miércoles, 20 de marzo de 2013

EL PODER DEL TESTIMONIO PERSONAL



Juan 9:1-38
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Los fariseos interrogan al ciego sanado. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”.

¿Ha pensado usted alguna vez en el gran poder que tiene su sencillo testimonio? El evangelio de Juan nos cuenta una historia maravillosa acerca de un hombre ciego que Jesús sanó. Si la historia hubiera terminado simplemente cuando el hombre abrió los ojos y alabó a Dios, aun eso habría sido grandioso. Pero Juan sigue con el relato para decirnos lo que sucedió después.

Las autoridades judías no sabían qué pensar de esta sanación milagrosa. Tenían todos los hechos de ­un hombre que sabían que había nacido ciego; la multitud que escuchó su conversación con Jesús; y la prueba de identidad del hombre que dieron sus padres­, pero se negaron a creer lo que estaba claro para tantos; es decir, cuestionaron el testimonio del hombre.

Las autoridades religiosas expresaron su incredulidad llamando a Jesús pecador (Juan 9:24), como si la falta de fe de ellos descalificara de algún modo su milagro.

La respuesta del hombre en Juan 9:25 fue brillante por su sencillez: “Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. No importa qué más dijeran, el hombre sabía que los fariseos no podían refutar el hecho básico de que había sido sanado. La Biblia señala que las autoridades perdieron los estribos, porque no pudieron contradecir ese hecho.

La gente simplemente no puede ni podrá jamás contradecir la verdad de la experiencia que los creyentes hemos tenido con el Señor Jesucristo. Alégrese por el hecho de que el Señor le ha dado una poderosa arma en medio de una batalla espiritual tan terrible.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

EL DEBER DEL ATALAYA



(ezequiel 33:1-9)
“Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: “Oh hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: Cuando yo traiga espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tome a un hombre de su territorio y lo ponga como centinela, si él ve venir la espada sobre la tierra y toca la corneta para advertir al pueblo, cualquiera que oye el sonido de la corneta y no se deja advertir, y al llegar la espada se lo lleva, su sangre caerá sobre su propia cabeza. El oyó el sonido de la corneta, pero no se dejó advertir, su sangre caerá sobre él. Pero si se hubiera dejado advertir, habría librado su vida. Sin embargo, si el centinela ve venir la espada y no toca la corneta, de modo que el pueblo no es advertido, si viene la espada y se lleva a alguno de ellos, éste es llevado por causa de su pecado, pero yo demandaré su sangre de mano del centinela. A ti, oh hijo de hombre, te he puesto como centinela para la casa de Israel. Oirás, pues, la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. Si yo digo al impío: Impío, morirás irremisiblemente, y tú no hablas para advertir al impío de su camino, el impío morirá por su pecado; pero yo demandaré su sangre de tu mano. Pero si tú adviertes al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su pecado; pero tú habrás librado tu vida”.

“Gracia y Paz”

ORACIÓN



Padre santo, despierta a tu pueblo para que juntos clamemos a ti en estos tiempos de necesidad. Te ruego me des la fuerza y el valor para hablarles a otros acerca de tu Hijo Jesucristo. Aparta de mí todo temor o timidez cuando se presente la oportunidad de reflejar tu luz a aquellos que están en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

lunes, 18 de marzo de 2013

¿PUEDES SER UN “BUEN” CRISTIANO Y NO IR A LA IGLESIA?



Ahora, yo sé que hay algunos que dicen: "bien, yo espero haberme entregado al Señor, pero no pretendo entregarme a ninguna iglesia, porque ..." Ahora, ¿por qué no? "Porque puedo ser un cristiano sin ella." ¿Estás muy convencido de eso? ¿Puedes ser tan buen cristiano desobedeciendo los mandamientos de tu Señor, como si fueras obediente a ellos? Bien, supón que todos los demás hicieran lo mismo; supón que todos los cristianos del mundo dijeran: "yo no me uniré a la Iglesia". Entonces no habría una Iglesia visible; no habría ordenanzas. Eso sería algo muy malo, y, sin embargo, si uno lo hiciera -lo que es correcto para uno es correcto para todos- ¿por qué no habríamos de hacerlo todos los demás? Entonces ¿tú crees que si fueras a hacer un acto que tiene la tendencia a destruir a la Iglesia visible de Dios, serías tan buen cristiano como si hicieras lo más que pudieras para edificar esa Iglesia? ¡Yo no lo creo, amigo! Ni tú tampoco. Tú no crees tal cosa; se trata sólo de una excusa engañosa para esconder algo más.

