jueves, 23 de octubre de 2014

ETAPAS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL (1 Corintios 13:11-13)


ETAPAS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL (1 Corintios 13:11-13)

El Creyente Entiende que debe seguir y servir a Cristo - Mateo 16:24 (Toma su cruz y le sigue); Entiende que debe cambiar sus prioridades - Mateo 10:37 (El Señor es su prioridad); Entiende que debe producir fruto - Juan 15:2 (Para eso ha sido escogido).

Es aquel que deja atrás las cosas de la carne - 1 Corintios 3:3 (Su vida espiritual marca diferencia); Es aquel que ya ha sufrido por causa de Cristo - 1 Pedro 2:21 (Para eso fuimos llamados); Es aquel que persevera a pesar de todo - Filipenses 3:14-15 (Tiene clara su meta).

Es reconocido por su Sabiduría - Job 32:10 (Puede haber jóvenes sabios); Es reconocido por su liderazgo - 1 Timoteo 5:1-3; (Tiene la capacidad para dirigir a un grupo de personas sin importar edades o sexo); Es reconocido por su carácter - Tito 2:2-4 (El Espíritu lo ha moldeado).

Todos somos parte del mismo CUERPO - 1 Corintios 2:12 (El cuerpo es uno, con muchos miembros); Todos debemos procurar la UNIDAD - Juan 17:20-21 (Jesús oró por unidad); Todos compartimos el mismo TRABAJO - Mateo 28:18-20 (Hacer discípulos); Todos tenemos los mismos FUNDAMENTOS - Efesios 4:4-6.


¡Gracia y Paz!

ORACIÓN



¿EN QUÉ ETAPA TE ENCUENTRAS EN EL PROCESO DE SANTIFICACIÓN?



¿EN QUÉ ETAPA TE ENCUENTRAS EN EL PROCESO DE SANTIFICACIÓN?

Romanos 6:20-22
“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”.

La santificación es un proceso durante el cual el Espíritu Santo actúa en una persona con el fin de lograr cambios profundos en ella, limpiando la suciedad del pecado, obrando en su mente y su corazón, eliminando hábitos y costumbres mundanas, es decir ejerciendo una verdadera transformación que tiene como fin que se cumpla el objetivo fundamental de Dios de que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo”, según dice Romanos 8:29. El proceso de santificación comienza en el momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador. En ese momento “nacemos” espiritualmente, y somos sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13). La función fundamental del Espíritu Santo es guiarnos y ayudarnos a llevar a cabo el proceso de santificación en nuestras vidas.

En el libro “Etapas de la Santificación” se describe lo siguiente: “La santificación es un proceso dinámico de crecimiento espiritual, durante el cual somos progresivamente liberados del poder del pecado”. Estas etapas son: El nuevo nacimiento, el bebé espiritual, el niño espiritual, el adolescente espiritual, el adulto espiritual, y el padre espiritual. En cada etapa, el creyente que va madurando encuentra nuevos desafíos, pruebas y oportunidades de crecer.

En la Santa Palabra de Dios, todas estas etapas se pueden resumir en dos períodos fundamentales: Primeramente la infancia. El apóstol Pablo escribe en 1 Corintios 13:11a: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño…” Y finalmente la etapa de un adulto espiritual, a la cual se refiere Pablo en la segunda parte de este versículo: “...mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. En esta última etapa se puede observar la transformación en el comportamiento de la persona. Su manera de hablar cambia; muchas cosas que antes decía ya no las dice, su vocabulario ya no es el mismo, y los demás se dan cuenta. Sus principios y valores son distintos a los de antes, y su manera de actuar es totalmente diferente.

Para aquellos que están dando los primeros pasos en esta transformación, el apóstol Pedro tiene un consejo que deben seguir al pie de la letra. Dice 1 Pedro 2:2: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. A medida que el creyente se alimenta con esta “leche espiritual no adulterada” (la Palabra de Dios), va creciendo espiritualmente, y progresivamente va dejando de ser un niño para llegar a la etapa de un adulto espiritual. La meta es “que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:13-14).

¿En qué etapa te encuentras en el proceso de santificación? No olvides que Dios quiere eliminar de ti todo aquello que impide realizar su propósito de que llegues a la madurez espiritual y la santidad. Sólo tienes que permitir al Espíritu Santo que lleve a cabo en ti su obra de santificación. Entrega sin reservas tu vida a Cristo, busca una íntima comunión con Dios, escudriña su palabra, dedica tiempo a la oración, busca oportunidades de servir al Señor. Comenzarás a experimentar cambios profundos en tu vida, y te irás pareciendo cada vez más a Jesucristo.

Oración:
Amante Padre celestial, yo quiero caminar en santidad para glorificar tu nombre. Por favor ayúdame a rendirme a la acción transformadora de tu Espíritu, de manera que el proceso de santificación se lleve a cabo en mi vida conforme a tus planes. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


miércoles, 22 de octubre de 2014

ORACIÓN


DEDIQUEMOS A DIOS UN TIEMPO AL AMANECER....


¿SABES DEMOSTRAR EL AMOR A DIOS?



¿SABES DEMOSTRAR EL AMOR A DIOS?

Juan 14:21
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.

Un famoso consejero familiar cristiano con frecuencia comienza sus conferencias con la pregunta: “¿Qué fortalece sus relaciones y qué las debilita?” Exhorta sobre la necesidad de que ambos cónyuges deben demostrar su amor por el otro con hechos más que con palabras. Esto, indudablemente, enriquece y fortalece grandemente la relación.

La Biblia nos muestra un principio similar al referirse a nuestra relación con Dios. En primer lugar conocemos del indescriptible amor de Dios cuando leemos en Romanos 5:8 que “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. No existe una mayor prueba de este amor “que excede a todo conocimiento” (Efesios 3:19) que entregar a su hijo al sufrimiento y la muerte en la cruz con el fin de salvar de la condenación eterna a todos aquellos que le habían dado la espalda. Pero no sólo eso, sino que el Señor tiene planes de bienestar y prosperidad para sus hijos, es decir aquellos que han creído en su Hijo y lo han aceptado como salvador, dice Jeremías 29:11.

¿Cómo podemos nosotros corresponder a ese amor? La Biblia está llena de pasajes que nos enseñan diferentes formas de expresarle a Dios el amor que sentimos por él. Una de ellas es por medio de nuestra obediencia. En el pasaje de hoy Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”. Es decir, el que ama al Señor es aquel que no solamente conoce sus mandamientos sino que los obedece. En otras palabras, el verdadero amor se manifiesta con hechos más que con palabras. Así dice Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

También mostramos amor a Dios consolando a los que sufren y haciendo buenas obras a aquellos que nos rodean. El apóstol Santiago escribe en su epístola que la religión pura delante de Dios es esta: “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Es decir, hechos más que solamente palabras expresan mucho mejor el amor que proviene del Espíritu Santo, y que por lo tanto agrada a nuestro Padre celestial. Cuando le damos ánimo a alguien en medio de una situación difícil, agradamos a Dios, y así le mostramos nuestro amor. Cada vez que de alguna manera ayudamos a un necesitado, estamos demostrando al Señor que le amamos.

Finalmente, demostramos nuestro amor al Señor cuando pasamos tiempo con él diariamente. No hay señal más evidente de amor por una persona que desear estar a su lado el mayor tiempo posible. David expresa su amor por Dios, y nos exhorta a que lo hagamos nosotros cuando nos dice: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Deleitarse es sentir una gran satisfacción o placer al hacer algo. Si de verdad amamos al Señor, disfrutaremos plenamente de su compañía. Y Dios a su vez manifestará su amor concediéndonos los deseos de nuestro corazón. Dice 1 Corintios 2:9: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. Ciertamente no podemos imaginar todas las bendiciones que Dios tiene preparadas para aquellos que le aman y le buscan cada día de todo corazón, pero debemos creerlo porque lo dice su Palabra.

Hagámonos el propósito de mostrar nuestro amor a Dios buscando su rostro en oración cada día de nuestras vidas, leyendo su Santa Palabra, meditando en ella y poniéndola en práctica en toda ocasión que se nos presente. La paz y el gozo de su Espíritu nos inundarán y seremos sumamente bendecidos. Es su promesa.

ORACIÓN:
Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas a mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 21 de octubre de 2014

¿DE VERDAD ES DIOS TU REFUGIO?



¿DE VERDAD ES DIOS TU REFUGIO?

Salmo 46:1-3
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”

Beatriz estaba desconsolada. Recientemente había perdido su primer hijo, muerto unas horas después de nacido debido a complicaciones respiratorias. Todas sus ilusiones acumuladas durante los nueve meses de espera habían desaparecido en un momento. El trauma de esta experiencia había afectado su relación con su esposo y con todos alrededor de ella. Estaba deprimida y malhumorada. Culpaba a Dios por lo que había pasado y repetía: “Lo odio. ¿Por qué tiene esto que pasarme a mí? ¿Por qué no me dio un bebé saludable? ¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría los dolores de parto? ¡Total, para nada!”

Aproximadamente al mismo tiempo, no muy lejos de Beatriz, un piadoso líder cristiano, cuyo hijo adolescente acababa de morir en un accidente automovilístico mostraba una actitud totalmente diferente. Por supuesto este hombre y su esposa estaban devastados. Sus corazones estaban destrozados a causa del dolor que estaban experimentando. Pero en medio de sus lágrimas, este buen cristiano dijo: “Yo sé que puedo confiar en Dios. Él es un Dios de amor. Él es mi refugio, y yo siento su fuerza y su compasión y su cuidado por mí y por mis seres queridos. Mi esposa y yo y toda nuestra familia estamos consagrados a Él como una expresión de nuestro amor y nuestra absoluta confianza en su fidelidad”.

Ciertamente no alcanzamos a entender el misterio de por qué Dios permite sufrimiento, dolor y aflicción entre sus hijos, pero podemos contestar esta pregunta “¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría?” En el mismo lugar que estaba cuando su propio Hijo murió en la cruz por nuestros pecados. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Sin duda en algún momento de nuestras vidas, más tarde o más temprano, vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va a llegar a nosotros, una tormenta emocional o espiritual se va a presentar, pero en todos los casos hay una respuesta correcta, una actitud, sólo una: Confiar en Dios y echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento. Aquellos que confían en el Dios eterno como su refugio experimentarán la realidad de su promesa en Deuteronomio 33:27: “El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos”.

Cuando nuestra actitud es ésta, de una manera milagrosa e inexplicable, Dios nos da la paz que tanto necesitamos, esa paz que la Biblia dice “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Esa paz la encontró aquel líder cristiano en medio de su dolor, porque él se echó en los brazos de amor del Dios eterno, y buscó en él refugio en medio de la tormenta. Sin embargo Beatriz se hundía más y más en la desesperación a medida que su actitud rebelde la alejaba del amor y el consuelo del Señor.

Si estás en medio de una prueba, si estás sufriendo, no te desesperes. Piensa que Dios está cerca; él ha prometido que nunca “nos dejará ni nos desamparará”. Piensa además que Dios tiene control sobre todas las circunstancias y todo lo que estás pasando en estos momentos tiene un propósito, y ese propósito, aunque ahora es difícil creerlo, es bueno para tu vida. Así lo afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Confía en el Señor, clama a él, y él te contestará. Aunque te resulte difícil hacerlo alábalo y di con toda confianza que él está en control, que tú sabes que él te ama y que él será siempre tu “amparo y fortaleza, y tu pronto auxilio en las tribulaciones”.

Oración:
Mi Señor y mi Dios, te doy gracias por tu fidelidad en todas las circunstancias. Ayúdame a mantener firme mi confianza en ti, aún en medio de las pruebas. Yo se que tú eres mi refugio y mi roca firme, y que tú estarás conmigo hasta el fin del mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


¡EL PERDÓN NOS LIBERA, SEAMOS LIBRES!



¡EL PERDÓN NOS LIBERA, SEAMOS LIBRES!

Efesios 4:31-32
“Echad fuera de vosotros la amargura, las pasiones, el enojo, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sed buenos y compasivos unos con otros, y perdonaos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo”.

Si perdonamos a los que nos ofenden, Dios nos perdonará nuestras ofensas.

En ocasiones andamos como “El Pípila” cargando la enorme piedra del rencor que nos llena de amargura y nos envenena el corazón pero también, literalmente, el cuerpo.

Quien se perjudica de la falta de perdón que sentimos hacia los que nos han hecho daño, somos nosotros mismos.

Muchas veces la otra persona ni sabe que nos lastimó, y otras, si acaso lo hizo con intención, la verdad, ni le importa.

Perdonemos a todos ellos, no por ellos, sino por amor, y obediencia, a Dios, y por amor a nosotros mismos.

¡Que tengan excelente día!

Editado por Carlos Martínez M.
kcshekinná P. Torres


DIOS HACE LO BUENO… ¿Y NOSOTROS, QUÉ HACEMOS?



DIOS HACE LO BUENO… ¿Y NOSOTROS, QUÉ HACEMOS?

La Bendita Palabra de Dios dice que Dios creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay. También nos dice que Él es bueno y que todo lo que hace es bueno. Y que a los seres humanos nos dio la libertad de hacer nuestra voluntad, aunque fuera diferente a la de Él.

Al escudriñar la Palabra de Dios encontramos que todo cuanto existe es por su Gracia y Misericordia. Que los planetas y las estrellas en el espacio, y las aguas en el mar se sostienen por el mismo poder de Dios. Y que sus misericordias son nuevas cada mañana.

Si Dios es bueno…
Si todo lo que hace es bueno…
Y es todopoderoso y misericordioso, entonces…
¿Por qué hay catástrofes?…
¿Por qué hay guerras?…
¿Por qué existe el mal?
Y lo peor de todo: ¡¡¿¿Por qué Dios no hace nada al respecto??!!

Porque Dios, después de crear todo para bien, le dio al hombre la autoridad sobre la Tierra, para que ejerciera gobierno sobre ella (Génesis 1:28). Pero el hombre desobedeció a Dios y se dejo gobernar por el mal, por eso el hombre tiene esa disposición innata para hacer el mal.

Recordemos que Dios nos ha dado libertad, y con esta libertad los seres humanos hemos decidido, la mayoría de las veces, hacer las cosas mal, de alguna u otra manera, en algún momento de nuestras vidas… hemos dañado al planeta, hemos odiado, hemos querido el poder, hemos dominado, sin importarnos el precio a pagar. Somos los únicos seres vivos que nos matamos por “placer” y no por supervivencia. Hemos estado destruyendo el único lugar que tenemos para vivir, el planeta Tierra, en “pos del progreso”, de la comodidad y del placer.

La inteligencia (el conocimiento), y la maldad (falta de sabiduría), son una muy mala combinación, pero una excelente fórmula para destruir el mundo y, por ende, destruirnos a nosotros mismos.

Si no hacemos consciencia de ello, pero una verdadera consciencia y no un simple remordimiento, y hacemos algo al respecto (TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS), no tendremos nada bueno que heredarle a nuestras siguientes generaciones: ¡NUESTROS HIJOS, NIETOS Y BISNIETOS!

El problema no se resuelve con buenas intenciones… muchos corazones están llenos de buenas intenciones. Debemos comenzar a hacer algo, empezando por nuestro hogar, con nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestro entorno social, dondequiera que andemos, predicar con el ejemplo.

Si cada uno de nosotros comenzamos a cambiar en nuestra manera de pensar, nuestras acciones cambiarán y nuestro entorno cambiará; y con esto habremos aportado un granito de arena para vivir mejor en el mundo.

Y tú, amado Amigo(a), Hermano(a):  
¿Qué vas a hacer de hoy en adelante para cambiar favorablemente la vida en nuestra casa terrenal? (El planeta donde vivimos). O piensas justificarte diciendo: “Yo soy buena persona y yo no le hago mal a nadie”. medita muy bien en lo que puedes aportar y recuerda que tenemos un Dios de orden (1 Corintios 14:40).

La Palabra de Dios dice: “A aquél, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). También dice que si alguien hace algo malo y no se lo hacemos saber para que cambie, es a nosotros a quién Dios le pedirá cuentas.

¡Gracia y Paz!
Editado por Carlos Martínez M
Kcshekinná

lunes, 20 de octubre de 2014

Mateo 7:13-14



Mateo 7:13-14
"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan".

EL AMOR NO ES UN SENTIMIENTO, ES UNA DECISIÓN



El amor no es un sentimiento, es una decisión. No seas INDIFERENTE, no seas motivo de una DESILUSIÓN.

Según la Santa Palabra de Dios, el verdadero amor incluye por lo menos estas cuatro cosas:

1. DECIDIR— Debo decidir que amaré a la otra persona (no importa lo que yo sienta hacia él/ella), sencillamente porque esa persona tiene una necesidad y yo puedo satisfacer esa necesidad. El verdadero amor comienza con un acto de VOLUNTAD.

2. DAR— Tengo que darme a mí mismo por el bien de la otra persona. Mi preocupación no es lo que puedo obtener de la otra persona, sino lo que yo puedo darle.

3. SACRIFICIO— Dar siempre involucra un sacrificio y un costo. Mi amor por otra persona me puede costar dinero, puede costar mi tiempo, puede costarme energía. Pero estoy dispuesto a gastarme y ser gastado por el bienestar de la otra persona. El costo vale la pena (Hechos 20:25).

4. BUSCAR—Tengo que buscar lo mejor para la persona amada. No quiero nada menos que lo mejor que Dios tiene para esa persona.

Gálatas 5:14
“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARAS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.


¡Gracia y Paz!

¿ESTAREMOS LISTOS PARA EL DÍA DEL JUICIO?


Romanos 2:12-16
“Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio”.

La Biblia establece que todos los seres humanos somos pecadores y por lo tanto estamos “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Y dice también que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a). Pero inmediatamente nos muestra una preciosa esperanza producto de la misericordia y la gracia de Dios: “…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23b). Leemos en la Palabra de Dios que Jesucristo es el único camino para ir al cielo (Juan 14:6); que Dios mandó a su Hijo para que “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16); y que “el que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18a). Pero también leemos que “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18b).

En Juan 12:48 Jesús dice: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” Es decir, los que han tenido la oportunidad de escuchar las buenas nuevas de salvación tienen dos alternativas: o rechazan las palabras de Jesús y su invitación a la vida eterna, o creen en él y reciben la salvación de su alma y la seguridad de vivir en el cielo por toda la eternidad.

Ahora bien, ¿cuál es el destino eterno de aquellos que mueren sin haber tenido la oportunidad de conocer las buenas nuevas de salvación? El pasaje de hoy trata de este asunto refiriéndose a los gentiles, los cuales no estaban bajo la ley, mientras que los judíos conocían la ley. Acerca de esto Pablo escribe que no hay diferencia en el hecho de que tanto unos como los otros serán juzgados. Si no conoció la ley, será juzgado como quien no conoció la ley. Si conoció la ley, será juzgado de acuerdo a la ley. Pero aun estos (los que no conocieron la ley), dice el pasaje, tienen una “ley escrita en sus corazones”. Un conocimiento instintivo del bien y del mal implantado por Dios en cada ser humano, una conciencia que dará testimonio a ellos, “acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”. Este “sistema de alarma interno” nos da un sentido del bien y el mal, porque fuimos creados a imagen de Dios. Y con seguridad Dios tuvo un propósito al ponerlo en nosotros.

Una cosa es cierta: Todo ser humano algún día comparecerá “ante el tribunal de Cristo” y recibirá “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”, dice 2 Corintios 5:10. Cuando ese momento llegue para alguien que jamás escuchó hablar de Jesucristo y su sacrificio redentor, Dios, en su justicia e infinita misericordia, lo juzgará de acuerdo a lo que tuvo oportunidad de conocer. El Señor es soberano y él emitirá juicio conforme a sus principios y a su voluntad, la cual es perfecta. Mientras más luz llegó a esa persona mayor es su compromiso, pero el hecho de que no le haya llegado la luz del evangelio no quiere decir que no tendrá responsabilidad ante Dios.

Si tú has entendido que Jesucristo murió por pagar tus pecados, y aun no lo has aceptado como tu único y suficiente Salvador, arrepiente ahora mismo de todos tus pecados y eleva una oración a Dios pidiéndole perdón. La Biblia dice que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Si lo haces, puedes tener la completa seguridad de que cuando llegue el día en el que tengas que comparecer ante el tribunal de Cristo, serás absuelto de toda culpa, “pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1) ¡Amen!.

Oración:
Padre santo, gracias te doy por el precioso regalo de la salvación que me has dado a través del sacrificio de Cristo, el cual me da la seguridad de que cuando llegue el día en que tenga que partir de este mundo, tendré entrada libre al cielo donde moraré contigo por toda la eternidad. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN


¿SABES USAR LOS TALENTOS QUE DIOS TE DIO?



Todos tenemos talentos y habilidades que podemos utilizar para la gloria de Dios. En Mateo 25:14-28 dice que a tres siervos les fueron dados talentos: a uno cinco talentos, a otro dos y a otro un talento. En aquellos días los talentos equivalían a dinero.

Esta parábola dice que los dos primeros hombres usaron sus talentos y los duplicaron. Pero el tercero, sin embargo lo enterró en la tierra y por eso su amo se disgusto. Fue llamado “malo” y “perezoso”. ¿Qué lección nos deja esta historia? Dios nos ha dado a cada quien diferentes talentos, y lo hizo para que los pongamos por obra. No para que los enterremos en la tierra como lo hizo el tercer siervo.

Podemos ver también la historia de David, el era un joven pastor de ovejas. Nadie se imagino lo importante que llegaría a ser en aquella época. David tenía dos talentos: sabía tocar el arpa y utilizaba muy bien su honda, habilidades que había desarrollado como pastor, peleando con osos y leones.

1 Samuel 16:17-18.
“Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él”.

David, un humilde pastor, sin expectativas importantes, pero con dos sencillos talentos que mejoró cada día, lo llevaron a ser ungido por el Señor para posteriormente ser el Rey de Israel.

Así como estos ejemplos hay otros en la Biblia. Lo importante es saber que Dios nos ha dado talentos especiales a TODOS. Absolutamente TODOS tenemos talentos de Dios, lo verdaderamente triste es que la gran mayoría esperamos que esos talentos sean: tocar un instrumento musical, tener buena voz para cantar, predicar con poder, sanar enfermos y levantar muertos. Si concretamente no tienes estos talentos, eso no significa que Dios se haya equivocado contigo y que no te haya dado ningún talento.

Recuerda, Dios es soberano y él puede usarte como menos te lo imagines. Dios actúa en cada uno de nosotros de manera muy particular, es por esta razón que te animo a que desarrolles los talentos que Dios te ha dado, sean cualesquiera que sean; posiblemente sea “tocar el arpa”, pues entonces practica y practica porque quizás ese talento te lleve al reino; posiblemente sea “la honda”, pues entonces practica y practica porque quizás algún día tendrás un “gigante” que destruir y ese talento será utilizado por Dios en ese momento. Probablemente te cueste mucho trabajo saber cómo utilizar tus talentos, pero toma en cuenta que Dios tiene múltiples maneras de actuar y nosotros los seres humanos no tenemos la capacidad de comprender el potencial que Dios tiene para nosotros.

David jamás se imagino que saber tocar el arpa, tan bien como lo hacía, lo llevaría al palacio a tocarle a Saúl; igualmente nunca le paso por la mente que un día su habilidad con la honda lo ayudaría a derrotar al gigante. Así es Dios, él utiliza nuestros talentos para llevarnos a lugares insospechados.

Probablemente te hagas esta pregunta: ¿Cuales son mis talentos? Pues yo te digo que cualquier cosa que te guste hacer, piensa en que eso es lo que lo puedes utilizar para honrar a Dios. Puede ser que te guste el arte, o escribir poemas, etc. etc. Lo que sea, si pones por obra ese talento y le das al Señor un poco de lo que tienes, el Señor te va dar más (Mateo 25:21). Si en ti no vez el talento que deseas, no te desesperes pues Dios te puede usar de manera inimaginable. Así es nuestro Dios, creativo y misericordioso.

Deja que el Señor te use. Hoy en día las iglesias están muy necesitadas de personas con creatividad. Desarrollar nuestros talentos en la iglesia no necesariamente es tocar música, cantar, saber predicar, etc. Nuestra misión como cristianos es llevar el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo hasta lo último de la tierra. Y eso lo podemos hacer utilizando los talentos que tenemos. Expresa el amor de Dios por medio de tu creatividad, usa tus manos, tus píes. Usa los talentos que Dios te dio porque algún día Él te pedirá cuentas, y te va a preguntar ¿Que has hecho con lo que te di? ¿Y tú, que le vas a responder?


¡Gracia y Paz!