lunes, 16 de junio de 2014

¿HAS SENTIDO LA CARGA DEL ESPÍRITU SANTO PARA ORAR POR ALGUIEN?



¿Has sentido la carga del Espíritu Santo para orar por alguien?

Juan 16:5-15
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

A medida que se acercaba el momento de su muerte, Jesús con frecuencia se refirió al “Consolador” que él enviaría, el cual enseñaría y capacitaría a los creyentes para una vida conforme a los planes de Dios. En Juan 14:26, el Señor les dice a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Una de las principales funciones del Espíritu Santo es ayudarnos a llevar a cabo aquello para lo cual Dios nos ha llamado. Una de sus responsabilidades es ser nuestro asistente en la oración. Él es el que pone en nosotros “la carga” que nos mueve a orar. Él tiene conocimiento de las tentaciones que esperan por nosotros más adelante, o las duras experiencias por las que tendremos que pasar. Por eso nos urge a que nos mantengamos en contacto con nuestro Padre celestial. Cuando sientas la necesidad de orar no debes ignorarla bajo ningún concepto. En 1 Tesalonicenses 5:19, la Biblia nos dice: “No apaguéis al Espíritu”. Apagamos al Espíritu cuando ignoramos sus instrucciones, cuando lo limitamos o lo estorbamos. No debemos olvidar esta divina advertencia.

Cuando sentimos una carga o peso para que oremos por alguien, es el Espíritu Santo obrando para darnos la oportunidad de participar en la obra de Dios. En ocasiones hemos sentido que debemos orar por una cierta persona en un cierto momento, y más tarde nos enteramos que esta persona estaba en medio de una situación difícil que requería la ayuda divina. La carga en nuestros corazones para que oremos por nosotros mismos o por otras personas es una demostración muy especial del amor de Dios. Al movernos a la oración, él comienza un proceso de hacernos sensibles a las circunstancias que nos rodean, o de prepararnos para una batalla que él sabe se acerca. Debemos estar preparados para escuchar la exhortación del Espíritu Santo y obedecer fielmente sus instrucciones, alejándonos de todo aquello que interfiera en nuestra comunión con Dios.

Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. La única manera de ser “llenos del Espíritu” es estableciendo una íntima comunión con nuestro Padre celestial. Con ese fin, separa todos los días un tiempo para el Señor, leyendo su palabra, meditando en ella y orando, y “alabando al Señor en vuestros corazones”, como dice Efesios 5:19. La Biblia dice que “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). Pide a Dios que te revele aquello por lo que debes orar. El Espíritu Santo pondrá en tu corazón una carga por algo o por alguien a quien Dios quiere bendecir o usar para llevar a cabo algún plan que él tiene. Participa tú en ese plan divino siendo sensible a las instrucciones del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, por favor lléname de tu Santo Espíritu. Ayúdame a hacer mi parte en este proceso, de manera que yo pueda disfrutar plenamente de tu amor y de tu paz, y llegar a tener un oído sensible para escuchar todo lo que el Consolador me diga. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 15 de junio de 2014

¿Y TÚ DE QUÉ MANERA CLAMAS A DIOS?



¿Y tú de qué manera clamas a Dios?

Nehemías 1:4-9
"Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre".

A Dios le agrada que meditemos en su Palabra y guardemos sus mandamientos. A él le encanta que aprendamos las lecciones de las sagradas Escrituras y las pongamos en práctica en nuestro diario vivir. Y también le complace que prestemos atención a lo que él ha prometido y a lo que él ha advertido son las consecuencias de nuestras acciones. A través de los siglos, el Señor ha mostrado de manera inequívoca su fidelidad al cumplimiento de sus promesas. Dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Ciertamente Dios es fiel y siempre cumple su palabra.

En el pasaje de hoy, Nehemías oró usando las mismas palabras que Dios había pronunciado años antes, cuando se dirigió a Moisés advirtiéndole acerca de la infidelidad y el pecado del pueblo de Israel, y recordándole su promesa de reunirlos y llevarlos a la tierra prometida si ellos guardaban sus mandamientos. Nehemías no estaba insinuando que Dios pudiera haberse olvidado de sus propias declaraciones. Él simplemente confiaba en las Escrituras y las guardaba en su corazón y en su mente. Cuando Nehemías dice a Dios "acuérdate de la palabra que diste a Moisés", está diciendo que él cree en esa palabra de todo corazón y que su esperanza reside en las promesas que el Señor ha dado a su pueblo.

Una de las mejores maneras de orar y ayunar es manteniendo la Biblia abierta, trayendo ante Dios su propia palabra, y mostrándole a él que nuestra esperanza se basa en sus promesas. David trajo ante Dios su pecado y lo confesó, declarando: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:16-17). Hoy nosotros, si estamos luchando contra alguna situación pecaminosa, podemos aferrarnos a esas mismas promesas, declararlas, hacerlas nuestras y venir humildemente delante del Señor arrepentidos y confesando nuestros pecados.

¿Tienes problemas económicos? Haz una prioridad tu búsqueda del Señor, y acércate a su trono de gracia expresando las palabras de Jesús en Mateo 6:33: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. ¿Andan tus hijos por caminos que no son de Dios? Si tú has creído, ora aferrándote a la promesa de Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. ¿Necesitas paz y descanso espiritual? ¿Sientes sobre ti una carga muy pesada? En Mateo 11:28, Jesús nos dejó una preciosa promesa: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Ven al Señor en oración trayendo estas promesas, confiando que él habrá de cumplirlas en ti plenamente.

ORACIÓN:
Amante Padre, te doy gracias por tus promesas y por tu fidelidad. Tú has prometido descanso para todos aquellos que estamos trabajados y cansados Has prometido suplir nuestras necesidades, y estar con tus hijos todos los días hasta el fin del mundo. Hoy yo vengo a ti y te entrego todas mis necesidades confiando en que tú las suplirás. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y paz”

Dios te Habla

sábado, 14 de junio de 2014

EL AMOR ES COMO LOS ARBOLES


LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS


MUJER: NO ESTAS EN ESTE MUNDO POR CASUALIDAD...


¿ESTÁS COMIENDO EL VERDADERO PAN DEL CIELO?



¿Estás comiendo el verdadero pan del cielo?

Éxodo 16:2-4
“Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no”.

Esta escritura nos muestra al pueblo de Israel, mientras se desplazaban a través del desierto con rumbo a la tierra prometida después de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto. Ahora los israelitas tienen hambre y comienzan a quejarse y a murmurar contra Moisés y Aarón, llegando hasta a “añorar” los tiempos de esclavitud, y sobretodo mostrando un enorme mal agradecimiento a Dios a pesar de todo lo que él había hecho por ellos. Sin embargo, Dios en su inmensa misericordia, les promete que va a saciar su hambre. Y así lo cumplió, enviándoles “pan del cielo” (el maná) todos los días. No les faltó el alimento para su sustento durante todos los años que estuvieron en el desierto, pero la mayoría de ellos murieron sin poder disfrutar de la Tierra Prometida por su rebeldía y falta de fe en Dios. Todo producto de espíritus mal alimentados, pues saciaban su hambre física pero no daban la misma importancia al alimento espiritual.

Nos vamos 1,400 años hacia adelante en la historia, y encontramos a Jesús enfrentándose a los mismos problemas que confrontó Moisés. Juan capítulo 6 nos dice que en una ocasión el Señor dio de comer a más de cinco mil personas con sólo cinco panes y dos pececillos, y después de esto grandes multitudes le seguían, pero Jesús, conociendo sus corazones, se dirigió a ellos diciéndoles: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6:26). La mayoría de los que le seguían estaban más interesados en lo material que en lo espiritual. Entonces Jesús continuó con un consejo que tiene un valor extraordinario: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (v.27).

En esta misma ocasión Jesús les recuerda la época a la que se refiere el pasaje de hoy, y les dice: “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.” (Mateo 6:32-33). Seguidamente se revela a ellos como el Mesías prometido, el alimento espiritual que tanto ellos necesitaban declarando: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (v.35). Finalmente Jesús los deja con este poderoso mensaje, el cual resuena aun en los tiempos actuales: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (vv.47-51). Lamentablemente, tanto en los tiempos de Moisés como en la época del ministerio de Jesús en este mundo y hasta en la actualidad, la tendencia del ser humano es satisfacer primeramente sus necesidades materiales y físicas, e ignorar el aspecto espiritual, el cual debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas.