Allí está un ladrillo, y es uno muy bueno. ¿Para qué está hecho ese ladrillo? Para ayudar a construir una casa con él. No tiene caso que ese ladrillo te diga que es tan buen ladrillo mientras esté tirado en el suelo como si estuviese en la casa. Es un ladrillo que no sirve para nada; no sirve mientras no sea colocado en la pared. De igual manera ustedes, cristianos vagabundos, yo no creo que ustedes estén cumpliendo su propósito; están viviendo contrariamente a la vida que Cristo quiere que vivan, y han de ser culpados en gran manera por el daño que hacen.

"¡Oh!", -dice uno- "aunque espero que amo al Señor, si yo fuera a unirme a la Iglesia, sentiría que es una gran atadura para mí". Es justo lo que deberías sentir. ¿No deberías sentir que estás ligado a la santidad ahora, y ligado a Cristo ahora? ¡Oh, esas benditas ataduras! Si hay algo que me pudiera hacer sentir más ligado a la santidad de lo que estoy, me gustaría sentir ese grillete, pues sentirse ligado a la santidad no es otra cosa que libertad, y rectitud, y solicitud de vida.

"¡Oh!", -dice otro- "si yo me uniera a la Iglesia, me temo que no sería capaz de persistir." Tú esperas persistir, supongo, fuera de la Iglesia; es decir, ¡te sientes más seguro desobedeciendo a Cristo que obedeciéndole! ¡Qué extraño sentimiento es ese! ¡Oh!, sería mejor que fueras y dijeras: "mi Señor, yo sé que tus santos deben estar unidos en la comunión de la iglesia, pues las iglesias fueron instituidas por Tus apóstoles: y yo confío que tengo gracia para cumplir con esa obligación: no tengo ninguna fuerza propia, Señor mío, pero mi fuerza radica en apoyarme en Ti: iré donde Tu me guíes, y todo lo demás lo dejaré en Tus manos".

"¡Ah!, pero", -dice otro- "yo no puedo unirme a la Iglesia; es tan imperfecta". ¡Entonces, tú eres perfecto, por supuesto! Si es así, te aconsejo que te vayas al cielo, y te unas allá a la Iglesia, pues ciertamente no eres idóneo para unirte a ella en la tierra, y estarías fuera de tu lugar.

"Sí", -dice otro- "pero veo que los cristianos tiene muchas cosas malas". ¡No hay nada malo en ti mismo, supongo! Yo sólo puedo decir, hermanos míos, que si la Iglesia de Dios no es mejor de lo que yo soy, lo siento. Cuando yo me uní a la Iglesia, sentía que iba a recibir mucho más bien del que yo podría aportarle, y con todas las fallas que he visto al vivir estos veinte años o más en la Iglesia cristiana, puedo decirles, como hombre honesto, que los miembros de la Iglesia son los excelentes de la tierra, en quienes está todo mi deleite, aunque no sean perfectos, y más bien estén a gran distancia de serlo. Si fuera del cielo, hubiera de encontrarse a alguien que viva realmente cerca de Dios, son los miembros de la Iglesia de Cristo.

"¡Ah!", -dice otro- "pero hay muchos hipócritas". Tú mismo eres muy cabal y sincero, supongo. Confío que lo seas, pero entonces, deberías venir y unirte a la Iglesia, para aumentar su integridad por medio de la tuya. 

Estoy seguro, mis queridos amigos, de que ninguno de ustedes cerraría su tienda mañana por la mañana, o rehusaría aceptar cualquier moneda de oro cuando algún cliente les fuera a pagar, sólo porque hubiere algunos falsificadores que estuvieran pagando con monedas de oro falsas. No, ustedes no lo harían, y no creen en la teoría de ciertas personas, de que debido a que algunos cristianos profesantes son hipócritas, entonces todos lo son, pues eso sería como si dijeras que, porque algunas monedas de oro son falsas, entonces todas las monedas de oro son falsas, lo que sería claramente un error, pues si todas las monedas de oro fueran falsas, no sería negocio para el falsificador presentar sus monedas falsificadas: las monedas falsas son de valor sólo cuando la cantidad de buen metal sobrepasa al malo. Hay todavía una muy buena cantidad de respetables cristianos de oro en el mundo e incluso todavía en la Iglesia, y puedes estar seguro de ello.

"Bien", -dice alguien- "yo no creo, -aunque espero ser un siervo de Dios- que pueda unirme a la Iglesia; verás, es muy despreciada". ¡Oh, qué bendito desprecio es ese! Yo en verdad creo, hermanos, que no hay honor en el mundo que se equipare al de ser despreciado por lo que se da en llamar "Sociedad" en este país. La mayoría de la gente es esclava de lo que llaman "Respetabilidad". ¡Respetabilidad! Cuando un hombre se pone el día domingo un abrigo que ha comprado con su dinero; cuando adora a Dios por la noche o durante el día, ya sea que los hombres lo vean o no: cuando es un hombre honesto e íntegro -no me importa cuán bajos sean sus ingresos- él es un hombre respetable, y no debe doblegar su cuello ante la idea de Sociedad o de su respetabilidad artificial.

Estos diversos tipos de farsantes, pues no son otra cosa, impiden que muchos se unan a la Iglesia cristiana, porque tienen miedo de ser despreciados por la gente respetable de la Sociedad. [...] Es terrible que tan pronto como algunas personas se elevan en su posición social, renuncian a la Iglesia a la que se entregaron cuando se consagraron al Señor. El día llegará cuando los cristianos más pobres serán exaltados por encima de los nobles más altivos que no temieron al Señor; cuando Dios tome de las miserables viviendas y casuchas del mundo, una nobleza de una raza imperial que hará sonrojar a todos los reyes y príncipes del mundo. Y a estos los pondrá por encima de los serafines, mientras otros serán echados de Su presencia.

Yo le digo a cualquiera de ustedes, que no quiera unirse a la Iglesia porque hacerlo rebajaría su respetabilidad: tampoco yo te pido que te unas a ella, ni Cristo tampoco te lo pide: si la Sociedad y la Respetabilidad son los dioses que adoras, acude a tus dioses miserables y adóralos, pero Dios lo requerirá de tus manos en el día de las cuentas. No hay nada mejor que el servicio de Cristo.

En lo que a mí respecta y si el servicio de Cristo lo requiriera, acepto ser despreciado, ser señalado, ser abucheado en las calles, ser llamado con todo tipo de apodos, y prefiero eso a todas las estrellas de las órdenes de caballería y dignidades de la nobleza, pues este es el verdadero honor del cristiano cuando sirve verdaderamente a su Señor.

Viene el día en el que el Señor hará una división entre aquellos que lo aman y aquellos que no lo aman, y cada día se está alistando para esa última división. Ahora mismo esa división está siendo realizada; en la predicación del Evangelio se está implementando. Que cada hombre tome su posición, y se haga la pregunta: ¿estás con Cristo o con Belial? ¿Estás con Dios, con Cristo, con la sangre preciosa, o todavía estás al nivel de los placeres pecaminosos y sus deleites? Como tendrás que responder por ello cuando los cielos estén ardiendo, y la tierra se tambalee, y la trompeta del juicio te convoque delante del gran trono blanco, ¡entonces da cuenta de ello ahora!

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina
(Charles Haddon Spurgeon)

ORACIÓN



Mi bendito Padre celestial, te pido me perdones por todas las veces que he actuado con orgullo. Por favor ayúdame a ser humilde y a depender de ti en todos mis actos para honrar y glorificar tu nombre y así, si es tu voluntad, poder recibir todas las bendiciones que tú tienes para mi y mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

domingo, 17 de marzo de 2013

NO SEAMOS COMO ELLOS



1 Corintios 10:11
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.

Dios no nos ha dejado a oscuras. A nosotros, a quienes hemos alcanzado los fines de los siglos, nos ha dejado un registro con su voluntad perfecta, y toda la revelación que hay en Cristo.

Ahora podemos ver sin el velo, siendo capacitados por el Espíritu para interpretar correctamente las Sagradas Escrituras. En ellas podemos ver cómo personas que pisaron esta tierra y anduvieron en ella como nosotros, se vieron expuestos a la ira de Dios por codiciar, tentarlo, fornicar, murmurar e idolatrar. Ellos alguna vez respiraron, comieron, bebieron, hablaron trivialidades, rieron y lloraron, como nosotros. No son sólo nombres o números en la Biblia, sino que ellos fueron almas vivientes, que llevaron la retribución por su pecado.

Pablo está advirtiendo a los corintios, para que no se envanezcan. Les dice que él mismo golpea su cuerpo y lo somete a servidumbre, para no terminar eliminado (1 Corintios 9:27). Luego afirma: «Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo» (1 Corintios 10:1-4).

¿Qué quiere decir con esto? Pablo los quiere hacer meditar, pensar. Les está diciendo: 'fíjense, eran iguales a ustedes'. Estuvieron bajo la nube y pasaron el mar, es decir, salieron de alguna forma del mundo queriendo seguir a Dios. Además, fueron bautizados, y comieron de la misma comida y bebieron de la misma bebida, simbolizando todo esto al cuerpo y la sangre de Cristo. Esto nos recuerda un poco lo que dice Hebreos, refiriéndose a aquellos «que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron...» (Hebreos 6:4-6).

En esos dos últimos pasajes está apuntando a quienes se han congregado junto con los hermanos, siendo así partícipes del Espíritu y alimentados con la Palabra, 'gustando' del don Celestial, pareciendo servir a Dios como todo el resto de los hermanos. Pero, ¿A qué nos quiere llevar Pablo? Nos está diciendo que podemos caer igual que ellos lo hicieron, porque participamos de las mismas cosas de las que ellos participaron, y aun así cayeron. Podemos deslizarnos por barrancos resbalosos, si no atendemos a las señales del camino.

Pero ¿Cuáles son esas señales del camino? Aquello que ya se escribió, que ahora sirve como ejemplo, y están escritas para amonestación de los creyentes de los últimos siglos. Estas señales del camino nos indican que hay muerte y destrucción en la idolatría, fornicación, murmuración y en tentar al Señor. Dios las sigue aborreciendo y abominando tanto como antes lo hizo, aunque ahora no veamos a personas arder por este hecho.

Es preciso estar atentos a estas señales, escudriñando las Escrituras para descubrirlas. La Palabra nos dice: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol» (Eclesiastés 1:9). Muchos fueron puestos por escarmiento por Dios, para advertir a sus hijos sobre los peligros del pecado. La gran mayoría de quienes fueron destruidos, eran contados dentro del pueblo de Dios, y disfrutaron de las mismas bendiciones de todo el resto del pueblo. Por ello afirma después: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Corintios 10:12).

En otras Palabras, Pablo nos está diciendo: '¿viste lo que les ocurrió? ¿Qué te hace pensar que no te podría ocurrir a ti? Ten cuidado para que no termines como ellos'. Pero no los deja en la desesperación, ya que luego agrega: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (v. 13).

Es decir, los está animando, ya que Dios nos da todas las herramientas para resistir la tentación, y no terminar como aquellos que fueron puesto por escarnio para nuestra enseñanza y amonestación, pese a haberse contado dentro del pueblo de Dios alguna vez.

El Señor nos ayude a no menospreciar sus preceptos, sino a ser reverentes y temer, para apartarnos del mal.

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

¿DEJAS TÚ QUE DIOS TE MOLDEE?



Jeremías 18:1-6
“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”.

La mayoría de los niños se divierten jugando con barro. Para ellos es muy divertido moldear con sus manos alguna figura, y luego, con orgullo, enseñar su “obra de arte”. Ciertamente es divertido tomar un pedazo de lodo, amasarlo, prensarlo y darle la forma que uno quiere de acuerdo a la creatividad de cada uno. Y si el resultado no es el esperado, tratar de nuevo no es nada difícil. Y así una y otra vez hasta que el producto final satisfaga a su creador. De la misma manera, el alfarero del cual nos habla el pasaje de hoy maniobraba con el barro haciendo vasijas. Y si alguna vasija se echaba a perder, él hacía otra vasija, “según le parecía mejor hacerla”. Dios mandó a Jeremías a casa de este alfarero con el fin de revelarle una profunda enseñanza en relación al pueblo de Israel, y sus planes para con este pueblo. En el taller de aquel alfarero, Jeremías descubrió el anhelo de Dios de moldear a su pueblo conforme a sus planes y propósitos.

Sin embargo, el pueblo de Israel se caracterizó por su rebeldía. Todo lo contrario a lo que Dios esperaba de ellos. El profeta Isaías declara en Isaías 64:6: “Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”. El profeta habla en nombre del pueblo de Israel reconociendo sus pecados y su maldad y admitiendo que sus “justicias”, o sea sus mejores obras, son “como trapo de inmundicia”. El reconocimiento de una vida de maldad alejada de Dios es el primer paso para el arrepentimiento y la confesión de pecados ante el Señor. Después dice: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre, nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, somos todos nosotros” (v.8). Isaías clama a Dios con la esperanza de que él, siendo el padre de esta nación y el Gran Alfarero que los formó, todavía pueda hacer algo con el “barro” que ha decidido dejarse moldear.

Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como salvador formamos ahora el pueblo de Dios, y somos parte de los planes de nuestro Creador. Dios quiere que nuestras vidas sean en sus manos como el barro en las manos del alfarero. Su deseo es moldearnos de manera que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Pero a diferencia del barro que es moldeado por las manos del alfarero sin presentar resistencia alguna en el proceso, nosotros tenemos la capacidad de decidir si permitimos que el procedimiento se lleve a cabo o no. Esto, generalmente, resulta en obstáculos para que los planes de Dios se lleven a cabo, lo cual es sumamente lamentable ya que el propósito del Señor en nuestras vidas es llenarnos de su paz, de su gozo, de su amor y de sus bendiciones aun en medio de las pruebas y dificultades por las que tendremos que pasar.

El primer paso que debe dar un creyente que desea crecer espiritualmente es actuar como barro en las manos de Dios, sometiéndose a su voluntad, sin poner resistencia a la acción transformadora del Espíritu Santo que se está llevando a cabo en su vida. Al examinar tu vida, ¿puedes decir sinceramente que eres como barro en las manos de Dios? ¿Es la obediencia un elemento fundamental en tu comportamiento? Si has contestado afirmativamente estas preguntas, ¡Gloria a Dios! Este es el carácter que Dios desea ver en sus hijos. Si por el contrario, reconoces que puedes mejorar en esta área, hazte el propósito de ser como el barro en las manos de Dios, buscando su voluntad por medio de la lectura de su Palabra y la oración diariamente, y rindiéndote a él. Entonces él hará maravillas en tu vida.

ORACIÓN:
Padre celestial, me postro ante tu trono para rogarte que me moldees conforme a los planes que tú tienes para mí. Ayúdame a ser dócil y maleable, como el barro, para que puedas llevar a cabo tu obra en mí sin que yo sea un obstáculo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

RESTAURADO POR LA GRACIA



Lucas 15:11-16
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”.

La independencia es una cualidad muy valorada. La enseñamos a nuestros hijos, y la exigimos para nosotros mismos. Existen incluso estatuas y monumentos erigidos como homenajes a la autosuficiencia y a la libertad.

Pero la historia del hijo pródigo nos muestra un aspecto menos positivo de la independencia; un aspecto que, lamentablemente, es parte de la naturaleza humana. El hijo rebelde se hace cargo de su propia vida, rechazando el amor y la protección de su padre. Por suerte, la historia no termina con el pecado del joven; termina con la demostración de la gracia restauradora de Dios.

Pecar significa actuar independientemente de la voluntad de Dios. Comienza con un deseo y luego la decisión de ejecutarlo. Cuando lo hacemos, nos encontramos, como el hijo pródigo, en una “provincia apartada”, fuera y lejos de la voluntad de Dios. Mantenerse allí es vivir en el engaño. Nos engañamos al pensar que sabemos más que Dios, ignorando las consecuencias. Después viene la derrota. Por un tiempo, todo puede parecer estar bien, pero al igual que el hijo pródigo, descubrimos que nuestro camino lleva a la derrota. Hasta que finalmente, comenzamos a padecer de hambre espiritual, y de carencias emocionales. Lo que lleva a la desesperación, donde nuestras opciones son pocas y nada agradables.

Pero al igual que la desesperación no es el final de la historia del hijo pródigo, tampoco tiene que ser el nuestro final cuando pecamos. Jesús contó esta historia del amor perdonador del Padre celestial, pues deseaba darnos a conocer la gracia restauradora de nuestro Dios.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE NO SE HACE REMISIÓN



Mateo 26:28
“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados”.

Dicen que los cristianos tenemos Una Religión Sangrienta, y es verdad (por lo de sangrienta). Dios dice en el antiguo testamento, “Porque la vida de la carne en la sangre está” (Levítico 17:11). Pablo nos dice en Hebreos 9:22, “sin derramamiento de sangre no se hace remisión, (de pecado)”. A través de toda la palabra de Dios, Él nos enseña la imposibilidad de salvarnos nosotros mismos; es decir, por nuestras buenas obras, o por cualquier sufrimiento o sacrificio que hacemos (Efesios 2:9). Nos hemos entregado tan irremediablemente a hacer nuestra propia voluntad y a las obras de la carne, que nos quedamos completamente perdidos y sin esperanza.

No hay nada que podemos hacer. Solo hay que acudir a la fuente de agua viva que nos da nuestro Señor Jesucristo y dejar que su sangre derramada cubra nuestros pecados. Hay un himno antiguo y precioso que pregunta, “¿Qué me puede dar perdón, solo de Jesús la sangre?”

En aquel día lo único que contará será si te arrepentiste de tus pecados y aceptaste el sacrificio de Jesús en la Cruz.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

ORACIÓN



Padre celestial, me postro ante tu trono para rogarte que me moldees conforme a los planes que tú tienes para mí. Ayúdame a ser dócil y maleable, como el barro, para que puedas llevar a cabo tu obra en mí sin que yo sea un obstáculo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

sábado, 16 de marzo de 2013

¿ALGUIEN “DE CONFIANZA” TE HA FALLADO?



2 Timoteo 4:9-18
“Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Efeso. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

¿Por qué será que en tiempos de problemas, muchos de aquellos en quienes más confiamos se olvidan de nosotros? ¿Por qué aquellos amigos o familiares con quienes pensábamos que podíamos contar, inesperadamente desaparecen durante nuestros días más difíciles? Estas son preguntas dolorosas de considerar, pero a veces ellas representan la cruda realidad. Pueden ser muchas las razones por las que esos seres queridos nos fallan, y aunque examinar las causas no borra nuestro dolor, nos ayuda a entender el por qué sufrimos estas decepciones en nuestras vidas. Quizás podamos señalar algunas de las posibles razones que mueven a estas personas a actuar de esa manera:

• Se sienten incapaces de ayudar
• Sienten celos
• Son insensibles
• Tienen temor de enfrentar los problemas
• Son egocéntricos
• Tienen un espíritu crítico

El apóstol Pablo ciertamente estuvo familiarizado con esta lista. En el pasaje de hoy, parte de su segunda carta a Timoteo, podemos sentir su tristeza al escribir que sus amigos lo habían abandonado y lo dejaron solo para que se enfrentara a las amenazas que sobre él se cernían. “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon”, dice el versículo 16. Pero pon atención a lo que dice en el próximo versículo: “Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas”. La fe de Pablo en el Señor, al que amó y en el que confió, se manifiesta en esta frase a pesar de su triste situación. Esta misma seguridad debemos tenerla nosotros, pues Dios nunca nos dejará ni nos desamparará, como prometió a Josué (Josué 1:5).

Jesús también, en los momentos más difíciles de su vida, fue negado y abandonado por sus discípulos, algunos de los cuales habían prometido dar su vida por él. Allí en Getsemaní, en el momento en que el Señor era arrestado, dice la Biblia: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Marcos 14:50). Y si esto le pasó a Jesús, quien derramó amor y misericordia a todos los que estaban a su alrededor, ¿qué podemos esperar nosotros?

La fidelidad es un atributo de Dios, pero no es precisamente un atributo humano. Todo lo contrario, por regla general podemos afirmar que, en mayor o menor grado, es la infidelidad lo que nos caracteriza. En el Salmo 27:10, el salmista enfatiza en la fidelidad de Dios, al mismo tiempo que admite que aún sus padres pudieran abandonarlo: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”. Esta es la seguridad con la que debemos vivir: en su inmenso amor y misericordia, Dios permanece fiel aunque nosotros le seamos infieles. Así dice 2 Timoteo 2:13: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo”.

Si has sufrido una decepción producto de que alguna persona amada te falló, reflexiona en esta enseñanza y con todo tu corazón aplícala a tu vida. Aférrate del amor de Dios, pasa tiempo con él en oración y deposita en él tu confianza. Muy pronto el Señor sanará tus heridas y llenará tu corazón de su paz inefable. Y no te olvides de orar por esa persona que te falló. Dios puede hacerle reflexionar y cambiar de actitud.

ORACIÓN:
Padre amado, gracias por tu fidelidad. Muchas veces te he fallado pero tú siempre estás dispuesto a acudir en mi ayuda en los momentos difíciles de mi vida. Ayúdame a confiar plenamente en ti aún cuando mis amigos y los que dicen que me aman me abandonen. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LA PROFUNDA GRACIA DEL PADRE CELESTIAL



Lucas 15:17-24
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”.

Las películas familiares terminan normalmente con una cálida reunión de sus miembros. Los vemos abrazándose unos a otros, en una expresión de amor y solidaridad.

La parábola del hijo pródigo muestra una imagen semejante de la actitud de nuestro Padre celestial hacia nosotros, sus hijos. Esta historia tan conocida ilustra la magnificencia de la gracia. En Lucas 15:20, el que fue agraviado corre para recibir con brazos abiertos al agraviador. Es importante advertir cómo el que fue maltratado se compadece del culpable.

Y aun hay más. El hijo pródigo no sabía que sus derechos como hijo serían restaurados. Nosotros, como creyentes, sí sabemos de antemano lo que nos espera cuando volvemos humildemente a nuestro Padre celestial. Por su gracia, podemos contar con su aceptación, no importa el tiempo que hayamos estado alejados de Él, o cuán lejos hayamos vagado. La gracia nos garantiza que nuestro Señor nos recibirá con compasión y perdón, y que nos restaurará plenamente nuestros derechos como sus hijos. No es nuestro buen desempeño, ni las buenas obras o incluso las palabras apropiadas lo que importa, sino nuestra identidad en Cristo. Cuando Dios ve que pertenecemos a su Hijo y nos arrepentimos de todo corazón, Él nos perdona.

La parábola del hijo pródigo nos señala que gracias a Jesucristo, somos perdonados. Aunque esto no nos da licencia para pecar (Romanos 6:1, 2), sí nos da un motivo para celebrar. Nuestro Padre está esperando para darnos una calurosa bienvenida al hogar.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ORACIÓN



Padre amado, gracias por tu fidelidad. Muchas veces te he fallado pero tú siempre estás dispuesto a acudir en mi ayuda en los momentos difíciles de mi vida. Ayúdame a confiar plenamente en ti aún cuando mis amigos y los que dicen que me aman me abandonen. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

LA PUERTA DE LA SALVACIÓN SE ESTA CERRANDO



Mateo 25:46
“E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna”.

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda” (Mateo 25:31-33). Jesús habla aquí del juicio final, el ultimo evento hacia el cual toda la actividad del mundo se está precipitando. Los sucesos actuales del mundo indican que este juicio está a la puerta.

Cuando Dios le diga a los cabritos, (los perdidos y no salvos) que tienen que apartarse de El a causa de sus pecados, y porque no han recibido a Cristo en sus corazones, incrédulos y asombrados dirán: “¿pero cómo? yo no sabía, yo no tengo la culpa”, “pero yo no tenía tiempo suficiente”, etc. etc. entonces ya no habrá excusa e “E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

La puerta de la salvación todavía está abierta, pero ya empieza a cerrarse.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día