jueves, 19 de marzo de 2015

¿NO SABES CÓMO ENCONTRAR LA FELICIDAD?




Juan 4:7-19
“Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta”.

En este pasaje Jesús se encuentra con una mujer que ha pasado su vida en busca de la felicidad. Esta mujer samaritana pasó de una relación a otra relación, tratando de llenar el vacío de su vida, sin lograrlo. Jesús le ofreció la solución para su problema pasando de lo físico y emocional a lo espiritual. Por eso le muestra el remedio perfecto para calmar la sed de su alma. El Señor le dijo: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”. Al igual que la mujer samaritana, la mayoría de los seres humanos buscan ansiosamente la felicidad por diferentes medios, y muchas veces no la consiguen, y si la consiguen es de una forma superficial y temporal. Jesús usó esta metáfora para mostrarle a aquella mujer que él podía darle el “agua de vida eterna” con la cual saciar su sed espiritual y llenar el vacío de su alma de una vez y para siempre.

El ser humano no se siente totalmente feliz mientras, de acuerdo a sus propios conceptos, le falte algo, ya sea material, emocional o espiritual. Muchas cosas pueden hacernos sentir incompletos o insatisfechos: relaciones rotas, soledad, desempleo, enfermedad, problemas en la familia, falta de propósito en la vida. Las palabras de Jesús pueden ser aplicadas a todos nosotros. Él es el único que puede llenar el vacío y sanar heridas en lo más profundo de nuestra alma y nuestro corazón. El apóstol Pablo escribió a los colosenses: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:8-10). Ciertamente sólo a través de Cristo estamos completos. Si tenemos a Cristo no necesitamos nada más, aunque desde el punto de vista material pueda “faltarnos” algo.

Pablo llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando sobra. En su carta a los filipenses les dijo: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:11-12). Entonces nos dice el secreto de su constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Si sientes que “falta algo” en tu vida, busca el rostro del Señor en oración diariamente y pídele que derrame el agua restauradora de su amor en tu espíritu quebrantado. Solamente a través de él puedes encontrar la felicidad que tanto deseas.

ORACIÓN:
Amante Padre, te doy gracias una vez más por Jesucristo. Ayúdame a entender que él es la fuente de todo lo que yo necesito en la vida para estar completo. Yo rechazo todo intento de Satanás de confundirme y creo que tu presencia llena mi vida completamente. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

1 Corintios 13:4-5



1 Corintios 13:4-5
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor”.

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martes, 17 de marzo de 2015

¡DEJA YA TU VIDA DE PECADO, DIOS QUIERE RESTAURARTE!


¡DEJA YA TU VIDA DE PECADO, DIOS QUIERE RESTAURARTE!

2 Crónicas 7:14-15
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar”

En el principio de la Creación, Dios preparó un lugar con todo lo necesario para que el hombre pudiera suplir sus necesidades físicas, y por medio de la comunión con el Creador supliría todas las necesidades espirituales y emocionales. Al principio el plan de Dios marchó a las mil maravillas. Había comunión constante entre él y Adán y Eva, y ellos disfrutaban de la paz y el gozo que produce la presencia del Señor. Ellos dependían de Dios y él suplía todo lo que necesitaban. Era una relación de amor mutuo. Todo era perfecto. Pero entonces hizo su aparición la serpiente (Génesis 3), y astutamente logró que Eva primero, y Adán después comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, desobedeciendo a Dios. Como consecuencia se rompió la comunión de ellos con el Señor, y se acabó la paz y la felicidad que disfrutaban.

Desde ese instante hasta nuestros días el ser humano se ha ido degenerando en todos los aspectos, físico, moral y espiritualmente. Pero Dios, en su inmensa misericordia, ha provisto una forma de detener esa degeneración y reparar el terrible daño. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo, el cual murió en la cruz del Calvario derramando su sangre como propiciación por nuestros pecados. Tres días después resucitó, venciendo la muerte y preparando el camino de la salvación para “todo aquel que en él cree” (Juan 3:16). Si nos humillamos y reconocemos que somos pecadores y abrimos el corazón a Jesucristo, nuestros pecados son perdonados. Entonces comienza el proceso de santificación, el cual se lleva a cabo por medio de la obra continua del Espíritu Santo, con el fin de restaurar nuestras vidas. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “restaurar” de la siguiente manera: “Reparar, volver a poner una cosa en el estado que tenía antes”. Esto es exactamente lo que Dios desea lograr en cada uno de nosotros.

Antes del acto de desobediencia de Adán y Eva, Dios ocupaba el trono de sus corazones, él era el Rey en esa relación. Al pecar, el hombre bajó a Dios del trono y se subió él. Ahí comenzó la desgracia de este mundo. Ahora, por la gracia de Dios, el hombre tiene la oportunidad de aceptar el sacrificio de Cristo, bajarse del trono y dejar que el Señor lo ocupe de nuevo, como al principio. Al igual que una pintura que ha sufrido daño o deterioro por alguna causa puede ser restaurada de manera que vuelva a ser como era originalmente, nosotros podemos ser restaurados de manera que lleguemos a ser como el original, a imagen y semejanza de Dios. Este es el propósito de Dios, que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).

El pasaje de hoy cuenta que Dios se apareció ante el rey Salomón, y le habló acerca de lo que el pueblo de Israel debía hacer para que sus pecados fueran perdonados y su tierra fuera sanada. Han transcurrido más de dos mil cuatrocientos años desde esa declaración, y cada día vemos a nuestro alrededor más señales del deterioro moral y espiritual en el que ha caído la humanidad, pero esas poderosas palabras permanecen vigentes sobre la faz de este mundo que tan necesitado está del perdón de Dios y de su sanidad. Es necesario leer la Palabra de Dios, pasar tiempo en oración diariamente y cambiar la dirección en la que vamos.

Si tú crees que necesitas restauración, presta atención a esta enseñanza que muestra claramente los pasos a seguir. El primero es aceptar a Jesucristo como tu salvador. Después somete a Dios tu vida, y permite que su Santo Espíritu haga en ti su obra de restauración. Pronto comenzarás a experimentar una milagrosa transformación, y podrás disfrutar del gozo y la paz de Dios, como era al principio.

ORACIÓN:
Bendito Dios, hoy vengo ante ti con un corazón contrito y humillado, en busca del perdón, la sanidad y la restauración que sólo tú puedes ofrecer. Te pido también que tengas misericordia de los que viven en las tinieblas del pecado, y te manifiestes con todo tu poder moviéndolos al arrepentimiento y la búsqueda de tu perdón. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla





Proverbios 18:21



Proverbios 18:21

"Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto".

2 Corintios 1:4


Salmo 91:1-16