viernes, 25 de abril de 2014

¿Das gracias a Dios por los alimentos?





¿Das gracias a Dios por los alimentos?

1 Timoteo 4:1-5
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”.

El pasaje de hoy es parte de la primera carta que el apóstol Pablo escribió a su hijo espiritual Timoteo. Aquí él envía a la Iglesia una enérgica advertencia contra falsos maestros que, “escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”, prohibían casarse y consumir ciertos alimentos que, según ellos, satisfacían el cuerpo pero afectaban negativamente el espíritu. Pablo se muestra totalmente en contra de esta falsa doctrina, pues “todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias”. El énfasis está precisamente en reconocer que Dios es nuestro proveedor y darle gracias a él por su provisión. Lamentablemente hay una gran cantidad de familias cristianas que se sientan a la mesa, y no dedican siquiera un minuto para darle gracias al Señor por los alimentos que están a punto de ingerir.

Una pequeña historia nos habla de un niño que un día fue invitado a cenar en casa de un amiguito. Cuando el pequeño se sentó a la mesa, como era la costumbre en su hogar, inclinó la cabeza y esperó que alguien diese gracias por los alimentos. Sin embargo, las demás personas que estaban a la mesa comenzaron a servirse la comida. El niño levantó la cabeza y, mostrando la inocencia propia de su edad, dijo: “Ustedes son iguales que mi perro. Empiezan a comer enseguida”. Resulta gracioso imaginar la cara que pusieron los presentes ante esta expresión del niño, pero es una triste realidad que está sucediendo no sólo en el mundo sino también en la Iglesia de Cristo. A la mayoría de los cristianos no les resulta fácil vivir consientes de que los alimentos y todo lo demás que tenemos son un regalo de Dios, y que a él debemos darle gracias.

Esta actitud refleja el mismo problema que Pablo destacó en su carta a los Romanos al referirse al pecado de ingratitud entre los gentiles. Dice Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. Aquellos que han conocido al Señor y saben que nuestro pan de cada día procede no del mercado, sino en realidad de la gracia y el amor de nuestro Padre y no le dan gracias están actuando de esta manera, la cual no glorifica el nombre de Dios.

Jesús nos dio un buen ejemplo mientras celebraba la última cena con sus discípulos pocas horas antes de su muerte en la cruz. El apóstol Pablo describe este momento en su primera carta a los Corintios capítulo 11, versículos 23 y 24: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí”. Si Jesús solía dar gracias al Padre por los alimentos, ¿no crees que nosotros debíamos seguir su ejemplo? Sin embargo, muchas veces actuamos de manera similar al pueblo de Israel a quien Dios proveyó del maná o “pan del cielo” diariamente mientras cruzaban el desierto, y no lo agradecieron sino más bien se quejaban constantemente.

En 1 Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Ciertamente debemos agradecer a Dios por todas sus bendiciones y por su amor y su misericordia. Y cuando vemos en la televisión y en los periódicos la miseria en la que viven y el hambre que están pasando millones y millones de personas alrededor del mundo, deberíamos sentir en nuestros corazones el deseo de agradecer a Dios por su provisión diaria de alimentos.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por tu amor y por tu provisión diaria, tanto en el área de los alimentos como en todos los demás aspectos de mi vida. Por favor, ayúdame a reconocer que todo lo que tengo lo debo a tu amor infinito, y a expresarte mi agradecimiento siempre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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jueves, 24 de abril de 2014

¿Sabes cómo andar en el Espíritu de Dios?





¿Sabes cómo andar en el Espíritu de Dios? 

Gálatas 5:16-17
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, y somos sellados como propiedad de Dios, dice 2 Corintios 1:21-22. Entonces comienza en nuestras vidas una batalla entre nuestra naturaleza carnal, la cual hasta ese momento hizo siempre su voluntad con el fin de satisfacer sus deseos, y el Espíritu Santo cuya función es hacer cambios profundos en nuestro ser y guiarnos por un nuevo camino haciendo la voluntad de Dios. Así les dijo Jesús a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

En el pasaje de hoy, parte de la carta del apóstol Pablo a los creyentes de Galacia, dice: “Andad en el Espíritu”. “Andar en el Espíritu” es dejar que el Espíritu Santo dirija nuestras vidas. Es vivir en todo momento dependientes de él, sensibles a su voz y obedeciendo sus instrucciones, las cuales están escritas en la Biblia, que es “la espada del Espíritu” (Efesios 6:17). “Andar en el Espíritu” es, en esencia, “caminar” con él, permitiéndole que guíe nuestros pasos y transforme nuestras mentes y nuestra manera de ser. Entonces se cumplirá el propósito fundamental de nuestra conversión, según dice 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Al otro lado de esta batalla está nuestra naturaleza pecaminosa, “la carne”, la cual nos impulsa constantemente hacia el pecado. Por eso Pablo les advierte seguidamente: “…y no satisfagáis los deseos de la carne”, pues invariablemente esta acción traerá malas consecuencias. Contrario a lo que muchos piensan, la expresión “los deseos de la carne” no se refiere exclusivamente al aspecto sexual. Hay muchas otras situaciones en la vida en las que podemos aplicar este término. Por ejemplo, comidas o bebidas que nos gustan, pero no son buenas para la salud, o las ingerimos en exceso. También podemos incluir el consumo de ciertas substancias que crean adicción y son realmente dañinas para nuestro cuerpo. Asimismo nuestra relación con las demás personas, nuestro comportamiento en el orden moral, etc. Resumiendo, todo aquello que pueda afectar negativamente nuestra salud física, mental o espiritual debe ser rechazado, aunque nuestros deseos nos indiquen lo contrario.

Más adelante el Señor es más específico y nos da una lista de unas cuantas de “las obras de la carne”. Y afirma que “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Por eso el Espíritu Santo se opone a estos deseos. Los planes de Dios para nuestras vidas son de bienestar y de prosperidad, dice Jeremías 29:11. Pero para que estos planes se conviertan en realidad es necesario vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Cuando lo hacemos, entonces el Espíritu produce en nosotros su fruto, el cual es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5:22-23). Estos son los ingredientes para una vida victoriosa, la “vida en abundancia” de la que habla Jesús en Juan 10:10. El Señor nos advierte de la siguiente manera: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Lamentablemente la persona del Espíritu Santo es la más ignorada por el pueblo de Dios. No es difícil encontrar cristianos (incluso ministros) que no tienen el hábito de leer la Biblia diariamente, que no consideran importante pasar tiempo en oración y mucho menos tener períodos de ayuno buscando la presencia de Dios. Esto resulta en una condición de debilidad espiritual, la cual no nos ayuda en nuestra lucha contra las tentaciones. Más bien debemos buscar la fortaleza espiritual siguiendo el consejo de Jesús a sus discípulos allí en Getsemaní a pocas horas de su muerte en la cruz: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

ORACION:
Padre santo, te ruego me des discernimiento espiritual para identificar las cosas que yo deseo, pero que no están de acuerdo a tu voluntad, y la fuerza para rechazarlas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 23 de abril de 2014

¿Temes a la crítica por servir a Dios?





¿Temes a la crítica por servir a Dios?

Mateo 26:6-13
“Y hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se le acercó una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre su cabeza cuando estaba sentado a la mesa. Pero al ver esto, los discípulos se indignaron, y decían: ¿Para qué este desperdicio? Porque este perfume podía haberse vendido a gran precio, y el dinero habérselo dado a los pobres. Pero Jesús, dándose cuenta, les dijo: ¿Por qué molestáis a la mujer? Pues buena obra ha hecho conmigo. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Pues al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. En verdad os digo: Dondequiera que este evangelio se predique, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, en memoria suya”.

