lunes, 30 de junio de 2014

¿CREES QUE TUS ORACIONES SERÁN CONTESTADAS?



¿CREES QUE TUS ORACIONES SERÁN CONTESTADAS?

Juan 16:23-27
“En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios”.

Al haber aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador hemos sido “justificados” y también reconciliados con Dios, dice Romanos 5:1. Nuestra unión con Cristo por medio de su sangre derramada hizo posible que ahora tengamos una relación de intimidad con Dios Padre. Este es el resultado fundamental de nuestra salvación. Pero hay otros aspectos muy importantes que se derivan de este extraordinario evento en nuestras vidas:

Acceso: La Biblia nos asegura que podemos llegarnos ante el trono de la gracia de Dios con toda confianza. Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. La razón es que la muerte y resurrección de Cristo eliminó la culpa que pesaba sobre nosotros, perdonando nuestros pecados y derribando las barreras que nos impedían el acceso a Dios el Padre.

Autoridad: Por la obra de la sangre de Jesús derramada en la cruz del Calvario, los creyentes hemos pasado de la esclavitud del pecado a la condición de hijos de Dios, lo cual nos hace sus herederos. Dice Gálatas 4:7: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”. Como tales, hemos recibido su autoridad y tenemos el derecho de orar en el nombre de Jesús, el cual está a la diestra del Padre e intercede por nosotros (Romanos 8:34).

Acuerdo: Para orar en el nombre de Jesús, no solamente debemos tener su autorización, sino que también debemos estar de acuerdo con él. Si pedimos algo que está fuera de la voluntad de Dios, podemos tener la seguridad de que no vamos a recibirlo. Nuestra petición debe reflejar el carácter de Jesucristo y la sustancia de sus palabras. Así lo afirmó Jesús en Juan 15:7: “Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho”. Cuando permanecemos en la palabra de Dios y pedimos conforme a su voluntad, debemos tener la absoluta seguridad de que nuestra oración será escuchada y contestada. Sobre esta base, en el pasaje de hoy, Jesús nos garantiza que “todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará”.

Entonces, ¿podemos estar seguros de que Dios contestará todas las oraciones que elevemos a él en el nombre de Jesús? En primer lugar debemos tener en cuenta que nuestro Padre celestial no va a darnos algo que pueda traer desgracia a nuestras vidas, de la misma manera que un padre terrenal que ama a su niño no le va a dar un filoso cuchillo o cualquier otra arma peligrosa aunque el pequeño la pidiere. En esencia, cuando pedimos algo en el nombre de Jesús, estamos diciendo que nosotros creemos que el propio Jesús pediría lo mismo si se encontrara en nuestra situación.

Una vez entendemos todo esto, y lo creemos de corazón podemos esperar confiadamente la respuesta de Dios a nuestras oraciones conforme a sus planes para nuestras vidas, los cuales son “planes de bienestar” (Jeremías 29:11), de acuerdo a su voluntad que es “agradable y perfecta” (Romanos 12:2), y en el tiempo que él estime conveniente. David escribió en el Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. Cuando seguimos las instrucciones del Señor y esperamos en él confiadamente, recibiremos mucho más de lo que esperamos porque él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, dice Efesios 3:20.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, gracias por Jesucristo, por la salvación que nos has dado a través de él y por la seguridad que tenemos de que podemos acercarnos a ti en cualquier momento con nuestras necesidades, sabiendo que tú las suplirás conforme a tu voluntad. Por favor, ayúdame a permanecer en tu palabra y a obedecerla como lo hizo Jesús. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

¿NO SABES CÓMO DAR EL PRIMER PASO PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS QUE TIENES?



¿No sabes cómo dar el primer paso para resolver los problemas que tienes?

Deuteronomio 2:24-25
"Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él. Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti".

Esta escritura nos cuenta acerca de una gran tarea que Dios encomendó a Moisés, y de las instrucciones que le dio para llevarla a cabo. Después de casi 40 años en el desierto, el Señor le dijo a Moisés que se aproximaba el momento en el que su pueblo tomaría posesión de la tierra que él les había prometido. La primera tarea era tomar la tierra de Hesbón, la cual se encontraba entre los israelitas y Canaán, su destino final, y cuyo rey, llamado Sehón, Dios había “entregado” en su mano. La orden de Dios fue: “Comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él”. Claro que Dios pudo haber eliminado a Sehón y su pueblo sin la ayuda de nadie, pero él mandó a Moisés y los israelitas a dar el primer paso.

Moisés obedeció las órdenes de Dios, y tal como fue prometido, el rey Sehón fue derrotado y el pueblo de Israel tomó posesión de toda su tierra, del ganado y de sus riquezas (Deuteronomio 2:26-37). Pero esto no fue todo, sino que más adelante les salió al encuentro Og rey de Basán y todo su pueblo, con el fin de pelear con ellos. Y Jehová le dijo a Moisés: “No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo”. De nuevo Moisés obedeció dando un paso al frente, y a todos ellos los entregó Dios en manos de los israelitas (Deuteronomio 3:1-7).

Más adelante, Dios decidió que sería Josué, en lugar de Moisés, el que guiaría a los israelitas en su entrada a la tierra prometida. En Josué capítulo 3, el Señor le habla al nuevo líder y le asegura: “Como estuve con Moisés, así estaré contigo” (v.7). Entonces le da órdenes específicas de como cruzar el río Jordán: “Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón” (Josué 3:8-13). Ciertamente se necesitaba fe y valor para entrar caminando a un río tan caudaloso. Pero tan pronto ellos obedecieron las instrucciones, y los pies de los sacerdotes se mojaron, las aguas del Jordán fueron divididas en dos, “y el pueblo pasó en dirección de Jericó” (v.15-16).

De todo esto aprendemos una gran lección que debemos aplicar a nuestras vidas: Dios está siempre dispuesto a ayudarnos a resolver cualquier problema al que nos enfrentemos, pero él espera que nosotros mostremos nuestra fe dando un paso al frente. Entonces él se encargará del resto y nos dará la victoria. Es una tarea en la que nosotros participamos. Dios hace la parte principal, pero nosotros debemos ser obedientes y unirnos a él.

Jesús nos habla de una manera similar en Mateo 11:28-29 cuando nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros...” Cuando se coloca el yugo sobre dos bueyes se está tratando de lograr dos cosas: repartir la carga del trabajo entre los dos y sobretodo asegurarse de que el menos experimentado de los dos bueyes se someta a la dirección del más experimentado, el cual ya conoce el camino a seguir. Jesús espera que demos el primer paso, es decir venir a él. Entonces nos exhorta a dejarnos guiar por él que conoce el camino que lleva a la victoria.

Si sientes temor ante los problemas o la tarea que tienes frente a ti, clama a Dios y pídele que te muestre el camino que debes seguir, y que te dé el valor para dar el primer paso. Una vez lo hagas, el Señor se encargará de lo demás.

ORACIÓN:
Padre santo, dame discernimiento espiritual para poder ver el camino que tú quieres que yo siga, y dame la fe y el valor para dar el primer paso aunque me parezca una tarea imposible para mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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sábado, 28 de junio de 2014

Salmo 27:1



Salmo 32:10



ORACION


ORACIÓN:

Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas a mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¿CÓMO DEMUESTRAS TU AMOR A DIOS?



¿Cómo demuestras tu amor a Dios?

Juan 14:21
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.

Un consejero cristiano famoso, dice que la mayoría de las personas expresan su amor hacia los demás a través del contacto, dando, sirviendo, compartiendo un buen tiempo, haciendo regalos o diciendo “te amo” con acciones que puedan expresarlo más efectivamente que las palabras. A veces algo tan sencillo como una palmada en la espalda o un brazo alrededor del hombro pueden hacerle sentir a alguien cuánto le apreciamos.

Al igual que entre las personas existen estas demostraciones de amor, también nosotros podemos mostrarle nuestro amor a Dios. ¿De qué manera podemos demostrarle al Señor que le amamos? La Biblia está llena de pasajes que nos enseñan diferentes formas de expresarle a nuestro Padre celestial el amor que sentimos por él. Una de ellas es por medio de nuestra obediencia. En el pasaje de hoy Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”. Es decir, el que ama al Señor es aquel que no solamente conoce sus mandamientos sino que los obedece. Por el contrario, el que no le obedece es porque no le ama. Así dice el Señor más adelante en este capítulo: “El que no me ama, no guarda mis palabras”.

También mostramos amor a Dios consolando a los que sufren, así como viviendo una vida de santidad. El apóstol Santiago escribe en su epístola que “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Es decir, hechos y no solamente palabras expresan mucho mejor el amor que proviene del Espíritu Santo, y que por lo tanto agrada a nuestro Padre celestial. Cuando le damos ánimo a alguien en medio de una situación difícil, agradamos a Dios, y así le mostramos nuestro amor.

Cada vez que de alguna manera ayudamos a un necesitado, estamos demostrando al Señor que le amamos. La Biblia nos habla en Mateo 25:31-46 acerca del día cuando Jesús regrese en su gloria a juzgar a las naciones. Allí el Señor “apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Entonces Jesús dirá a los de su izquierda, los cuales no hicieron nada de esto: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Finalmente, demostramos nuestro amor al Señor cuando pasamos tiempo con él diariamente. No hay señal más evidente de amor por una persona que desear estar a su lado el mayor tiempo posible. David expresa su amor por Dios, y nos exhorta a que lo hagamos nosotros cuando nos dice: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Deleitarse es sentir una gran satisfacción o placer al hacer algo. Si de verdad amamos al Señor, disfrutaremos plenamente de su compañía; por tanto nos resultará fácil separar un tiempo todos los días para acercarnos a él en oración y meditar en su palabra.

ORACIÓN:
Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas a mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 26 de junio de 2014

Apocalipsis 21:7


¿SABES CÓMO LUCHAR CONTRA LA TENTACIÓN?



¿SABES CÓMO LUCHAR CONTRA LA TENTACIÓN?

Génesis 3:17-24
“Y Dios dijo al hombre: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”.

Cuando Adán y Eva se enfrentaron a la tentación presentada por la serpiente, se quedaron tan absortos con un árbol en el huerto del Edén que no fueron capaces de ver todo el bosque que les rodeaba. Sin duda su acción tuvo un precio muy elevado. La escritura de hoy nos habla de las consecuencias de su decisión. El jardín del Edén había sido creado especialmente para ellos. Allí no había maldad, pruebas, enfermedad ni muerte. Disfrutaban la compañía del Creador mismo. No obstante renunciaron a todo eso por satisfacer un deseo. Dice Génesis 3:6: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.

El error de ellos aún nos afecta a todos. Cuando nos encontramos frente a una tentación, muchas veces perdemos de vista nuestras prioridades. El problema es que en ese momento nuestra mente se concentra en la idea de disfrutar de un “árbol” específico, y nos perdemos todo el bosque de la bondad de Dios. La tentación siempre nos va a mostrar algo que nos atrae, que nos gusta, que nos parece delicioso. La reacción de la carne siempre será animarnos a “disfrutar el momento”, sin pensar en las consecuencias. Es aquí donde debemos preguntarnos si eso está de acuerdo a los principios y a la voluntad de Dios. Si la respuesta es “no”, debemos rechazarla inmediatamente. Lo más probable es que no tengamos las fuerzas para hacerlo, por lo que debemos acudir a Dios en oración buscando fortaleza para resistir.

En el huerto de Getsemaní, Jesús luchó contra la tentación que lo impulsaba a huir de la cruz que le esperaba, postrándose en oración tres veces y cediendo su voluntad a la voluntad del Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Entonces Dios envió un ángel que le fortaleció y le capacitó para vencer la tentación, y así caminó hacia su muerte en la cruz del Calvario con el fin de pagar por todos nuestros pecados y darnos la vida eterna. Allí el Señor les dio un último consejo a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Si seguimos este consejo de Jesús, y clamamos a Dios que nos ayude a resistir la tentación, él lo hará y nosotros saldremos victoriosos de la prueba, y en lugar de sufrir malas consecuencias como Adán y Eva, recibiremos una recompensa divina, según nos dice Santiago 1:12: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”.

ORACIÓN:
Padre mío y eterno Dios, te ruego que me ayudes a velar y mantenerme alerta ante las asechanzas del enemigo, y dame las fuerzas para soportar la tentación y rechazar todo aquello que no esté de acuerdo a tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



1 Timoteo 6:7


miércoles, 25 de junio de 2014

2 Crónicas 7



ORACIÓN



ORACIÓN:

Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra, pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¿SABES DIFERENCIAR LO VERDADERO DE LO FALSO?



¿Sabes diferenciar lo verdadero de lo falso?

Proverbios 12:17
“El que habla verdad declara lo que es justo, pero el testigo falso afirma mentiras”.

Desde muy pequeños oímos a nuestros padres hablar acerca de la “verdad” y de la “mentira”. Nos dicen que debemos decir siempre la verdad, que nunca debemos decir mentiras. Pero a medida que crecemos y envejecemos nos va resultando más difícil entender exactamente qué es la verdad, dónde está la verdad de la vida, cuánto de todo lo que leemos, oímos y vemos es verdad y cuánto es mentira. Hay ocasiones en las que muchos están en desacuerdo con algo que han oído y dicen: “¡Esto es mentira!”, mientras que otros dicen acerca de lo mismo: “¡Esto es verdad!” Entonces, ¿qué es la verdad?

Cuando se acercaba el momento de su muerte, Jesús les habló a sus discípulos tratando de alentarlos y de eliminar cualquier duda o temor de ellos. “No se turbe vuestro corazón…”, les dice, “…creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1). Y seguidamente les afirma: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Finalmente hace esta poderosa afirmación: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (v.6). Es decir, no es Jesús uno de muchos caminos; él es el único "camino" al Padre. De igual manera, no es Jesús alguien que enseña la verdad; él es “la verdad.” Jesucristo, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado es la única y absoluta verdad, la cual encontramos en las Escrituras. Y quienes le reciben tienen vida eterna porque él es “la vida”.

En Juan capítulo 5, Jesús se enfrenta a un grupo de judíos que procuraban matarlo porque había sanado a un paralítico en el día de reposo. También lo acusaban de otras cosas, entre ellas porque “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (v.18). Estos eran los mismos religiosos que se esforzaban por aparentar que andaban en los caminos correctos, que eran grandes conocedores y estrictos cumplidores de la ley de Dios. Por eso el Señor les dice: “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (v.39). Es decir: "Ustedes leen las Escrituras pero no creen la verdad que hay en ellas; por eso no vienen a mí para que tengan vida". Todo esto porque ellos preferían seguir sus propios rituales y tradiciones.

No existe otra manera de conocer la verdad que no sea escudriñando las Escrituras, meditando en ellas, y aplicándolas en nuestras vidas. Entonces y sólo entonces seremos libres. Así les dijo Jesús a unos judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). La única manera de salir de la esclavitud de la mentira y construir una barrera contra lo falso es saturando la mente con la verdad.

La Biblia debe ser nuestra guía. Toda pregunta, toda duda, toda confusión debe ser aclarada bajo la luz poderosa de la Palabra de Dios. ¿Qué crees en cuanto al matrimonio? ¿Es para toda la vida? ¿O crees que está bien desertar cada vez que se vuelva inconveniente o un estorbo para tu vida? ¿Y qué de los hijos, los amigos, el dinero, la iglesia, los pastores? ¿Qué de asuntos morales como la delincuencia, el aborto, la homosexualidad, el adulterio y la fornicación? Si no estás seguro acerca de cualquiera de estos temas u otros, es necesario que leas la Biblia y que la escudriñes hasta que escuches la respuesta de Dios. Pregunta al Espíritu Santo: “¿Qué quiere decirme el Señor por medio de este pasaje?” No preguntes como el mundo pregunta: “¿Cómo puedo interpretar este pasaje, de manera que me resulte conveniente?”

Pídele a Dios que él forme tus convicciones a través de su Palabra. Hazte el hábito de dedicar un tiempo cada día a la lectura de la Biblia y la oración. Si meditas detenidamente en la enseñanza de hoy y la crees de corazón, el Espíritu Santo obrará en tu vida capacitándote para discernir y diferenciar lo verdadero de lo falso. Entonces conocerás la verdad y disfrutarás plenamente de una vida llena de la paz y el gozo del Señor.

ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, gracias te doy por tu Palabra, pues a través de ella puedo conocer la verdad. Dame discernimiento espiritual para poder sacar de ella el conocimiento que necesito para diferenciar lo falso de este mundo de lo verdadero que proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACION


¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?



¿TE CUESTA TRABAJO ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?

Éxodo 19:4-6
“Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”.

Los israelitas habían sido liberados de la esclavitud en Egipto por Moisés, bajo la dirección y el poder de Dios. Tres meses después llegaron frente al Monte Sinaí donde Dios esperaba por ellos. Allí el Señor, por medio de Moisés, les ofrece un pacto. Este pasaje nos muestra las palabras de Dios al pueblo de Israel. En resumen, si ellos obedecían, él los bendeciría. Muchas veces la voluntad de Dios es tan clara como el sol en un día sin nubes. Sin embargo, llevarla a cabo puede ser tan difícil como capturar el sol y ponerlo en tu bolsillo. Tú sabes bien lo que debes hacer pero no puedes o no quieres ponerlo en práctica.

Los israelitas enfrentaron este dilema cuando estaban a punto de entrar a la tierra prometida. Después de una larga trayectoria a través del desierto, finalmente llegaron frente a la tierra de Canaán. Entonces Moisés les recordó el pacto que el Señor había hecho con ellos, con estas palabras: “Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos” (Deuteronomio 27:10). Moisés sabía que Israel no estaría bajo la protección de Dios si ellos no obedecían. Pero ellos olvidaron este principio tan importante. Números capítulo 13 nos narra lo que sucedió después. Dice el v.1: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel”. Ciertamente estaban muy claras las instrucciones de Dios: él les estaba dando aquella tierra a los israelitas, y quería que un grupo de hombres la reconocieran, con el fin de que no quedara duda aun a los más incrédulos de que realmente era la “tierra que fluye leche y miel” que él les había prometido.

Entonces Moisés mandó a doce príncipes, uno de cada tribu, a reconocer la tierra, y después de cuarenta días regresaron con el informe de lo que vieron. Diez de los doce hombres describieron un escenario totalmente pesimista de lo que les esperaba, incluyendo la presencia de enormes gigantes a los cuales tendrían que enfrentarse. Después incitaron al pueblo a volver atrás y no continuar el camino que llevaban. Solamente dos de ellos, Caleb y Josué, mostraron absoluta confianza en el plan de Dios de entregarles a ellos aquella tierra, y exhortaron al pueblo a seguir adelante.

Los israelitas habían escuchado claramente la voz de Dios a través de sus líderes. Ahora tenían que escoger entre dos opciones: obedecer al Señor y tomar posesión de la tierra prometida que él les estaba entregando, o hacerles caso a aquellos diez hombres y retirarse para evitar enfrentarse a los habitantes de aquella tierra. Finalmente decidieron no obedecer la voz de Dios y se volvieron atrás movidos por el miedo y la falta de fe. Esto trajo como consecuencia que deambularan por el desierto cuarenta años, y la mayoría de ellos nunca pudieron disfrutar de la tierra prometida.

Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como salvador somos actualmente el pueblo de Dios. Como tal debemos aplicar esta enseñanza a nuestras vidas. Jesús lo dijo muy claramente en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. No se trata solamente de conocer los mandamientos, es necesario guardarlos, es decir obedecerlos. Entonces el Señor se manifestará. No es suficiente con oír la voz de Dios, es imprescindible cumplir sus órdenes. La Biblia nos dice en Santiago 1:22: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Por el contrario, obedecer los mandamientos de Dios siempre resultará en bendiciones.

Si deseas escuchar la voz de Dios, lee diariamente su palabra y medita en ella. Una vez conozcas la voluntad del Señor, ora pidiendo que el poder de su Santo Espíritu se manifieste en ti y te dé la fuerza y el valor para obedecerla. Entonces recibirás bendiciones abundantes.

ORACIÓN
Padre celestial, perdóname por ser tan necio, perdóname por ser tan ciego, porque no obstante que tú me enseñas tus mandamientos a través de tu Palabra, aun así soy desobediente. Te ruego me ayudes a escuchar tu voz con claridad, y, por favor, dame la fe y el valor para obedecerte siempre, aun en contra de mi voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla