lunes, 25 de marzo de 2013

¿YA TE DESHICISTE DE TU CARGA DE PECADO?



Lucas 11:41
“Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio”.

Los Fariseos eran muy hipócritas, y criticaban a los discípulos de Cristo por no lavarse las manos antes de sentarse a comer. Y eso no tendría nada de malo, porque a través del Antiguo Testamento Dios enseña mucho acerca de la purificación y limpieza. Además, lavarse las manos antes de comer es lo mas correcto. Pero el asunto es que los fariseos tenían tanta hipocresía y pecado en sus propia vidas, que resultaba ridículo que criticaran a cualquier otra persona. Sería tan ridículo como si tu mismo tuvieras mucha basura y suciedad en tu casa o jardín, y criticaras a tu vecino por unas cuantas hojas en su jardín.

En otras palabras, debes deshacerte de tu carga tremenda de pecado y suciedad al venir a Cristo, y luego podrás ver todas las cosas de una manera distinta. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). En las palabras de nuestro versículo, “He aquí todo te será limpio”.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

ORACIÓN



Dios de amor y misericordia, te doy gracias por tu plan de salvación para la humanidad. Yo creo que Jesús es tu Hijo, y que murió en la cruz para pagar por mis pecados, y tú lo levantaste de los muertos y ahora está a tu diestra. Señor Jesús, yo te abro mi corazón para que tú entres en él, y mores en mí para siempre. Amén.

“Gracia y Paz”

miércoles, 20 de marzo de 2013

BARTIMEO EL CIEGO



Marcos 10:46
“Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando”.

Quien sabe cuantos años estuvo ciego Bartimeo. Lo más probable es que haya sido así toda su vida. Durante toda su vida sin ningún contacto visual con el medio ambiente, estaba ahí sentado en el camino, mendigando. De seguro que ya había escuchado lo que Jesús había hecho por otros ciegos y cómo habían recibido la vista. De verdad, cuánto debió haber anhelado ser uno de aquellos que habían conocido a Jesús.

Marcos 10:47
“Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: !Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”

“Jesús, ten misericordia de mí” clamaba Bartimeo. “De la abundancia del corazón habla la boca” dice la escritura (Mateo 12:34). No clamarías al Señor cuando tu corazón está cerrado a Él. La voz - su tono, sonido, contenido – refleja el corazón. Bartimeo anhelaba al Señor y Él estaba ahí. Los otros empezaron a murmurar: “¿Porque hace Bartimeo tanto ruido?” Sin embargo, el ya ni los escuchaba.

Marcos 10:48
“Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”

Bartimeo buscaba desesperadamente al Señor. Iba a estar clamando hasta que le escuchase. Y Jesús le escuchó. El clamor de Bartimeo hizo que se detuviera. Toda una multitud le seguía, pero el clamor de este ciego mendigo era muy valioso para Él. Era como si lo hubiera buscado, así que se quedó ahí y lo llamó:

Marcos: 10:49-51
“Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista”.

El Señor atiende el clamor de aquellos que le llaman. Para Él, toda alma es muy valiosa, independientemente del color, raza o posición. No se fija en nombres ni títulos sino en los corazones de los humanos y todos, sin excepción alguna, lo necesitamos por igual. Hasta que lo conocen son ciegos, y todos los que le conocen reciben la vista.

Hechos 26:18
“para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”.

Solo el Señor puede dar la luz de la vida. Solo el reunirse con Él puede hacer que un alma reciba su vista, y solo Su morada en el corazón del hombre puede vivificarlo y hacerlo brillar.

Marcos 10:51
“Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”.

Bartimeo pudo haber tenido mil dudas en cuanto al llamar al Señor (“que va a decir la gente; primero debería pedirle al sacerdote que me diga lo que creen sobre ese Jesús; o algo así como: aquí estoy bien, por lo menos sobrevivo”). Sin embargo, ¿sabes cual habría sido el resultado? se hubiera quedado ciego para siempre. Jesús no va a sanar a todos los ciegos, pero sí a todos los ciegos que quieran recibir la vista y que clamen a Él. ÉL pasa junto a ti, te puedes quedar en tus pensamientos y razonamientos, puedes pensar en eso tanto como quieras y dudar si quieres. Pero ¿sabes qué? Te vas a quedar ciego para siempre. Si no clamas al Señor por tu alma – tu propia alma - nunca recibirá la vista y no solo eso sino que tampoco tendrás parte en la vida eterna. Porque, cuando el Señor estaba pasando junto a ti tú no le invitaste, no le abriste la puerta. Sino que te encerraste, tu mismo, en las cadenas de tu orgullo y egoísmo y... tu seguías pensando en eso. Entonces, avanza. ¡Rompe las cadenas! ¿De qué te aprovechan? clama como el ciego Bartimeo: Jesús hijo de Dios, ten misericordia de mí. Luego el Señor Jesucristo se detendrá para ti, si, para ti personalmente, así como se detuvo junto a Bartimeo. Se detendrá y te dará lo que tanto necesitas: La luz de la vida.

Juan 1:9-13
“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

“Gracia y Paz”
 Verdades Bíblicas

¿ERES TÚ LUZ EN ESTE MUNDO?



Mateo 5:14-16
"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Los Estados Unidos de América ha sido por mucho tiempo uno de los países más prósperos y poderosos de la tierra, si no el más próspero y poderoso. Dios ha bendecido tanto a este pueblo a través de los años, porque fue fundado sobre principios cristianos, y desde entonces esta nación vivió a la altura de lo que dice el juramento de la bandera: “Una nación bajo Dios”. Lamentablemente ha habido muchos cambios, y este país se ha ido alejando progresivamente de los preceptos de los primeros tiempos, y poco a poco se ha ido convirtiendo en una nación predominantemente “pos cristiana”. Pero aun peor es el hecho de que en los últimos años ha habido muchas señales de que la dirección que está tomando la está llevando a convertirse en una nación “anti cristiana”. Tanto ha penetrado la teología liberal en las iglesias e instituciones educativas de la nación, que la Palabra de Dios ha sido relegada o eliminada de muchas instituciones. Basadas en la llamada “separación de iglesia y estado”, las fuerzas liberales y ateas han logrado remover de muchos edificios públicos placas y esculturas relativas a las enseñanzas cristianas, y continúan haciendo esfuerzos por eliminar también de su moneda nacional la oración “En Dios confiamos”.

A través de todo el mundo vemos tendencias similares. Nunca antes en la historia de la humanidad la iglesia de Cristo ha confrontado un desafío de esta envergadura. La Iglesia del Dios vivo debe ser el faro de esperanza para el mundo, en los tiempos tormentosos y turbulentos. La Iglesia fue instituida por Jesús para ser “la luz del mundo”, dice el pasaje de hoy. Cuando nuestros hijos y nietos son enseñados por diferentes medios acerca de una moral relativa, debemos apoyarnos en la Palabra de Dios y proclamar con autoridad y sin temor que existe una verdad absoluta.

Sin duda, muchas veces el Evangelio de Jesucristo es ofensivo a las personas que están en tinieblas. Jesús mismo dijo que él sería causa de división, aun entre los miembros de una misma familia (Lucas 12:52-53). Es natural, pues, que al reflejar la luz de Dios, aquellos que están en tinieblas serán afectados, pero esta es la única manera de traer a ellos las buenas nuevas de la salvación, pues “¿cómo invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”, dice Romanos 10:14-15. La condición espiritual de todo el mundo pudiera mejorar de manera radical, si los líderes religiosos predicaran con denuedo la Palabra de Dios, proclamando que Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6) y el único medio que llevará al mundo incrédulo al arrepentimiento y a un avivamiento espiritual.

La Biblia dice en 2 Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. Todos los cristianos, los cuales formamos el pueblo de Dios, debemos humillarnos y buscar el rostro de Dios cada día y orar con fervor para que él escuche nuestro clamor y sane nuestra tierra. No des la espalda a tu responsabilidad como hijo o hija de Dios. Dobla tus rodillas y clama a Dios por este mundo que es cada vez más corrupto, y predica con denuedo y sin temor su palabra en toda oportunidad que se te presente. Si dejamos de ser negligentes y obedecemos lo que dice la palabra de Dios, él cumplirá sus promesas.

ORACIÓN:
Padre santo, despierta a tu pueblo para que juntos clamemos a ti en estos tiempos de necesidad. Te ruego me des la fuerza y el valor para hablarles a otros acerca de tu Hijo Jesucristo. Aparta de mí todo temor o timidez cuando se presente la oportunidad de reflejar tu luz a aquellos que están en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL PODER DEL TESTIMONIO PERSONAL



Juan 9:1-38
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Los fariseos interrogan al ciego sanado. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”.

¿Ha pensado usted alguna vez en el gran poder que tiene su sencillo testimonio? El evangelio de Juan nos cuenta una historia maravillosa acerca de un hombre ciego que Jesús sanó. Si la historia hubiera terminado simplemente cuando el hombre abrió los ojos y alabó a Dios, aun eso habría sido grandioso. Pero Juan sigue con el relato para decirnos lo que sucedió después.

Las autoridades judías no sabían qué pensar de esta sanación milagrosa. Tenían todos los hechos de ­un hombre que sabían que había nacido ciego; la multitud que escuchó su conversación con Jesús; y la prueba de identidad del hombre que dieron sus padres­, pero se negaron a creer lo que estaba claro para tantos; es decir, cuestionaron el testimonio del hombre.

Las autoridades religiosas expresaron su incredulidad llamando a Jesús pecador (Juan 9:24), como si la falta de fe de ellos descalificara de algún modo su milagro.

La respuesta del hombre en Juan 9:25 fue brillante por su sencillez: “Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. No importa qué más dijeran, el hombre sabía que los fariseos no podían refutar el hecho básico de que había sido sanado. La Biblia señala que las autoridades perdieron los estribos, porque no pudieron contradecir ese hecho.

La gente simplemente no puede ni podrá jamás contradecir la verdad de la experiencia que los creyentes hemos tenido con el Señor Jesucristo. Alégrese por el hecho de que el Señor le ha dado una poderosa arma en medio de una batalla espiritual tan terrible.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

EL DEBER DEL ATALAYA



(ezequiel 33:1-9)
“Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: “Oh hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: Cuando yo traiga espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tome a un hombre de su territorio y lo ponga como centinela, si él ve venir la espada sobre la tierra y toca la corneta para advertir al pueblo, cualquiera que oye el sonido de la corneta y no se deja advertir, y al llegar la espada se lo lleva, su sangre caerá sobre su propia cabeza. El oyó el sonido de la corneta, pero no se dejó advertir, su sangre caerá sobre él. Pero si se hubiera dejado advertir, habría librado su vida. Sin embargo, si el centinela ve venir la espada y no toca la corneta, de modo que el pueblo no es advertido, si viene la espada y se lleva a alguno de ellos, éste es llevado por causa de su pecado, pero yo demandaré su sangre de mano del centinela. A ti, oh hijo de hombre, te he puesto como centinela para la casa de Israel. Oirás, pues, la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. Si yo digo al impío: Impío, morirás irremisiblemente, y tú no hablas para advertir al impío de su camino, el impío morirá por su pecado; pero yo demandaré su sangre de tu mano. Pero si tú adviertes al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su pecado; pero tú habrás librado tu vida”.

“Gracia y Paz”

ORACIÓN



Padre santo, despierta a tu pueblo para que juntos clamemos a ti en estos tiempos de necesidad. Te ruego me des la fuerza y el valor para hablarles a otros acerca de tu Hijo Jesucristo. Aparta de mí todo temor o timidez cuando se presente la oportunidad de reflejar tu luz a aquellos que están en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

lunes, 18 de marzo de 2013

¿PUEDES SER UN “BUEN” CRISTIANO Y NO IR A LA IGLESIA?



Ahora, yo sé que hay algunos que dicen: "bien, yo espero haberme entregado al Señor, pero no pretendo entregarme a ninguna iglesia, porque ..." Ahora, ¿por qué no? "Porque puedo ser un cristiano sin ella." ¿Estás muy convencido de eso? ¿Puedes ser tan buen cristiano desobedeciendo los mandamientos de tu Señor, como si fueras obediente a ellos? Bien, supón que todos los demás hicieran lo mismo; supón que todos los cristianos del mundo dijeran: "yo no me uniré a la Iglesia". Entonces no habría una Iglesia visible; no habría ordenanzas. Eso sería algo muy malo, y, sin embargo, si uno lo hiciera -lo que es correcto para uno es correcto para todos- ¿por qué no habríamos de hacerlo todos los demás? Entonces ¿tú crees que si fueras a hacer un acto que tiene la tendencia a destruir a la Iglesia visible de Dios, serías tan buen cristiano como si hicieras lo más que pudieras para edificar esa Iglesia? ¡Yo no lo creo, amigo! Ni tú tampoco. Tú no crees tal cosa; se trata sólo de una excusa engañosa para esconder algo más.

Allí está un ladrillo, y es uno muy bueno. ¿Para qué está hecho ese ladrillo? Para ayudar a construir una casa con él. No tiene caso que ese ladrillo te diga que es tan buen ladrillo mientras esté tirado en el suelo como si estuviese en la casa. Es un ladrillo que no sirve para nada; no sirve mientras no sea colocado en la pared. De igual manera ustedes, cristianos vagabundos, yo no creo que ustedes estén cumpliendo su propósito; están viviendo contrariamente a la vida que Cristo quiere que vivan, y han de ser culpados en gran manera por el daño que hacen.

"¡Oh!", -dice uno- "aunque espero que amo al Señor, si yo fuera a unirme a la Iglesia, sentiría que es una gran atadura para mí". Es justo lo que deberías sentir. ¿No deberías sentir que estás ligado a la santidad ahora, y ligado a Cristo ahora? ¡Oh, esas benditas ataduras! Si hay algo que me pudiera hacer sentir más ligado a la santidad de lo que estoy, me gustaría sentir ese grillete, pues sentirse ligado a la santidad no es otra cosa que libertad, y rectitud, y solicitud de vida.

"¡Oh!", -dice otro- "si yo me uniera a la Iglesia, me temo que no sería capaz de persistir." Tú esperas persistir, supongo, fuera de la Iglesia; es decir, ¡te sientes más seguro desobedeciendo a Cristo que obedeciéndole! ¡Qué extraño sentimiento es ese! ¡Oh!, sería mejor que fueras y dijeras: "mi Señor, yo sé que tus santos deben estar unidos en la comunión de la iglesia, pues las iglesias fueron instituidas por Tus apóstoles: y yo confío que tengo gracia para cumplir con esa obligación: no tengo ninguna fuerza propia, Señor mío, pero mi fuerza radica en apoyarme en Ti: iré donde Tu me guíes, y todo lo demás lo dejaré en Tus manos".

"¡Ah!, pero", -dice otro- "yo no puedo unirme a la Iglesia; es tan imperfecta". ¡Entonces, tú eres perfecto, por supuesto! Si es así, te aconsejo que te vayas al cielo, y te unas allá a la Iglesia, pues ciertamente no eres idóneo para unirte a ella en la tierra, y estarías fuera de tu lugar.

"Sí", -dice otro- "pero veo que los cristianos tiene muchas cosas malas". ¡No hay nada malo en ti mismo, supongo! Yo sólo puedo decir, hermanos míos, que si la Iglesia de Dios no es mejor de lo que yo soy, lo siento. Cuando yo me uní a la Iglesia, sentía que iba a recibir mucho más bien del que yo podría aportarle, y con todas las fallas que he visto al vivir estos veinte años o más en la Iglesia cristiana, puedo decirles, como hombre honesto, que los miembros de la Iglesia son los excelentes de la tierra, en quienes está todo mi deleite, aunque no sean perfectos, y más bien estén a gran distancia de serlo. Si fuera del cielo, hubiera de encontrarse a alguien que viva realmente cerca de Dios, son los miembros de la Iglesia de Cristo.

"¡Ah!", -dice otro- "pero hay muchos hipócritas". Tú mismo eres muy cabal y sincero, supongo. Confío que lo seas, pero entonces, deberías venir y unirte a la Iglesia, para aumentar su integridad por medio de la tuya. 

Estoy seguro, mis queridos amigos, de que ninguno de ustedes cerraría su tienda mañana por la mañana, o rehusaría aceptar cualquier moneda de oro cuando algún cliente les fuera a pagar, sólo porque hubiere algunos falsificadores que estuvieran pagando con monedas de oro falsas. No, ustedes no lo harían, y no creen en la teoría de ciertas personas, de que debido a que algunos cristianos profesantes son hipócritas, entonces todos lo son, pues eso sería como si dijeras que, porque algunas monedas de oro son falsas, entonces todas las monedas de oro son falsas, lo que sería claramente un error, pues si todas las monedas de oro fueran falsas, no sería negocio para el falsificador presentar sus monedas falsificadas: las monedas falsas son de valor sólo cuando la cantidad de buen metal sobrepasa al malo. Hay todavía una muy buena cantidad de respetables cristianos de oro en el mundo e incluso todavía en la Iglesia, y puedes estar seguro de ello.

"Bien", -dice alguien- "yo no creo, -aunque espero ser un siervo de Dios- que pueda unirme a la Iglesia; verás, es muy despreciada". ¡Oh, qué bendito desprecio es ese! Yo en verdad creo, hermanos, que no hay honor en el mundo que se equipare al de ser despreciado por lo que se da en llamar "Sociedad" en este país. La mayoría de la gente es esclava de lo que llaman "Respetabilidad". ¡Respetabilidad! Cuando un hombre se pone el día domingo un abrigo que ha comprado con su dinero; cuando adora a Dios por la noche o durante el día, ya sea que los hombres lo vean o no: cuando es un hombre honesto e íntegro -no me importa cuán bajos sean sus ingresos- él es un hombre respetable, y no debe doblegar su cuello ante la idea de Sociedad o de su respetabilidad artificial.

Estos diversos tipos de farsantes, pues no son otra cosa, impiden que muchos se unan a la Iglesia cristiana, porque tienen miedo de ser despreciados por la gente respetable de la Sociedad. [...] Es terrible que tan pronto como algunas personas se elevan en su posición social, renuncian a la Iglesia a la que se entregaron cuando se consagraron al Señor. El día llegará cuando los cristianos más pobres serán exaltados por encima de los nobles más altivos que no temieron al Señor; cuando Dios tome de las miserables viviendas y casuchas del mundo, una nobleza de una raza imperial que hará sonrojar a todos los reyes y príncipes del mundo. Y a estos los pondrá por encima de los serafines, mientras otros serán echados de Su presencia.

Yo le digo a cualquiera de ustedes, que no quiera unirse a la Iglesia porque hacerlo rebajaría su respetabilidad: tampoco yo te pido que te unas a ella, ni Cristo tampoco te lo pide: si la Sociedad y la Respetabilidad son los dioses que adoras, acude a tus dioses miserables y adóralos, pero Dios lo requerirá de tus manos en el día de las cuentas. No hay nada mejor que el servicio de Cristo.

En lo que a mí respecta y si el servicio de Cristo lo requiriera, acepto ser despreciado, ser señalado, ser abucheado en las calles, ser llamado con todo tipo de apodos, y prefiero eso a todas las estrellas de las órdenes de caballería y dignidades de la nobleza, pues este es el verdadero honor del cristiano cuando sirve verdaderamente a su Señor.

Viene el día en el que el Señor hará una división entre aquellos que lo aman y aquellos que no lo aman, y cada día se está alistando para esa última división. Ahora mismo esa división está siendo realizada; en la predicación del Evangelio se está implementando. Que cada hombre tome su posición, y se haga la pregunta: ¿estás con Cristo o con Belial? ¿Estás con Dios, con Cristo, con la sangre preciosa, o todavía estás al nivel de los placeres pecaminosos y sus deleites? Como tendrás que responder por ello cuando los cielos estén ardiendo, y la tierra se tambalee, y la trompeta del juicio te convoque delante del gran trono blanco, ¡entonces da cuenta de ello ahora!

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina
(Charles Haddon Spurgeon)

ORACIÓN



Mi bendito Padre celestial, te pido me perdones por todas las veces que he actuado con orgullo. Por favor ayúdame a ser humilde y a depender de ti en todos mis actos para honrar y glorificar tu nombre y así, si es tu voluntad, poder recibir todas las bendiciones que tú tienes para mi y mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

domingo, 17 de marzo de 2013

NO SEAMOS COMO ELLOS



1 Corintios 10:11
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.

Dios no nos ha dejado a oscuras. A nosotros, a quienes hemos alcanzado los fines de los siglos, nos ha dejado un registro con su voluntad perfecta, y toda la revelación que hay en Cristo.

Ahora podemos ver sin el velo, siendo capacitados por el Espíritu para interpretar correctamente las Sagradas Escrituras. En ellas podemos ver cómo personas que pisaron esta tierra y anduvieron en ella como nosotros, se vieron expuestos a la ira de Dios por codiciar, tentarlo, fornicar, murmurar e idolatrar. Ellos alguna vez respiraron, comieron, bebieron, hablaron trivialidades, rieron y lloraron, como nosotros. No son sólo nombres o números en la Biblia, sino que ellos fueron almas vivientes, que llevaron la retribución por su pecado.

Pablo está advirtiendo a los corintios, para que no se envanezcan. Les dice que él mismo golpea su cuerpo y lo somete a servidumbre, para no terminar eliminado (1 Corintios 9:27). Luego afirma: «Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo» (1 Corintios 10:1-4).

¿Qué quiere decir con esto? Pablo los quiere hacer meditar, pensar. Les está diciendo: 'fíjense, eran iguales a ustedes'. Estuvieron bajo la nube y pasaron el mar, es decir, salieron de alguna forma del mundo queriendo seguir a Dios. Además, fueron bautizados, y comieron de la misma comida y bebieron de la misma bebida, simbolizando todo esto al cuerpo y la sangre de Cristo. Esto nos recuerda un poco lo que dice Hebreos, refiriéndose a aquellos «que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron...» (Hebreos 6:4-6).

En esos dos últimos pasajes está apuntando a quienes se han congregado junto con los hermanos, siendo así partícipes del Espíritu y alimentados con la Palabra, 'gustando' del don Celestial, pareciendo servir a Dios como todo el resto de los hermanos. Pero, ¿A qué nos quiere llevar Pablo? Nos está diciendo que podemos caer igual que ellos lo hicieron, porque participamos de las mismas cosas de las que ellos participaron, y aun así cayeron. Podemos deslizarnos por barrancos resbalosos, si no atendemos a las señales del camino.

Pero ¿Cuáles son esas señales del camino? Aquello que ya se escribió, que ahora sirve como ejemplo, y están escritas para amonestación de los creyentes de los últimos siglos. Estas señales del camino nos indican que hay muerte y destrucción en la idolatría, fornicación, murmuración y en tentar al Señor. Dios las sigue aborreciendo y abominando tanto como antes lo hizo, aunque ahora no veamos a personas arder por este hecho.

Es preciso estar atentos a estas señales, escudriñando las Escrituras para descubrirlas. La Palabra nos dice: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol» (Eclesiastés 1:9). Muchos fueron puestos por escarmiento por Dios, para advertir a sus hijos sobre los peligros del pecado. La gran mayoría de quienes fueron destruidos, eran contados dentro del pueblo de Dios, y disfrutaron de las mismas bendiciones de todo el resto del pueblo. Por ello afirma después: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Corintios 10:12).

En otras Palabras, Pablo nos está diciendo: '¿viste lo que les ocurrió? ¿Qué te hace pensar que no te podría ocurrir a ti? Ten cuidado para que no termines como ellos'. Pero no los deja en la desesperación, ya que luego agrega: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (v. 13).

Es decir, los está animando, ya que Dios nos da todas las herramientas para resistir la tentación, y no terminar como aquellos que fueron puesto por escarnio para nuestra enseñanza y amonestación, pese a haberse contado dentro del pueblo de Dios alguna vez.

El Señor nos ayude a no menospreciar sus preceptos, sino a ser reverentes y temer, para apartarnos del mal.

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

¿DEJAS TÚ QUE DIOS TE MOLDEE?



Jeremías 18:1-6
“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”.

La mayoría de los niños se divierten jugando con barro. Para ellos es muy divertido moldear con sus manos alguna figura, y luego, con orgullo, enseñar su “obra de arte”. Ciertamente es divertido tomar un pedazo de lodo, amasarlo, prensarlo y darle la forma que uno quiere de acuerdo a la creatividad de cada uno. Y si el resultado no es el esperado, tratar de nuevo no es nada difícil. Y así una y otra vez hasta que el producto final satisfaga a su creador. De la misma manera, el alfarero del cual nos habla el pasaje de hoy maniobraba con el barro haciendo vasijas. Y si alguna vasija se echaba a perder, él hacía otra vasija, “según le parecía mejor hacerla”. Dios mandó a Jeremías a casa de este alfarero con el fin de revelarle una profunda enseñanza en relación al pueblo de Israel, y sus planes para con este pueblo. En el taller de aquel alfarero, Jeremías descubrió el anhelo de Dios de moldear a su pueblo conforme a sus planes y propósitos.

Sin embargo, el pueblo de Israel se caracterizó por su rebeldía. Todo lo contrario a lo que Dios esperaba de ellos. El profeta Isaías declara en Isaías 64:6: “Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”. El profeta habla en nombre del pueblo de Israel reconociendo sus pecados y su maldad y admitiendo que sus “justicias”, o sea sus mejores obras, son “como trapo de inmundicia”. El reconocimiento de una vida de maldad alejada de Dios es el primer paso para el arrepentimiento y la confesión de pecados ante el Señor. Después dice: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre, nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, somos todos nosotros” (v.8). Isaías clama a Dios con la esperanza de que él, siendo el padre de esta nación y el Gran Alfarero que los formó, todavía pueda hacer algo con el “barro” que ha decidido dejarse moldear.

Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como salvador formamos ahora el pueblo de Dios, y somos parte de los planes de nuestro Creador. Dios quiere que nuestras vidas sean en sus manos como el barro en las manos del alfarero. Su deseo es moldearnos de manera que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Pero a diferencia del barro que es moldeado por las manos del alfarero sin presentar resistencia alguna en el proceso, nosotros tenemos la capacidad de decidir si permitimos que el procedimiento se lleve a cabo o no. Esto, generalmente, resulta en obstáculos para que los planes de Dios se lleven a cabo, lo cual es sumamente lamentable ya que el propósito del Señor en nuestras vidas es llenarnos de su paz, de su gozo, de su amor y de sus bendiciones aun en medio de las pruebas y dificultades por las que tendremos que pasar.

El primer paso que debe dar un creyente que desea crecer espiritualmente es actuar como barro en las manos de Dios, sometiéndose a su voluntad, sin poner resistencia a la acción transformadora del Espíritu Santo que se está llevando a cabo en su vida. Al examinar tu vida, ¿puedes decir sinceramente que eres como barro en las manos de Dios? ¿Es la obediencia un elemento fundamental en tu comportamiento? Si has contestado afirmativamente estas preguntas, ¡Gloria a Dios! Este es el carácter que Dios desea ver en sus hijos. Si por el contrario, reconoces que puedes mejorar en esta área, hazte el propósito de ser como el barro en las manos de Dios, buscando su voluntad por medio de la lectura de su Palabra y la oración diariamente, y rindiéndote a él. Entonces él hará maravillas en tu vida.

ORACIÓN:
Padre celestial, me postro ante tu trono para rogarte que me moldees conforme a los planes que tú tienes para mí. Ayúdame a ser dócil y maleable, como el barro, para que puedas llevar a cabo tu obra en mí sin que yo sea un obstáculo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

RESTAURADO POR LA GRACIA



Lucas 15:11-16
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”.

La independencia es una cualidad muy valorada. La enseñamos a nuestros hijos, y la exigimos para nosotros mismos. Existen incluso estatuas y monumentos erigidos como homenajes a la autosuficiencia y a la libertad.

Pero la historia del hijo pródigo nos muestra un aspecto menos positivo de la independencia; un aspecto que, lamentablemente, es parte de la naturaleza humana. El hijo rebelde se hace cargo de su propia vida, rechazando el amor y la protección de su padre. Por suerte, la historia no termina con el pecado del joven; termina con la demostración de la gracia restauradora de Dios.

Pecar significa actuar independientemente de la voluntad de Dios. Comienza con un deseo y luego la decisión de ejecutarlo. Cuando lo hacemos, nos encontramos, como el hijo pródigo, en una “provincia apartada”, fuera y lejos de la voluntad de Dios. Mantenerse allí es vivir en el engaño. Nos engañamos al pensar que sabemos más que Dios, ignorando las consecuencias. Después viene la derrota. Por un tiempo, todo puede parecer estar bien, pero al igual que el hijo pródigo, descubrimos que nuestro camino lleva a la derrota. Hasta que finalmente, comenzamos a padecer de hambre espiritual, y de carencias emocionales. Lo que lleva a la desesperación, donde nuestras opciones son pocas y nada agradables.

Pero al igual que la desesperación no es el final de la historia del hijo pródigo, tampoco tiene que ser el nuestro final cuando pecamos. Jesús contó esta historia del amor perdonador del Padre celestial, pues deseaba darnos a conocer la gracia restauradora de nuestro Dios.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE NO SE HACE REMISIÓN



Mateo 26:28
“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados”.

Dicen que los cristianos tenemos Una Religión Sangrienta, y es verdad (por lo de sangrienta). Dios dice en el antiguo testamento, “Porque la vida de la carne en la sangre está” (Levítico 17:11). Pablo nos dice en Hebreos 9:22, “sin derramamiento de sangre no se hace remisión, (de pecado)”. A través de toda la palabra de Dios, Él nos enseña la imposibilidad de salvarnos nosotros mismos; es decir, por nuestras buenas obras, o por cualquier sufrimiento o sacrificio que hacemos (Efesios 2:9). Nos hemos entregado tan irremediablemente a hacer nuestra propia voluntad y a las obras de la carne, que nos quedamos completamente perdidos y sin esperanza.

No hay nada que podemos hacer. Solo hay que acudir a la fuente de agua viva que nos da nuestro Señor Jesucristo y dejar que su sangre derramada cubra nuestros pecados. Hay un himno antiguo y precioso que pregunta, “¿Qué me puede dar perdón, solo de Jesús la sangre?”

En aquel día lo único que contará será si te arrepentiste de tus pecados y aceptaste el sacrificio de Jesús en la Cruz.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

ORACIÓN



Padre celestial, me postro ante tu trono para rogarte que me moldees conforme a los planes que tú tienes para mí. Ayúdame a ser dócil y maleable, como el barro, para que puedas llevar a cabo tu obra en mí sin que yo sea un obstáculo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”