Todos pasamos por momentos en nuestras vidas en que somos juzgados, censurados o criticados por algo que hemos hecho. Siempre ocasiona dolor el ser criticados o humillados por alguien, pero especialmente cuando nuestra acción ha sido motivada por un deseo de servir y agradar a Dios. En el pasaje de hoy, aquella mujer tomó un frasco de perfume “muy costoso” y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras él estaba sentado a la mesa. La Biblia no dice que sucedió algo espectacular en esa ocasión como consecuencia de ese gesto de amor de aquella mujer. No hubo almas salvadas, nadie se convirtió, ni hubo ninguna manifestación de aprobación de parte de los que estaban en la habitación. Todo lo contrario, la mujer fue censurada severamente por los discípulos de Jesús. Su acción fue interpretada por ellos como ilógica, extravagante e irresponsable. Y por eso la criticaron duramente. Pero el Señor vio aquel acto de una manera completamente distinta. El elogio que él hizo de este amoroso sacrificio fue sorprendente. Para él, esto merecía ser inmortalizado para siempre.

Jesús vio lo que nadie pudo ver en aquel momento. Él vio lo que había en el corazón de aquella mujer, y le agradó. Él fue capaz de ver un amor desbordante capaz de sacrificar probablemente su posesión de más valor con el fin de adorar y bendecir a su Señor. Los demás se fijaron en lo exterior, en lo que ella estaba haciendo, y así juzgaron y llegaron a sus propias conclusiones. La Biblia nos cuenta de un evento sucedido varios siglos antes de esta situación en la que vemos que el Señor siempre mira nuestro interior y no las apariencias externas. Cuando Dios ordenó al profeta Samuel que ungiera a uno de los hijos de Isaí como el próximo rey de Israel, dejó bien establecido lo que es más importante para él. Así le dijo el Señor a Samuel: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Basado en este principio, el apóstol Pablo escribió en su carta a los colosenses: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24). Nunca desaproveches una oportunidad de hacer algo para agradar al Señor, aunque te arriesgues a ser criticado, y hasta humillado por los demás. La recompensa la recibirás de Aquel que está al tanto de todo lo que sucede, y que puede bendecirte abundantemente.

A veces, nuestras intenciones de servir y agradar a Dios parecen generar sólo incomprensión e incluso críticas de nuestros familiares y amigos. Y quizás lleguemos a preguntamos si Dios nota nuestros esfuerzos por agradarle. La enseñanza de hoy debe eliminar toda duda de nuestras mentes. El Señor siempre está atento a los más mínimos detalles de nuestras vidas. Aún cuando nuestros esfuerzos por agradarle carezcan de sentido para el mundo hostil que nos rodea, Dios puede ver lo que hay en nuestros corazones y entonces bendecirnos abundantemente.

ORACION:
Querido Padre celestial, yo deseo agradarte en todo, pero a veces me cohíbo de hacerlo por temor a la crítica de los demás. Te ruego me des la fe y el valor para actuar siempre pensando en glorificar tu nombre, sabiendo que tú puedes ver mi corazón. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

martes, 22 de abril de 2014

¿Qué tan firme crees que estas?





¿Qué tan firme crees que estas?

1 Corintios 10:1-12
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.

¡Qué tristeza tan grande cuando nos enteramos que uno de nuestros hermanos en la fe ha caído en pecado! ¡Y aún más cuando se trata de alguien que ha llegado a ocupar un lugar importante en la Iglesia de Cristo! Y nos preguntamos: “¿Cómo es posible que un hijo de Dios, conocedor de las Escrituras, siervo fiel por muchos años, eficiente líder en la Iglesia pueda caer en tan horrible pecado y vivir una vida de hipocresía y engaño?” Lamentablemente, a través de los siglos hasta nuestros tiempos, vemos esta situación repetirse una y otra vez en los hijos de Dios, independientemente del nivel espiritual que hayan alcanzado. El rey David era un hombre conforme al corazón de Dios, conocedor de las Escrituras, sin embargo al ver una hermosa mujer que se estaba bañando la deseó para sí, y cayó en la tentación.

 1 Corintios 10:13 afirma que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. El Espíritu Santo siempre nos dará una señal de peligro. Por eso debemos estar alertas e inmediatamente que discernamos el peligro tenemos que orar y buscar en Dios la fortaleza, y él nos dará la salida. El problema es que muchas veces ignoramos esa señal. Cuando David preguntó quién era aquella mujer, le dijeron: “Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo”. O sea, es casada, tiene dueño, no debes interesarte en ella. Pero David ignoró esas palabras, no buscó la ayuda de Dios y decidió hacer caso a los deseos de la carne. Después sufrió las consecuencias de su pecado.

 El pasaje de hoy nos habla de aquel pueblo de Israel que fue liberado de la esclavitud en Egipto, los cuales todos estuvieron bajo la protección y el cuidado de Dios, todos recibieron las mismas bendiciones de su Padre celestial, todos participaron del mismo alimento espiritual. Sin embargo, la Biblia nos dice que “de los más de ellos no se agradó Dios”. Y como consecuencia de sus acciones “quedaron postrados en el desierto”. Este pasaje incluye también una seria advertencia: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Esta es probablemente la razón principal por la que muchos han caído. Han llegado a pensar que, debido a su crecimiento espiritual y su posición en la Iglesia, pueden enfrentarse a las tentaciones con sus propias fuerzas y salir victoriosos. ¡Error capital! Jesús les dijo a sus discípulos: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). La Biblia está llena de advertencias y consejos en este aspecto. Jesús mismo, allí en Getsemaní, tuvo que postrarse en oración tres veces clamando a Dios por fortaleza. Y allí mismo dio a sus discípulos su último consejo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

 Cuando estés frente a una tentación, no confíes en tus propias fuerzas. Clama a Dios y él te dará la fuerza que necesitas para resistir la tentación, y el diablo huirá, y te dejará tranquilo.

 ORACION:
 Bendito Padre celestial, te ruego me des la fuerza y el valor para resistir las tentaciones, de modo que mi testimonio siempre glorifique tu Santo Nombre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

lunes, 21 de abril de 2014

¿PARA TI, QUÉ SIGNIFICA LA SANGRE DE CRISTO?


¿Para ti, qué significa La sangre de Cristo?

1 Corintios 6:20
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

¿Tu, a qué le das más valor? Tal vez sea a tu casa, a tu automóvil, a una reliquia familiar que no solamente es costosa sino que también tiene un valor sentimental; o tal vez a los seres que más amas; o pueden ser tu salvación, la Biblia, o tu familia de la iglesia; pero si tu eres realmente sincero, probablemente la sangre de Jesús no estuvo en esa lista.

La cultura cristiana de hoy necesita una versión más objetiva de la salvación. Hablamos tanto de la gracia y el perdón de Dios, y cantamos de su amor por nosotros, pero (muchos) rara vez mencionamos la sangre de Jesús, derramada en la Cruz. Sin embargo, esa es la única base para nuestra salvación. Porque el Señor es recto y justo, Él no puede amar a los pecadores de modo que alcancen el cielo, o perdonarlos, simplemente porque se lo pidan. Cada pecado cometido tiene que recibir su justo castigo, tal y como lo dice Romanos 6:23 “la paga del pecado es la muerte”.

El Señor tuvo solo dos disyuntivas para ocuparse de la humanidad caída. Podía dejar que la justicia llevara a la condenación a toda la humanidad, o podía proveer un sustituto para que pagara el castigo que nosotros, y solamente nosotros, merecíamos. Pero este sustituto tenía que ser sin defecto (Deuteronomio 17:1). La única manera de salvarnos de la separación eterna en el infierno, fue enviando a su Hijo amado a la Tierra, quien vivió sin cometer pecado y murió en nuestro lugar.

La sangre que manó de las heridas de Cristo compró nuestra salvación. Si quieres valorar realmente lo que Él hizo, piensa en Él colgando en esa cruz solo por ti. Con ese pensamiento en mente, considera cómo deberías vivir. Porque si Él se entregó sin reservas por ti, ¿tu, qué le estás dando a Él?

[Lee 1 Pedro 1:17-19]


“Gracia y Paz”

Meditación Diaria

¿ES CRISTO REALMENTE TU SEÑOR?


¿Es Cristo realmente tu Señor?

Hechos 9:1-9
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”.

Este pasaje nos describe la que se conoce como la conversión más famosa de la historia de la humanidad. Pero en realidad lo que se llevó a cabo allí en el camino a Damasco no fue solamente una conversión, sino también una rendición instantánea. Normalmente, una conversión genuina debe llevar a una rendición o entrega al Señor, pero primero tiene que haber cambios internos; esto es un proceso más o menos largo. Después resulta la entrega total, ésta es una decisión personal. Cuando se efectuó este encuentro de Saulo de Tarso con Jesús, ya se estaba llevando a cabo en la vida de Saulo un proceso que había comenzado poco tiempo antes.

Leemos en Hechos 7:54-60 que Esteban, uno de los diáconos elegidos por los apóstoles, les estaba diciendo unas cuantas verdades a un grupo de judíos, los cuales se enfurecieron y arremetieron contra él y le apedrearon. Esteban era “varón lleno de fe y del Espíritu Santo”, afirma Hechos 6:5. Y allí, en medio del dolor de las pedradas, puesto de rodillas, clamó a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:60). La presencia y el poder del Espíritu Santo se manifestaron en aquel lugar de manera muy clara. Y Saulo de Tarso fue testigo presencial de todo lo sucedido. Y dice la Biblia que “Saulo consentía en su muerte” (Hechos 8:1). Con toda seguridad, la escena de la muerte de Esteban permanecía en la memoria de Saulo y muchas preguntas venían a su mente. ¿Cómo entender aquella paz inefable reflejada en el rostro de aquel hombre mientras sufría el terrible dolor de las pedradas? ¿Cómo era posible que pidiera perdón para los que le estaban matando? Y una expresión dicha por aquel joven persistía en su mente: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59).

Ahora, cuando Saulo cayó a tierra cegado por el resplandor, oyó la voz de Jesús que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y Saulo le dijo: “¿Quién eres, Señor?” Esta es la primera señal de que la batalla estaba llegando a su final. “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Finalmente Saulo, “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Y en ese momento finalizó la batalla y Saulo se rindió a Cristo. “Levántate, y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”, le dijo Jesús. Hasta aquel momento, Saulo había estado haciendo lo que él quería. Desde ese momento en adelante se le diría lo que tenía que hacer. Este es el verdadero discípulo de Cristo, aquel que ha dejado de hacer lo que él deseaba hacer y ha comenzado a hacer lo que el Señor quiere que haga.

Sabemos que aquella fue una genuina y sincera entrega porque conocemos el resto de la vida de aquel que después se convirtió en el apóstol Pablo, y la manera en que sirvió a su Señor hasta que murió. Pero, ¿cómo puede una persona entregarse de tal manera a Cristo que pueda llamarle genuinamente Señor? La Biblia dice que “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Es decir, es el Espíritu Santo quien obra en nosotros redarguyéndonos, exhortándonos, convenciéndonos de pecado y llamándonos a una entrega total al Señor. Pero la decisión final corresponde a cada uno de nosotros. Piensa un momento: ¿Es Cristo realmente tu Señor?

ORACION:
Padre santo, anhelo rendirme a la autoridad y la dirección de tu Hijo Jesucristo. Por favor, ayúdame a ceder mi voluntad a tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla