lunes, 14 de julio de 2014
sábado, 12 de julio de 2014
Mateo 25:34-40
Mateo 25:34-40
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.
¿TÚ REFLEJAS LA LUZ DE CRISTO?
¿Tú reflejas la
luz de Cristo?
Juan 9:35-41
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y
hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién
es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que
habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para
juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven,
sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto,
le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro
pecado permanece”.
A través de toda la Biblia vemos como el tema de la
ceguera se menciona con frecuencia. Generalmente se usa este término como una
metáfora, representando la incapacidad espiritual del ser humano para ver la
verdad de Dios. Así es que “ceguera” es una manera de representar el hecho de
vivir espiritualmente en la oscuridad. Describe la incapacidad de discernir la
verdad y la revelación de Dios a través de Jesucristo. Al igual que una persona
que es físicamente ciega no es capaz de ver la revelación visible de Dios, es
decir la creación, la persona que es espiritualmente ciega no puede ver la
revelación invisible de Dios, o sea su gracia y su infinito amor.
El pasaje de hoy nos habla de un hombre ciego de
nacimiento, al cual Jesús había sanado unas horas antes. Como era día de
reposo, cuando los fariseos se enteraron de lo sucedido lo expulsaron de la
sinagoga. Esto llegó a oídos de Jesús, el cual se encontró con el hombre y se
reveló ante él como el "Hijo de Dios". Cuando el hombre creyó y le
adoró, el Señor le dijo: “Para juicio he venido yo a este mundo; para que los
que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”. Una traducción más clara del
griego es: “Para juicio he venido a este mundo, para que aquellos que saben que
no pueden ver, vean y aquellos que creen que ven, sean confirmados en su
ceguera”. Jesús revela aquí un principio muy importante en nuestra relación con
él: “Si somos jactanciosos y nos consideramos muy entendidos en las cosas de la
vida, tendremos que resolver nuestros problemas nosotros mismos; sin embargo si
humildemente reconocemos nuestra incapacidad, él se manifestará en nuestras
vidas”.
Jesús vino a dar vista espiritual a aquellos que admiten
que la necesitan y a hacerles saber a aquellos que creen que ven, que realmente
son ciegos. Él vino a traer salvación a todos los que reconocen su incapacidad
de salvarse a sí mismos, y creen y aceptan su sacrificio en la cruz. Los que
son autosuficientes y no creen, así mismos se están juzgando y condenando. Una
de las características principales de un ciego espiritual es que no admite la
falta de vista. Los fariseos no admitían su ceguera, por eso preguntaron a
Jesús: “¿Acaso nosotros somos también ciegos?” Jesús les respondió: “Si fuerais
ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: vemos, vuestro pecado
permanece”. En otras palabras, si reconocieran que están ciegos, yo podría
hacer algo por ustedes, pero como dicen que ven, no hay absolutamente nada que
yo pueda hacer por ustedes. Continuarán siendo ciegos para siempre. Este es el
resultado de la ceguera espiritual: condenación eterna. Pero en Juan 8:12,
Jesús les ofrece una esperanza: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no
andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Los que en algún momento reconocimos nuestra ceguera
espiritual y aceptamos a Jesucristo como Salvador, recibimos su luz redentora
que nos sacó de las tinieblas. Por esa razón, hoy tenemos una gran
responsabilidad en este mundo: reflejar la luz de Cristo dondequiera que
estemos. Jesús dice en Mateo 5:14: “Vosotros sois la luz del mundo”. Y entonces
nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Nuestro testimonio puede mover a muchos que están ciegos
a nuestro alrededor a que dispongan su corazón para recibir la única luz que
puede sanarlos de la ceguera espiritual: la luz de la salvación que viene a
través de Jesús. Seamos instrumentos en manos de Dios para que su nombre sea
glorificado.
ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a disponer mi corazón para
recibir la única luz que puede sanarme de la ceguera espiritual y capacítame
para que yo pueda reflejar la luz de Cristo a través de mi testimonio, y
aquellos que me rodean puedan llegar a ver lo que su ceguera espiritual ahora les
impide que vean. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 11 de julio de 2014
ORACIÓN
¿Has sufrido una decepción? ¿Hay algún “muro” que
necesita ser reparado en tu vida? No te desanimes. Pon tu confianza en Dios,
como hizo Nehemías, y da un paso de fe con absoluta seguridad en la victoria.
Nunca olvides que aquel que está en ti es más grande que cualquier obstáculo
que esté impidiendo su reparación. Y que “si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros?”, dice Romanos 8:31.
ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, gracias nuevamente por este día y
gracias también porque puedo traer ante ti cualquier desilusión o decepción de
las tantas que he sufrido a lo largo de mi vida. Por favor te pido aumentes mi fe
para que vea que en tu amor y tu poder encontraré el ánimo, la paz y las
fuerzas para seguir adelante hasta la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
¿HOY TE ENCUENTRAS LUCHANDO CONTRA EL DESÁNIMO?
¿Hoy te encuentras
luchando contra el desánimo?
Nehemías 2:11-15
“Llegué, pues, a Jerusalén, y después de
estar allí tres días, me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y
no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese
en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo
cabalgaba. Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y
a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban
derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. Pasé luego a la
puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde
pasase la cabalgadura en que iba. Y subí de noche por el torrente y observé el
muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví”.
Nehemías era un hombre que amaba a Dios. Él se encontraba
en Persia cuando llegó a sus oídos la noticia de que el muro de Jerusalén había
sido derribado y sus puertas quemadas. Esto le afectó profundamente y lloró, e
hizo duelo, y ayunó y oró por varios días (Nehemías 1:4). Entonces Dios puso en
el corazón de Nehemías la enorme tarea de reconstruir los muros. El rey
Artajerjes de Persia, de quien Nehemías era el copero, notó la tristeza de su
siervo y a petición de éste le concedió que fuese a Jerusalén con el fin llevar
a cabo la difícil tarea de la reconstrucción (Nehemías 2:1-6).
Cuando Nehemías llegó a Jerusalén pudo ver con sus
propios ojos la destrucción que había por todos lados, nos cuenta el pasaje de
hoy. Entonces reclutó a unos cuantos hombres, a los cuales se dirigió
diciéndoles: “Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta,
y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de
Jerusalén, y no estemos más en oprobio” (Nehemías 2:17). Seguidamente añadió
este hombre de Dios: “Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido
buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron:
Levantémonos y edifiquemos”. Sin duda las noticias no eran buenas, pero
aquellos hombres, entusiasmados por la exhortación de Nehemías, se levantaron
decididos a derrotar la tristeza y la decepción que había caído sobre ellos, y
pusieron manos a la obra de reconstrucción del muro.
Todo ser humano va a encontrar situaciones en su vida que
lo van a decepcionar. Nadie está exento de esto. Pero no todos reaccionan de
igual manera ante la decepción o la desilusión. Algunos son más afectados que
otros, llegando a caer en un estado de desánimo tal que puede llevarlos a la
depresión y a una total parálisis. ¿Qué podemos hacer para recuperarnos de una
fuerte decepción o contrariedad?
Es importante entender que el desánimo no es más que una
de las opciones que puede elegir cada persona que se siente decepcionada o
desilusionada. Este es un estado de la mente y del espíritu en el cual nos
volvemos temerosos y perdemos la confianza en nosotros mismos, en Dios o en los
demás. Podemos caer en el desánimo si nos dejarnos controlar por los efectos de
la desilusión, o podemos enfrentarnos a la situación y considerar otras
opciones, como hizo Nehemías. No es que él fuera un soñador optimista, sino que
su confianza estaba puesta en la mano y el poder del Dios todopoderoso. Así se
enfrentó a aquellos que se oponían a la obra de reconstrucción, diciéndoles:
“El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos
levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni
memoria en Jerusalén”. Sólo una gran fe en Dios puede dar lugar a tal seguridad
en la victoria, a pesar de tantas circunstancias negativas. De esta manera
lograron edificar el muro. Y dice la Biblia en Nehemías 12:27 que dedicaron el
muro e hicieron fiesta “con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y
cítaras”.
¿Has sufrido una decepción? ¿Hay algún “muro” que
necesita ser reparado en tu vida? No te desanimes. Pon tu confianza en Dios,
como hizo Nehemías, y da un paso de fe con absoluta seguridad en la victoria.
Nunca olvides que aquel que está en ti es más grande que cualquier obstáculo
que esté impidiendo su reparación. Y que “si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros?”, dice Romanos 8:31.
ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, gracias nuevamente por este día y
gracias también porque puedo traer ante ti cualquier desilusión o decepción de
las tantas que he sufrido a lo largo de mi vida. Por favor te pido aumentes mi fe
para que vea que en tu amor y tu poder encontraré el ánimo, la paz y las
fuerzas para seguir adelante hasta la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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