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viernes, 9 de noviembre de 2012

PRINCIPIO DE DOLORES



Mateo 24:7-8
"Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores"

Vemos terremotos, temblores, inundaciones, enfermedades y tantas epidemias que están haciendo victimas en todas partes del mundo, afectando a tanta gente.

Las gripes porcina y de influenza que afectó a los mexicanos y que tuvieron que llevar mascarillas en los lugares públicos, además de estar en la obligación de suspender toda actividad pública, como conciertos, partidos de fútbol, y entre los cuales también los cultos de adoración. Estos virus cobraron muchas victimas, dentro de las cuales muchas otras se encuentran en observación. También en otras partes del planeta estos y muchos virus más ha cobrado innumerables victimas,  principalmente en EE.UU. y Canadá. Tras todos estos acontecimientos que están pasando, no cabe duda de que estamos en los últimos tiempos.

Dicen las profecías que “será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces…” (Daniel 12:1) y el Señor Jesús advirtió del comienzo de estos días, también, diciendo: “Aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días” (Marcos 13:19-20). Sabemos por nuestro Señor, que antes que “venga el día grande del Señor” (Joel 2:31 y Malaquías 4:5), Jerusalén será sitiada, y “las potencias de los cielos serán conmovidas” (Marcos 13:25), trayendo como resultado una gran guerra contra Israel: “¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado” (Jeremías 30:7); pero cuyo inicio será en los cielos: “Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira” (Isaías 13:13). Por tanto, no hemos de impacientarnos, ya que el Señor hará justicia, pasando al mundo por fuego, para que éste sea purificado: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).


El mismo Señor desde el principio lo anunció en su palabra: “Preparaos porque vienen cosas grandes a la tierra, grandes y terribles, porque la maldad de los hombres ha llegado a mi presencia, y es grande mi ira, pero yo guardare a los que me buscan, vosotros estáis en la palma de mi mano, mira que… “caerán mil a tu diestra y diez mil a tu siniestra mas a ti no llegaran” (Salmo 91:7). El Señor esta cumpliendo todas estas cosas y yo las creo, más nunca me imagine en que forma todo esto podría suceder, solo sé que, no importa lo que suceda, Dios nos guardará, esa es mi confianza.

Esta es una reseña de las tragedias que han ocurrido en Colombia, provocando cientos de miles de muertos y damnificados (Déle click al siguiente enlace para que vea)


Yo no sé lo que piensen ustedes, pero yo sé que vendrán cosas aún mas grandes a la tierra, porque el Señor en su misericordia ya nos las anunció y nos dijo que nos preparemos y que nos aferremos más y más a Él. Yo sé que para muchos quizás no tenga importancia, pero los cambios climáticos son evidentes.

No podemos ser indiferentes a todas estas cosas, y seguir nuestra rutina como si nada estuviera pasando, después de todo, repito, Cristo ya nos había anunciado todas estas cosas en su palabra. Es tiempo de buscar a Dios, pues escrito está: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar" (Isaías 55:6-7).


El siguiente video es de un terremoto que sacudió la région de Abruzzes, en Italia. Provocando la muerte de casi 300 personas sin contar los damnificados. Y todo esto, son solo algunas cosas de lo que ha sucedido a nivel mundial en las ultimas decadas de la historia de la humanidad (Déle click al siguiente enlace para que vea).


En Montreal, Canadá, hace muchos años los inviernos eran terriblemente fríos (-30 grados Celsius, en Enero y Febrero) ahora, en los últimos diez años, la temperatura estado subiendo poco a poco, los inviernos ya no son lo que eran, antes hacia frío durante meses, ahora dura solo unos días. Ahora, lo alarmante es que en el mes de Abril haga calor, (cerca de 30 grados Celsius) cuando, hace solo 5 años atrás, era impensable semejante temperatura a esas alturas del año, eso solo se sentía hasta el mes de Junio. Si para los demás esto no son señales…, ¡para mi sí lo son!

La gente no parece tomar consciencia de lo que pasa, no se cuestiona, todo lo toman como algo normal y pasajero, viven sin preguntarse nada, solo viven. Les decimos de lo que Dios ha estado anunciando, y que vean como la naturaleza lo expresa, y la gente te dice que sí con una sonrisa, pero sus corazones están lejos de Dios. Pues, no importa lo que piensen los demás, yo le creo al Señor, y me aferro a Él, y le doy gracias cada mañana porque sé que está conmigo. Uno espera que con todas estas señales la gente se vuelva a Dios, pero lo que hacen es rebelarse aún mas en contra de Él. Es entonces donde entiendo cuando el Señor nos dice: “Oíd ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que tiene ojos y no ve, que tiene oídos y no oye” (Jeremías 5:21), porque para entender los designios de Dios, hay que entenderlos con el corazón; por eso dice su palabra: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23). También dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” Jeremías 17:9-10. Si hay alguien que conoce bien al ser humano ése es Dios, ya que somos creación suya y además escudriña nuestras mentes y corazones.

Dios les bendice hermanos(as), aférrense a Dios, confíen en Él, pónganse a cuentas con Él, guárdense de pecar, sigan sus sendas. Lo que nos queda es buscar más y más del Señor, llenarnos de Él cada día y esperar pacientemente en Él.

“Gracia y Paz”
Preparados para el fin.

viernes, 1 de junio de 2012


«LA MUERTE DE LA MUERTE»

Julio Azael Zepeda, de Barranquilla, Colombia, se probó el traje una vez más. Era un traje viejo, de más de cinco años, pero por eso mismo le tenía más aprecio. Todo lo encontró correcto: las medidas, el color, la tela, los adornos. Y como desde hacía cinco años, sonrío satisfecho.

Después de colgar el traje en el ropero, salió a la calle. En pocos días comenzaba el carnaval barranquillero, pero en la calle, inesperada e intempestivamente, lo atropelló un carro tirado por mulas. Julio Azael encontró la muerte, y allí en el ropero quedó esperándolo su traje de «La muerte». Porque ese era el disfraz que usaba con todo éxito cada año en el carnaval. Se vestía de muerte para desafiar a la muerte.

«Fue la muerte de la muerte», anunciaron los diarios de Barranquilla.

Aquí tenemos otra de tantas ironías de la vida. Julio Azael Zepeda se disfrazaba todos los años con el disfraz de Muerte: paños negros, esqueleto pintado, calavera pálida. Era uno de los mejores disfraces del carnaval de Barranquilla. Pero de tanto bromear con la Muerte, la Muerte de Carnaval, lo sorprendió la otra muerte, esa que no es un disfraz ni un chiste ni un carnaval: la muerte auténtica y verdadera.

Lo que llamó la atención fueron los titulares de los diarios: «Murió la Muerte»; «La Muerte encontró a la muerte»; «La muerte de la Muerte». Todos los titulares giraban en torno a la misma paradoja, la misma ironía, el mismo chiste macabro.

Sin embargo, el concepto de «la muerte de la muerte» es perfectamente bíblico. Es una de las promesas más grandes que Dios le ha hecho a la humanidad. Lo expresa en verso el profeta Oseas en el capítulo 13 de su profecía: «¿Dónde están, oh muerte, tus plagas? / ¿Dónde está, oh sepulcro, tu destrucción? / ¡Vengan, que no les tendré misericordia!» (v. 14).

Y en el libro del Apocalipsis, la última gran profecía de la Biblia, se estampa: «Ya no habrá muerte» (21:4). La muerte, que ha sido la compañera inseparable del hombre desde el día en que Adán pecó y ha sido la más temible experiencia de todas, un día dejará de existir. Ya no atacará más, ni morderá más, ni volverá a destruir felicidades e ilusiones, ni a provocar dolores y lágrimas.

Sólo Jesucristo, el Señor resucitado y viviente, tiene el verdadero y absoluto poder sobre la muerte y el sepulcro. Sólo Cristo tiene vida eterna para darnos.

“Gracia y Paz”
Hermano Pablo

jueves, 17 de mayo de 2012


¿UN PIE O LA VIDA?  - Hermano Pablo

Con un seco y sonoro ¡clic! se cerró la trampa. Era una trampa de acero, silenciosa y traicionera, oculta en la nieve por hojas de pino. Serge Cherblinko, cazador de osos en los bosques de Siberia, andaba de cacería. Sin darse cuenta, pisó donde no debió haberlo hecho, y la trampa clavó en él sus dientes de acero.

Serge sabía que por sí solo le sería imposible librarse de la trampa. El dolor era intenso, y la noche se aproximaba, con sus fríos, sus lobos y sus osos. Ahí mismo, solo y en medio del bosque, tomó una decisión drástica. Con su cuchillo de monte, se amputó el pie y, renqueando y arrastrándose como pudo, regando sangre por el camino, cubrió los dos kilómetros hasta llegar al refugio. Perdió un pie, pero se salvó la vida.

Esa noticia en la prensa internacional, aunque muy triste, nos deja una tremenda y clara lección. Es mucho mejor perder un miembro del cuerpo que perder toda la vida. Si la opción es perder un pie, o un ojo, o un miembro cualquiera del cuerpo, o perder la vida, cualquiera cedería uno de sus miembros antes que entregarse a la muerte.

¡Cuántas no han sido las veces que el cirujano se acerca a la cama del paciente y le dice: «Para salvarle la vida tenemos que amputarle la pierna»! Y como más vale la vida que una pierna, el paciente se somete. La vida misma siempre vale más que cualquier miembro del cuerpo.

Así mismo sucede con la vida espiritual, la vida eterna. Jesucristo conocía el incalculable valor de la vida eterna, así que un día, al predicarles a las multitudes, dijo: «...si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mateo 5:2930).

Si la vida física vale más que cualquier miembro de nuestro cuerpo, con mayor razón la vida espiritual, que es eterna, vale más que cualquier cosa en esta vida. Y sin embargo, ¡qué fácil nos es apegarnos a nuestros antojos injustos e inmorales aunque así perdamos la vida eterna! Jesús lo expresó con una claridad diáfana al decir que si ganamos el mundo entero, pero perdemos nuestra alma, lo hemos perdido todo. No cedamos lo eterno por lo efímero. Ni cedamos la gloria celestial por la vanagloria de este mundo. Al contrario, pidámosle a Cristo que sea el Señor y Dueño de nuestra vida.

“Gracia y Paz”

viernes, 4 de mayo de 2012


NO PUEDO VER NADA

Las palabras se oían con claridad, serenas y dramáticas: «No puedo ver nada.» Los hombres las escucharon vez tras vez, callados, serios, cargados de pesadumbre. La cinta seguía corriendo y corriendo. Pero ninguna palabra más podía oírse. Sólo aquellas que encerraban toda una tragedia: «No puedo ver nada.»

Eran las últimas palabras que había grabado el piloto del Boeing 747 de Iberia, que había chocado con el avión de Avianca en el aeropuerto Barajas de Madrid. La densa niebla, y el deficiente sistema de luces de la pista, habían provocado la tremenda desgracia en la que murieron 196 personas.

«No puedo ver nada.» En su sencillez y brevedad, estas palabras siempre denotan un problema en ciernes o una desgracia que se precipita. No poder ver nada, cuando uno más necesita de una clara y buena visión, es preludio de muerte.

Supongamos que uno corre por un camino de montaña, con precipicios a los lados. De pronto lo envuelve una densa niebla. Si no puede ver nada, el peligro de muerte está en cada vuelta del camino.

Supongamos que uno está dentro de su casa y ocurre un temblor. Las luces se apagan, las paredes se quiebran, las vigas del techo comienzan a caer. Uno busca desesperado el cuarto de los niños. Los oye llorar, pero no puede ver nada, y tropieza con sillas, muebles y escombros. No poder ver nada en esos momentos es horrible.

Supongamos que uno está metido dentro de un grave problema moral. Alguien le ha traído un chisme infame sobre su esposa o sobre su esposo. La duda ha cundido en el corazón. Su alma se debate en la incertidumbre. ¿Será cierto? ¿No será cierto? Uno se toma la cabeza y dice: «No puedo ver nada.»

O supongamos que uno ya está en su lecho de muerte. Ve acercarse el fin, y se da cuenta de que nunca arregló su vida con Dios y no sabe a dónde va. «No puedo ver nada», dice amargamente. Se da cuenta de que en la vida adquirió conocimientos y educación, hizo una carrera, tuvo una familia, y acumuló dinero y prestigio. Pero frente al más allá, «no puede ver nada».

Jesucristo es la luz del mundo. Él dijo: «El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).

“Gracia y Paz”

Hermano Pablo



jueves, 3 de mayo de 2012



CASA NUEVA, VIDA NUEVA, MUERTE VIEJA
por el Hermano Pablo

En la casa todo era alegría, festejo y felicidad. La casa estaba recién construida, y la familia se había mudado hacía apenas tres horas. Además del festejo por la casa nueva, se brindaba por la felicidad de una pareja de recién casados.

Así mismo, en el jet de fabricación británica, todo era festejo y alegría también. El avión estaba recién reparado, y volvía a la casa de su dueño, el magnate liberiano Hawker Siddeley. El ingeniero de vuelo, Joseph Dovillie, inglés de cuarenta y un años de edad, se sentía feliz también.

Pero la tragedia los envolvió a todos. El avión falló a poco del despegue. Se vino a tierra y chocó contra la casa. Diecisiete personas murieron en el accidente, entre ellos la pareja de recién casados. La casa y el avión se incendiaron y quedaron reducidos a cenizas. Todo esto ocurrió en Khartoum, Sudán, en abril de 1983.

Hay tragedias de la vida real que parece que fueran pura fantasía. Llegan a ser una acumulación de hechos y de circunstancias que parecen más propios de una película de horror que de la vida que todos suponemos debiera ser tranquila, feliz y ordenada.

He aquí toda una familia que celebra una doble felicidad, natural en cualquier familia: una casa nueva, recién comprada, y una pareja nueva, recién casada. Y he aquí un avión jet ultramoderno, que despega airoso del aeropuerto, para realizar un viaje que se supone es de placer.

Pero en cuestión de minutos: la caída del avión, el impacto en la casa, el incendio que estalla pavoroso, y ambos eventos felices que se convierten en escenas de horror y de espanto. De la felicidad más intensa se pasa, en un momento, a la desgracia, la ruina y la muerte.

¿Qué conclusión podemos sacar de esto? Una conclusión tan vieja como el hombre mismo: la muerte acecha a cada paso; por lo tanto, siempre hay que estar preparados. Hoy estamos vivos, sanos, bien provistos y felices. Mañana podemos estar enfermos, agónicos, arruinados o muertos.

¿Cuál es la actitud que nos conviene adoptar ante esta fragilidad e inseguridad de la vida humana? Estar preparados para cualquier eventualidad. Y como el Único que nos promete seguridad permanente y vida eterna es Cristo, entonces hoy, en este momento mismo, cuando el bienestar nos rodea —hoy y no mañana— más vale que recibamos a Cristo como Señor y Salvador.

“Gracia, Misericordia y Paz”
conciencia.net