones: confía en el
Señor y déjalas en sus manos. Quizás al principio tus pensamientos y
preocupaciones traten de interferir en tu intento de establecer una
comunicación con Dios, pero persiste, y poco a poco el Espíritu Santo te irá
llevando a niveles espirituales cada vez más profundos en los que podrás
experimentar la dulce presencia del Señor.
ORACIÓN:
Padre mío, en medio de las presiones de este mundo,
necesito llenarme de la paz de tu Santo Espíritu. Ayúdame a pasar cada vez más
tiempo en tu santa presencia y capacítame para permanecer en silencio y
escuchar claramente tu voz. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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sábado, 12 de julio de 2014
Mateo 25:34-40
Mateo 25:34-40
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.
¿TÚ REFLEJAS LA LUZ DE CRISTO?
¿Tú reflejas la
luz de Cristo?
Juan 9:35-41
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y
hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién
es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que
habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para
juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven,
sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto,
le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro
pecado permanece”.
A través de toda la Biblia vemos como el tema de la
ceguera se menciona con frecuencia. Generalmente se usa este término como una
metáfora, representando la incapacidad espiritual del ser humano para ver la
verdad de Dios. Así es que “ceguera” es una manera de representar el hecho de
vivir espiritualmente en la oscuridad. Describe la incapacidad de discernir la
verdad y la revelación de Dios a través de Jesucristo. Al igual que una persona
que es físicamente ciega no es capaz de ver la revelación visible de Dios, es
decir la creación, la persona que es espiritualmente ciega no puede ver la
revelación invisible de Dios, o sea su gracia y su infinito amor.
El pasaje de hoy nos habla de un hombre ciego de
nacimiento, al cual Jesús había sanado unas horas antes. Como era día de
reposo, cuando los fariseos se enteraron de lo sucedido lo expulsaron de la
sinagoga. Esto llegó a oídos de Jesús, el cual se encontró con el hombre y se
reveló ante él como el "Hijo de Dios". Cuando el hombre creyó y le
adoró, el Señor le dijo: “Para juicio he venido yo a este mundo; para que los
que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”. Una traducción más clara del
griego es: “Para juicio he venido a este mundo, para que aquellos que saben que
no pueden ver, vean y aquellos que creen que ven, sean confirmados en su
ceguera”. Jesús revela aquí un principio muy importante en nuestra relación con
él: “Si somos jactanciosos y nos consideramos muy entendidos en las cosas de la
vida, tendremos que resolver nuestros problemas nosotros mismos; sin embargo si
humildemente reconocemos nuestra incapacidad, él se manifestará en nuestras
vidas”.
Jesús vino a dar vista espiritual a aquellos que admiten
que la necesitan y a hacerles saber a aquellos que creen que ven, que realmente
son ciegos. Él vino a traer salvación a todos los que reconocen su incapacidad
de salvarse a sí mismos, y creen y aceptan su sacrificio en la cruz. Los que
son autosuficientes y no creen, así mismos se están juzgando y condenando. Una
de las características principales de un ciego espiritual es que no admite la
falta de vista. Los fariseos no admitían su ceguera, por eso preguntaron a
Jesús: “¿Acaso nosotros somos también ciegos?” Jesús les respondió: “Si fuerais
ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: vemos, vuestro pecado
permanece”. En otras palabras, si reconocieran que están ciegos, yo podría
hacer algo por ustedes, pero como dicen que ven, no hay absolutamente nada que
yo pueda hacer por ustedes. Continuarán siendo ciegos para siempre. Este es el
resultado de la ceguera espiritual: condenación eterna. Pero en Juan 8:12,
Jesús les ofrece una esperanza: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no
andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Los que en algún momento reconocimos nuestra ceguera
espiritual y aceptamos a Jesucristo como Salvador, recibimos su luz redentora
que nos sacó de las tinieblas. Por esa razón, hoy tenemos una gran
responsabilidad en este mundo: reflejar la luz de Cristo dondequiera que
estemos. Jesús dice en Mateo 5:14: “Vosotros sois la luz del mundo”. Y entonces
nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Nuestro testimonio puede mover a muchos que están ciegos
a nuestro alrededor a que dispongan su corazón para recibir la única luz que
puede sanarlos de la ceguera espiritual: la luz de la salvación que viene a
través de Jesús. Seamos instrumentos en manos de Dios para que su nombre sea
glorificado.
ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a disponer mi corazón para
recibir la única luz que puede sanarme de la ceguera espiritual y capacítame
para que yo pueda reflejar la luz de Cristo a través de mi testimonio, y
aquellos que me rodean puedan llegar a ver lo que su ceguera espiritual ahora les
impide que vean. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 11 de julio de 2014
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