Síguenos en:
martes, 12 de agosto de 2014
Sañmo 28:6-7
Salmo 28:6-7
Bendito sea el SEÑOR, porque ha oído la voz de mis
súplicas. El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy
socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico.
ORACIÓN
El carácter de un justo se manifiesta por la manera en
que él se ajusta a los parámetros de la Palabra de Dios. En nuestra relación
con el Señor hay algo fundamental que él espera que nosotros hagamos: buscar su
voluntad y obedecerla fielmente. Cuando obedecemos, automáticamente Dios hace
su parte y resultamos más que bendecidos. No te avergüences de vivir como un
justo fiel y obediente pues los valientes que se atreven a andar de esta manera
gozan del privilegio de vivir bajo el favor de Dios.
¿SABES CÓMO RECIBIR EL FAVOR DE DIOS?
¿SABES CÓMO RECIBIR EL FAVOR DE DIOS?
Salmo 5:11-12
“Alégrense todos los que en ti confían; den
voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; en ti se regocijen los
que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; como con un
escudo lo rodearás de tu favor”
El diccionario define la palabra “favor” de esta manera:
“Beneficio que una persona con poder o influencia concede a otra gratuitamente”.
La Escritura de hoy afirma que Dios bendecirá al justo y lo rodeará de su
favor. Esta es una promesa específicamente dirigida al justo. Una persona
justa, bíblicamente hablando, no es aquella que lleva a cabo su propia justicia
de una manera supuestamente “correcta”, sino aquella que actúa siempre guiada
por la justicia y los preceptos divinos. En el Nuevo Testamento encontramos una
definición más concreta. Dice Romanos 5:1: “Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Es decir,
antes de aceptar a Jesucristo como nuestro salvador somos considerados
“injustos”; al abrir a él nuestro corazón, nuestros pecados son perdonados y
somos justificados delante de Dios. En su primera carta a los corintios,
capítulo 6, el apóstol Pablo se refiere a este proceso. Primero les dice: “¿No
sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?” Entonces les menciona
una lista de personas que no heredarán el reino de los cielos debido a su
comportamiento pecaminoso. Y termina diciendo: “Y esto erais algunos; mas ya
habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en
el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios
6:9-11).
Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, Dios te
ha justificado, es decir ha perdonado tus pecados y ahora eres un hijo o una
hija del Dios Todopoderoso, y por esta razón el Señor ha establecido que tengas
un tratamiento preferencial. Gálatas 4:4-7 nos habla de este proceso salvador:
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de
mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a
fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios
envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por
medio de Cristo”. Esta es la voluntad de Dios para con todos aquellos que han
creído en su Hijo y han abierto su corazón para recibirlo como salvador de sus
almas.
Dios desea bendecirte, y mientras más te acerques a él,
más se va a manifestar en tu vida su bendición y su favor. Por eso debes
caminar en fidelidad y obediencia a lo que Dios dice en su Santa Palabra. El
Salmo 1 establece de manera muy clara la diferencia entre la vida de aquellos
que buscan al Señor día tras día, meditan en su Palabra y ponen en práctica sus
enseñanzas, y la vida de aquellos que viven alejados de la presencia de Dios.
De los primeros dice que son “bienaventurados” y que “todo lo que hacen,
prosperará”. Por el contrario, a los otros les esperan tiempos tormentosos. Así
dice el Salmo 1:6: “Mas la senda de los malos perecerá”.
El carácter de un justo se manifiesta por la manera en
que él se ajusta a los parámetros de la Palabra de Dios. En nuestra relación
con el Señor hay algo fundamental que él espera que nosotros hagamos: buscar su
voluntad y obedecerla fielmente. Cuando obedecemos, automáticamente Dios hace
su parte y resultamos más que bendecidos. No te avergüences de vivir como un
justo fiel y obediente pues los valientes que se atreven a andar de esta manera
gozan del privilegio de vivir bajo el favor de Dios.
El Salmo 91:1 reafirma este concepto: “El que habita al
abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Aquellos que
deciden caminar con Dios cada día de sus vidas viven rodeados de su favor.
¡Realmente necesitamos vivir bajo el favor de Dios! Vive de manera que habites
continuamente bajo el abrigo del Todopoderoso, y podrás esperar lo mejor de
Dios para ti cada día de tu vida.
ORACIÓN:
Gracias Padre, porque tú premias la fidelidad y
obediencia de tus hijos. Te ruego que me ayudes a caminar en esta vida
obedeciendo tu palabra para disfrutar de tu favor y de tu protección. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿SABES QUIÉN NOS AYUDA EN LA ORACIÓN?
¿SABES QUIÉN NOS AYUDA EN LA ORACIÓN?
Romanos 8:26-27
“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en
nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero
el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña
los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los santos”.
Muchos cristianos sentimos que no sabemos orar
correctamente. Inclusive el apóstol Pablo reconoció que a veces no sabía pedir como
debía. En el diálogo sobrenatural entre Dios y los creyentes, el Espíritu Santo
actúa como un vehículo para nuestra comunicación, ayudándonos a poner nuestras
necesidades y nuestros deseos delante del Padre.
Los cristianos hacemos nuestras peticiones con un
conocimiento muy limitado del futuro y de lo que realmente es mejor para
nosotros. En consecuencia, surgen circunstancias que nos llevan a preguntarnos ¿cómo
debemos orar? Si no encontramos palabras para orar, debemos preguntar: ¿cuál es
tu voluntad Señor?, y el Espíritu Santo que conoce los planes del Padre
celestial para nosotros, nos guiara a Dios expresando nuestra necesidad.
Nuestro Padre celestial no oculta su voluntad para nosotros,
Él desea darnos la información necesaria para que tomemos decisiones correctas
y seamos conformados a la imagen de Jesús. Así como el Espíritu Santo lleva
nuestras necesidades a Dios, también nos indica cuál es la voluntad del Padre
para nosotros.
Muchas veces nos intimidamos ante el poder de la oración
y dejamos de orar antes de recibir una respuesta, por el temor de estar pidiendo
mal. Sin embargo, debemos confiar en que el Espíritu Santo nos llevará delante
del Padre con las peticiones que no estén fuera del plan divino. También
inculcará en nosotros la necesidad de ajustar nuestros deseos; por lo tanto, no
desmayemos, oremos en toda situación confiando que el Espíritu Santo es nuestro
Ayudador.
¡Gracia y Paz!
Meditación Diaria
DIOS ES EXPERTO EN CAMBIAR LÁGRIMAS POR SONRISAS...
Isaías 41:10
"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu
Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra
de mi justicia"
lunes, 11 de agosto de 2014
1 Corintios 13:1-3
1 Corintios 13:1-3
“Si yo hablo en lenguas de hombres y de
ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo
que retiñe. Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo
conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes,
pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi
cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve”.
Juan 13:34
Juan 13:34
Un mandamiento nuevo os doy: que os améis
los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a
los otros.
Deuteronomio 31:8
Deuteronomio 31:8
El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te
desamparará; no temas ni te acobardes.
ORACIÓN
1 Pedro 5:6
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.
Cuanto más altivos nos comportemos, más difícil nos será quebrantarnos. Cuanto más alto estemos, más duro será doblegarnos. Contrariamente cuanto más nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios, ÉL nos exaltará cuando fuere tiempo. ¡Vale la pena someternos hoy a Su voluntad y ponernos bajo Su poderosa mano!
¿YA TE DOBLEGASTE ANTE EL SEÑOR?
¿YA TE DOBLEGASTE ANTE EL SEÑOR?
Cuando nos enfrentamos ante una tragedia, un dolor tan
grande como perder un ser querido, o una enfermedad grave, nuestro corazón se
preocupa, se entristece y se doblega. Doblegarse es ceder voluntariamente ante
una situación, aceptar la voluntad de otro y no la nuestra. Cuando nos sentimos
impotentes ante la adversidad y lo que se agolpa contra nosotros es superior,
no tenemos opciones y doblegamos nuestro orgullo, nuestra altivez, nuestro yo y
nos humillamos.
La palabra de Dios nos dice “Humillaos, pues bajo la
poderosa mano de Dios”. Humillarnos bajo la poderosa mano de Dios es humillarnos
o doblegarnos ante su mano que nos sana, que con amor nos dirige; nos
humillamos bajo su poderosa mano, una mano que nos sostiene, que nos levanta, que
nos abre la puerta de la libertad y de la verdad.
¿Porqué esperar a ser doblegados por otras circunstancias?
¿Porqué esperar a que los vientos contrarios dobleguen nuestro corazón y
debamos ceder nuestra voluntad ante la adversidad? ¿Porqué esperar a ser
quebrantados? ¿No es mejor humillarnos delante del Señor cada día, ponernos
debajo de su cobertura, bajo su sombra y bajo sus alas? ¿No es mejor vivir así
con nuestra cabeza cubierta por su autoridad, reposando bajo su protección y haciendo
Su voluntad sobre la nuestra?
Cuanto más altivos nos comportemos, más difícil nos será
quebrantarnos. Cuanto más alto estemos, más duro será doblegarnos. Contrariamente
cuanto más nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios, ÉL nos exaltará cuando
fuere tiempo. ¡Vale la pena someternos hoy a Su voluntad y ponernos bajo Su
poderosa mano!
1 Pedro 5:6
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de
Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.
Oración:
Abba Padre hoy quiero doblegarme a tu autoridad,
humillarme ante ti, vivir bajo tus alas y depender solamente de tu cuidado. Toma
el control de mi vida, de mi trabajo y de mi familia. Todo lo someto a tu
voluntad Señor, quiero vivir bajo tu protección. Quita de mi toda altivez,
orgullo y autosuficiencia. Hoy me quebranto delante de ti y te rindo mi corazón
y mi voluntad y los pongo bajo tu poderosa mano. Por favor escucha mi oración
Señor y haz tu perfecta voluntad en mi vida cuando fuere tiempo. En el nombre
de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
ORACIÓN
Santiago 1:2-3
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en
diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.
Si estás en medio de una prueba, confía plenamente que
Dios está en control y está al tanto de tu situación. Mantén tu mirada fija en
el Señor, busca su rostro en oración, lee su palabra y aplícala a tu vida
diariamente. Recuerda que él venció al mundo, y esa victoria es tuya. ¡Créelo
con absoluta confianza!
¿TIENES TU MIRADA PUESTA EN EL GALARDÓN?
¿TIENES TU MIRADA PUESTA EN EL GALARDÓN?
Hebreos 11:23-29
“Por la fe Moisés, cuando nació, fue
escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no
temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse
hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de
Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores
riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía
puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira
del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la
pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos
no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e
intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados”.
¿Te gustan las pruebas y las dificultades? ¡Por supuesto
que no! A nadie le gusta pasar por tiempos difíciles. Pero todos sabemos que a
lo largo de nuestras vidas vamos a encontrar esas situaciones adversas. La
pregunta es: ¿Cómo debemos enfrentar estos problemas? La Biblia nos enseña que
la clave es nuestra confianza en el Señor. En Juan 16:33, Jesús les dice a sus
discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo”.
El pasaje de hoy nos cuenta que Moisés se enfrentó a
grandes problemas durante toda su vida, y de todos ellos salió adelante. Cuando
era muy pequeñito, sus padres decidieron ocultarlo, pues Faraón había ordenado
que todos los niños hebreos fueran echados al río (Éxodo 2:1-10). La hija de
Faraón lo encontró y se hizo cargo de él. Moisés creció con los privilegios de
un verdadero príncipe de Egipto, sin embargo obedeció el llamamiento de Dios
para que dejara esa vida de lujos y riqueza, y dedicara su vida a servirle.
Desde luego esto no fue fácil. Moisés sabía que iba a tener problemas, pero
siguió la dirección del Señor y confió en que él le conduciría a la victoria.
Dice el versículo 26 que “tenía puesta la mirada en el galardón”, y el 27 dice
que “se sostuvo como viendo al Invisible”. Esta es la clave de una vida
victoriosa: mantener la mirada fija en la meta y confiar en el Señor en todas
las circunstancias.
¿Pero acaso Dios nos da problemas intencionalmente? En
ocasiones sí, pero cuando lo hace siempre hay un buen propósito detrás. Toda
prueba o dificultad es una oportunidad para dar un paso adelante en nuestro
crecimiento espiritual. Por eso el apóstol Santiago puede hacer una afirmación
que a muchos parece una locura: “Tened por
sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de
vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3). Cuando enfrentamos una
prueba desarrollamos paciencia, y por medio de la paciencia obtenemos
fortaleza. A medida que esa fortaleza se desarrolla, el resultado es un
sorprendente paso de avance en nuestra madurez espiritual, y en nuestra
preparación para las luchas de la vida.
Eso es precisamente lo que Dios quiere lograr en cada uno
de nosotros a través de las pruebas: fortalecernos. Porque él sabe que vamos a
necesitar esa fortaleza para triunfar en las pruebas que se nos presenten. Al
igual que Moisés “tenía puesta la mirada en el galardón”, Dios quiere que nosotros
mantengamos nuestra mirada fija en él. Hebreos 12:2 nos exhorta a que “corramos
con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el
autor y consumador de la fe”.
Si estás en medio de una prueba, confía plenamente que
Dios está en control y está al tanto de tu situación. Mantén tu mirada fija en
el Señor, busca su rostro en oración, lee su palabra y aplícala a tu vida
diariamente. Recuerda que él venció al mundo, y esa victoria es tuya. ¡Créelo
con absoluta confianza!
ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias porque las pruebas que tú
permites en mi vida siempre tienen un buen propósito. Ayúdame a enfrentarme a
ellas confiado en que tú estás en control y me conducirás a la victoria. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