Cuando Satanás se acercó a Jesús en el desierto para tentarlo (Mateo capítulo 4), sabiendo que él había ayunado durante cuarenta días, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Y Jesús le respondió: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús se enfrentó al diablo con el poder de la Palabra de Dios y éste tuvo que huir. Este poder está a nuestra disposición, pero es imprescindible que nos hagamos el firme propósito de buscar ansiosamente cada día “el pan de vida”, el cual encontramos en la Palabra de Dios.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, reconozco que necesito alimentarme espiritualmente. Te ruego pongas en mí un profundo deseo de buscar cada día en tu Palabra, el único y verdadero pan de vida eterna: tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



viernes, 13 de junio de 2014

¿ESTÁS EN MEDIO DE ALGÚN PROBLEMA EN ESTOS MOMENTOS?


¿ESTÁS EN MEDIO DE ALGÚN PROBLEMA EN ESTOS MOMENTOS?
¿TE SIENTES TRISTE?

Salmo 13
"¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien".

Muchas veces pensamos que los cánticos de triunfo que vemos en la Biblia fueron escritos por personas que ya habían vencido sus luchas y estaban celebrando la victoria. Pero el libro de cánticos por excelencia (los Salmos), nos recuerda que la expresión victoriosa coincide muchas veces con el clamor angustiado, manifestación evidente de una fe profunda. En la primera parte del pasaje de hoy, David expresa la ansiedad y la tristeza que lo envuelven, pero, en medio de su angustia, seguidamente muestra su confianza en el Dios todopoderoso diciendo: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación”.

Un famoso poeta inglés del siglo XIX y autor de varios himnos, luchó con ataques frecuentes de depresión durante toda su vida. Tal vez sea por eso que sus himnos todavía nos conmueven profundamente en los momentos en que nuestra vida es sacudida por fuertes pruebas y necesitamos confiar en Dios desesperadamente. “Dios obra en maneras misteriosas” es uno de los himnos más conocidos de este poeta. Cuando oímos este himno escuchamos estas alentadoras palabras: “Oh, santo temeroso, ¡anímate! Las nubes que tanto temes llenas de misericordia están. Y sobre ti bendiciones derramarán”. En todas las luchas (mentales, físicas, emocionales o espirituales) nuestro desafío es pasar del temor de ser abrumados a la confianza de que Dios ha vencido.

La Biblia dice que Dios habita en medio de la alabanza de su pueblo (Salmo 22). Y donde Dios se encuentra no puede existir desgracia, ni depresión, ni destrucción. Cuando la luz del Espíritu Santo llega, las tinieblas desaparecen, y la tristeza y el desánimo dan lugar al gozo y la esperanza. Así lo expresa David en el Salmo 30:11: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”. El cilicio era una ropa de material áspero que se usaba como señal de duelo o angustia. Dios había quitado su “cilicio” y le había vestido de “alegría”. Para David fue como la diferencia entre el llanto de un funeral y la alegría de una boda.

Hechos capítulo 16 nos cuenta que el apóstol Pablo y su discípulo Silas estaban encadenados y encerrados en un oscuro calabozo, y se pusieron a orar y a cantar himnos en alta voz. Entonces “sobrevino de momento un gran terremoto”, y se abrieron todas las puertas y se soltaron las cadenas que los ataban. Pensando que los presos se habían escapado, el carcelero se iba a matar, pero Pablo le gritó que no lo hiciera, pues todos estaban allí. Entonces el carcelero se acercó a ellos temblando de miedo y les dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” Y ellos le contestaron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Y esa noche, el carcelero y toda su familia creyeron y fueron salvos. La actitud de Pablo y Silas orando y cantando hizo que el gozo de la Resurrección se manifestara donde antes había pesar y muerte.

¿Estás en medio de algún problema en estos momentos? ¿Te sientes triste? ¡Anímate! No importa si te encuentras en los días más oscuros de tu vida. Comienza a cantar tu mayor alabanza a Dios. Muy probablemente tengas que hacer un gran esfuerzo, pero si lo logras, ten la seguridad que el poder de Dios se manifestará de manera perfecta en tu situación, la luz redentora de Cristo iluminará tu vida y una paz muy grande te inundará. Expresa ahora mismo con fe, como el salmista: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien".

ORACIÓN:
Padre celestial, te doy gracias porque tu poder, tu amor y tu misericordia son mucho más grandes que la mayor de las pruebas a las que yo pueda enfrentarme en mi vida. Te suplico aumentes mi fe para poder ver tus bendiciones detrás de las nubes oscuras que hay sobre mí en estos momentos. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 12 de junio de 2014

1 Corintios 1:27






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¿SIENTES CELOS O ENVIDIA DE ALGUIEN?



¿Sientes celos o envidia de alguien?

Hechos 13:42-46
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios. El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Este pasaje nos cuenta que los judíos se opusieron a la predicación de Pablo porque “se llenaron de celos” al ver la muchedumbre que se reunió “para oír la palabra de Dios”. En Génesis 30:1 leemos que “viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana”. Entonces le pidió a Jacob que se llegara a su sierva Bilha, la cual concibió y dio a luz un hijo a Jacob. También los hermanos de José “le tenían envidia” (Génesis 37:11) porque su padre mostraba favoritismo hacia él, y por esa razón lo vendieron como esclavo a unos mercaderes. Poncio Pilato les preguntó a los judíos si querían que soltara al criminal Barrabás o a Jesús, “porque sabía que por envidia le habían entregado”, dice Mateo 27:18. Poco después se cometió la mayor injusticia de la historia de la humanidad. Estos ejemplos nos muestran la maldad que se desprende de la envidia o de los celos.

Los celos y la envidia son sinónimos. Cualquier ventaja que una persona tenga sobre otra en algún área específica puede dar lugar a ese sentimiento, ya sea una buena posición económica, o la inteligencia, la buena apariencia, la popularidad, un buen empleo, etc. La envidia es un resentimiento que surge por el deseo de tener esas y otras cosas. El diccionario define “envidia” de la siguiente manera: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Sentimiento de hostilidad contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”. La envidia produce tristeza, pesar, infelicidad; afecta el estado espiritual y a la larga afecta también la salud física y mental. Proverbios 14:30 dice: “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”.

El apóstol Pablo, en su carta a los gálatas, les dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:16). Entonces menciona una larga lista de “las obras de la carne”, entre las cuales incluye “los celos y la envidia”. Ciertamente estos sentimientos pueden traer muy malas consecuencias en la persona que los siente y en aquellos que le rodean. Debemos estar muy alertas, pues ni el cristiano más consagrado es inmune a la sutil tentación de la envidia.

Medita en esta enseñanza, mira bien dentro de ti, y contesta esta pregunta: “¿Sientes envidia de alguien?” Si la respuesta es “sí”, debes confesarla ante el Señor con un corazón arrepentido, y empezar a orar por esa persona. Sabrás que estás arrancando de ti la envidia cuando comiences a regocijarte en el éxito y las buenas cualidades de esa persona.

ORACIÓN:
Padre santo, arranca de mi corazón todo sentimiento de celos o envidia, que sin duda afectan mi relación contigo. Ayúdame a gozarme en lo bueno que sucede a los demás, sabiendo que todo lo bueno proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 11 de junio de 2014

¡SOMOS SEGUIDORES DE JESÚS!



Muchas personas son fanáticas de un artista, siempre están al tanto de los nuevos discos y de todo lo que pasa con ese artista; si sale un disco nuevo ya están en la tienda buscándolo y lo compran; si sale en una revista ahí están comprando la revista; si lanzan un nuevo perfume o ropa con su fotografía, ahí están comprando esos artículos.

Pero cuando los que somos Cristianos solo hablamos de Dios y de sus maravillosas obras, dicen que somos fanáticos, que estamos locos; dicen que eso es “pecado”, que eso no está bien. Los que hemos sido llamados por el Señor y nos hemos rendido a los pies de Cristo, solo buscamos las cosas de Dios. Para nosotros el haber sido rescatados de las tinieblas en que vivíamos, significa nacer de nuevo, volver a vivir, buscar el rostro del Señor día con día, queremos aprender de Él todo lo que nos enseña en su Santa Palabra, la Biblia, lo buscamos en oración, en ayuno, en suplica, en vigilia; y todo esto no es suficiente, queremos más y más, nos congregamos en la Iglesia local, acudimos, si es preciso, a todos los eventos y servicios.

Yo les pregunto a los que nos llaman “Fanáticos” y “locos” ¿qué es más “pecado”? Ser fanáticos de un ser humano pecador, mentiroso y mortal, o de Dios quien por medio de Jesucristo es infinitamente misericordioso, santo, fiel y eterno.

A todos esos amigos y amigas que nos llaman “fanáticos”, les invito al “Club de fans de Jesucristo”, donde no hay acepción de personas y todos somos “presidentes”, “representantes” y seguidores leales.

1 Corintios 1:18
“Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios”.



¡Gracia y Paz!

AUNQUE EL DIABLO SE ENOJE



¿ESTÁS APROVECHANDO BIEN TU TIEMPO?


¿Estás aprovechando bien tu tiempo?

Efesios 5:15-17
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor"

Con mucha frecuencia escuchamos decir a alguien: “¡El tiempo se ha ido volando!” o “¡Es increíble, pero ya está aquí el fin de año de nuevo! o cualquier otra expresión similar que describe la manera en que han pasado los días, las semanas y los meses sin apenas darnos cuenta. Es lamentable, pues debíamos estar conscientes de que entre todos los maravillosos regalos que Dios nos ha dado, está el tiempo. No sabemos cuánto tiempo nos queda en este mundo, pero tenemos que entender que cada día es un regalo de Dios. La pregunta es: ¿Qué haremos con nuestros días? El Salmo 90:12 dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Cuando pedimos diariamente a Dios que nos dé sabiduría, aprenderemos a tomar decisiones que nos llevarán a “aprovechar bien el tiempo”.

Si analizamos como usamos nuestro tiempo cada día, probablemente nos daremos cuenta que la mayoría lo usamos en el mantenimiento de la vida. Comemos, bebemos, dormimos, hacemos rutinariamente los quehaceres diarios, incluyendo trabajar o estudiar, vemos televisión o llevamos a cabo alguna que otra actividad o entretenimiento. Y así se va un día tras otro, y pasa un año tras otro, y se nos va la vida sin apenas darnos cuenta. Sobre esto el apóstol Santiago escribió: “¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). Y David nos dice en el Salmo 39:5: “He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti. Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive”.

Un famoso escritor escribió: “El promedio actual de longevidad es de 25,550 días. Ese es aproximadamente el tiempo que vivirás, si eres una persona común y corriente. ¿No te parece que es muy poco tiempo como para desperdiciarlo?” De esta manera lo expresa el Salmo 90:10: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”. Al entender esta realidad podemos aprender que el tiempo que usemos en el reino de Dios es lo único que tendrá valor eterno y lo que nos permitirá vivir la vida en abundancia que nos ha prometido el Señor (Juan 10:10).

El pasaje de hoy nos exhorta a que no andemos “como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo”. Esto es algo que debemos tener en cuenta siempre. ¿Qué, pues, debemos hacer? Colosenses 3:23, 24 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Cuando aun las pequeñas cosas las hacemos para agradar al Señor, cuando somos un testimonio agradable a él y un instrumento que él pueda usar para ayudar a este mundo perdido, estamos invirtiendo el tiempo que Dios nos ha dado de una manera sabia, lo cual nos traerá una recompensa no sólo mientras vivimos sino por toda la eternidad.

Aprendamos a utilizar el tiempo de la mejor manera posible. Para ello es necesario consultar con el autor del tiempo. El rey David proclamó: “Señor, en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). Depositemos nuestro tiempo en las manos de Dios. Comencemos con dedicar un tiempo preferencial todos los días a buscar el rostro del Señor en oración, a leer su palabra y a meditar en ella. Jesús nos exhorta a hacer de esto una prioridad en nuestras vidas. En Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Si sigues estas instrucciones, comprobarás que el tiempo te rendirá mucho más, y Dios te recompensará supliendo todas tus necesidades tanto materiales como espirituales.

ORACIÓN:
Mi amoroso Yahweh Dios, te ruego me ayudes a administrar mi tiempo de manera que todo lo que yo haga esté de acuerdo a los planes que tú tienes para mi vida y la vida de mi familia. Ayúdame a comenzar cada día en tu presencia para que seas tú quien controle todo mi tiempo y así seas glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 10 de junio de 2014

¿AÚN DICES MENTIRAS?



¿Aún dices mentiras?

Colosenses 3:9-10
“No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”.

Un entrenador de fútbol universitario renuncia después de admitir que falsificó sus credenciales académicas y atléticas. Un oficial militar de carrera confiesa haber llevado puestas condecoraciones de combate que no se ganó. Un solicitante de un empleo reconoce que cuando dijo que tenía experiencia en la "supervisión de alimentos y bebidas" en realidad lo que hacía era café todas las mañanas en la oficina. Con frecuencia oímos de muchos otros que son públicamente avergonzados cuando en algún momento se descubre que mintieron en el pasado. Lo cierto es que más tarde o más temprano habrá malas consecuencias para aquellos que mienten.

A veces pensamos que una pequeña “mentirita” no tiene importancia y que seguramente no tendrá consecuencias, pero nos olvidamos que cuando ignoramos los principios de la Palabra de Dios estamos exponiéndonos a sufrir los resultados que trae consigo la desobediencia. Gálatas 6:7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Es decir, si sembramos una mentira con seguridad no vamos a segar algo bueno, sino todo lo contrario. El pasaje de hoy dice claramente: “No mintáis los unos a los otros”, sin diferenciar una mentira de otra. Aun esas pequeñas mentiras por lo general crecen a medida que tratamos de evitar que se descubran. Y a una mentira sigue otra y otra, y por regla general el resultado final es un enorme enredo lleno de malas consecuencias.

Ahora bien, la razón fundamental por la que no debemos mentir es porque hemos confiado en Jesucristo como nuestro Salvador, por lo cual el “viejo hombre” con todas sus miserias y pecados, incluyendo las mentiras, ha sido desechado dando lugar a un “nuevo hombre”. De esta manera continúa el pasaje de hoy: “…puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre..." Es el plan de Dios que este “nuevo hombre” poco a poco, bajo la acción del Espíritu Santo, se vaya “renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”. Así termina este pasaje.

Sin duda, en este proceso, muchas veces vendrán a nosotros pensamientos o impulsos pertenecientes a hábitos o costumbres del pasado, entre ellos las mentiras. La enseñanza de hoy nos exhorta a rechazar esos impulsos, y decir siempre la verdad, pues la verdad viene de Dios, mientras que la mentira proviene de Satanás. En Juan 8:44, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Es evidente que cuando mentimos no agradamos al Señor, sino que estamos complaciendo los deseos del diablo. Debemos esforzarnos y luchar contra todo aquello que no sea verdad. No siempre resulta fácil hacerlo, pero si permitimos que se manifieste en nosotros el poder del Espíritu Santo y con él la verdad y la justicia de nuestro Señor, entonces podremos vivir una vida santa y veraz, digna de un hijo o hija de Dios.

Busca el rostro del Señor cada día en oración, lee la Biblia, medita en sus enseñanzas y esfuérzate en ponerlas en práctica. El Espíritu Santo producirá en ti su fruto, y poco a poco las mentiras dejarán de formar parte de tu vida, y el nombre de Dios será glorificado.

ORACIÓN:
Querido Dios, ayúdame a vivir consciente de que las cosas viejas pasaron y todas han sido hechas nuevas. Dame el poder para mostrar el Cristo que vive en mí quien vivió una vida de total honestidad, integridad y verdad absoluta. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla