martes, 7 de octubre de 2014

Apocalipsis 3:11




Apocalipsis 3:10-12
"…Porque has guardado la palabra de mi perseverancia, yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que está por venir sobre todo el mundo para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra. Vengo pronto; retén firme lo que tienes, para que nadie tome tu corona. Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.…"

ORACIÓN

¿Qué haría falta para que fueras un hombre o una mujer “conforme al corazón de Dios”? ¿De qué actividades debes apartarte? ¿Qué prácticas debes añadir a tu vida diaria? Pídele a Dios que te ayude a hacer los cambios necesarios, de manera que puedas conformarte a los deseos de su corazón. Busca su rostro en oración cada día de tu vida, lee su palabra, medita en ella y el Espíritu Santo poco a poco irá llevando a cabo en ti esa transformación.


¿QUÉ SIGNIFICA SER “CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS”?



¿QUÉ SIGNIFICA SER “CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS”?

Hechos 13:21-22
“Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”.

El apóstol Pablo se estaba dirigiendo a un grupo que era básicamente judío, y en medio de su discurso les habló de David, quien, por supuesto, era bien conocido por el auditorio. David puede ser recordado como un gran guerrero o como un rey conquistador o como un gran salmista, pero Pablo prefirió llamarlo de la manera en que Dios le llamó cuando decidió desechar al rey Saúl por su desobediencia, y reemplazarlo con David. Así le dijo a Saúl el profeta Samuel: “Yahweh se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Yahweh te mandó” (1 Samuel 13:14).

¿Qué significa ser “conforme al corazón de Dios”? Para David significaba mantener una relación íntima con Dios en todas las circunstancias, y amarle por sobre todas las cosas. Estando en el desierto de Judá, huyendo del rey Saúl y sus ejércitos que lo buscaban para matarlo, David escribió el Salmo 63, donde derramó su amor por Dios y el profundo deseo de su alma de vivir en íntima comunión con el Señor. Dice el versículo 1: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela...” Y en el Salmo 42:1, David dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Esto significa mucho más que simplemente una rutina regular de oraciones memorizadas. Este clamor del espíritu de David estaba fundado en un anhelo muy profundo de caminar lo más cerca posible del Señor.

Cuando Dios ordenó al profeta Samuel que fuera a casa de Isaí de Belén, pues había decidido elegir como el próximo rey de Israel a uno de sus ocho hijos (1 Samuel 16), le advirtió lo siguiente: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Yahweh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yahweh mira el corazón”. Y aquel día, Samuel ungió al menor de todos ellos, el joven pastor de ovejas David, quien tiempo después fue coronado rey de Israel donde reinó por cuarenta años. Muchos años más tarde Dios reprendió al rey Jeroboam quien había sido desobediente construyendo altares y ofreciendo sacrificios a dioses falsos, diciéndole: “Tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón” (1 Reyes 14:8).

El anhelo intenso de David era vivir de manera que Dios se agradara de él. Su vida, descrita a través de los Salmos que escribió, reflejan un corazón dispuesto a la adoración (Salmo 29), una fe absoluta en su pastor, el cual le proveía de todo (Salmo 23), y en quien confiaba plenamente aún mientras dormía (Salmo 4). Ciertamente David era un hombre conforme al corazón de Dios. Buscaba al Señor cada día muy temprano para adorarle de todo corazón, confiaba plenamente en él en todas las circunstancias, le alababa constantemente, le adoraba y le obedecía en todo. Por eso, el Señor dice en el pasaje de hoy, refiriéndose a David, “quien hará todo lo que yo quiero”.

Sin duda David no era perfecto, como no lo es ningún ser humano. Él cayó en pecado de adulterio al acostarse con Betsabé, y más tarde fue culpable de homicidio al planear la muerte del marido de ésta, pero después reconoció su pecado y con corazón contrito y sinceramente arrepentido se postró ante Dios clamando por su perdón. Y Dios lo perdonó y lo restauró. Fue entonces que escribió el Salmo 51, en el cual mostró su quebrantamiento.

¿Qué haría falta para que te describieran a ti como un hombre o una mujer “conforme al corazón de Dios”? ¿De qué actividades debes apartarte? ¿Qué prácticas debes añadir a tu vida diaria? Pídele a Dios que te ayude a hacer los cambios necesarios, de manera que puedas conformarte a los deseos de su corazón. Busca su rostro en oración cada día de tu vida, lee su palabra, medita en ella y el Espíritu Santo poco a poco irá llevando a cabo en ti esa transformación.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 6 de octubre de 2014

El Evangelio de JESUCRISTO es totalmente diferente al de hoy...



El Evangelio de JESUCRISTO es totalmente diferente al de hoy.
El Evangelio de JESUCRISTO nos llama al ''arrepentimiento'' 
¡Es transformación de las almas!
En el Evangelio de JESÚS nada es oculto, todo sale a la luz.
El Evangelio de JESUCRISTO es ''SALVACIÓN'' de las almas.

Hoy en día muchos mundanos se creen ''cristianos'' sólo porque hacen una oración, pegan un pescado en el auto, y listo, ya son ''cristianos''. Pasan por alto el pecado. Jamás han rasgado sus vestiduras delante de Dios, pidiendo perdón por todos sus pecados y así se creen salvos. Tienen el corazón entenebrecido, sus pensamientos oscuros y cuando les hablas la ''verdad'' se enojan. ¿Qué clase de ''cristianos” son?


¡Gracia y Paz!

ORACIÓN



ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a sacar fuera de mí todo sentimiento de temor y ansiedad, y echarlo sobre tus brazos poderosos. Aumenta mi fe para que yo pueda vivir en tu paz y en tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.

Si has orado, pero continúas sintiendo ansiedad, temor, desesperación, es porque no le has entregado tus cargas al Señor. No has confiado lo suficiente e inconscientemente te has quedado con esa ansiedad dentro de ti. Continúa orando, clama al Señor, reconoce ante él tu incapacidad de soltar tu ansiedad y todo eso que te molesta. Humíllate ante él, pídele que te ayude y él te ayudará. Mentalmente visualiza la acción de tomar tu ansiedad y “echarla” fuera de ti, directamente en los brazos de nuestro Abba Padre. Persiste en la oración hasta que sientas que la paz inefable del Señor inunda todo tu ser.


“Gracia y Paz!

¿NO PUEDES CONTROLAR TU ANSIEDAD?



¿NO PUEDES CONTROLAR TU ANSIEDAD?

1 Pedro 5:6-7
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”

La ansiedad es un estado del ánimo que se manifiesta con mucha inquietud y nerviosismo. Esto produce en la persona ansiosa, impaciencia, cansancio físico y mental, irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño (insomnio), alta presión arterial, palpitaciones o taquicardia, y muchos otros efectos negativos. Es decir, la persona que está sufriendo de ansiedad vive en un estado de constante angustia y carece totalmente de paz y tranquilidad espiritual. Esto hace su vida miserable, y asimismo afecta a los que están a su alrededor.

Con mucha frecuencia la ansiedad está asociada a preocupaciones que existen en la mente de una persona. Por ejemplo: una difícil situación económica, la espera de los resultados de unos análisis o pruebas médicas, el extraño comportamiento de un hijo adolescente. De igual manera podemos sentir ansiedad cuando esperamos una noticia que demora mucho en llegar, o cuando se aproxima una situación a la que tendremos que enfrentarnos y sabemos que será muy incómoda y desagradable. También puede ser miedo a tener un accidente, o a quedarse sin trabajo, a enfermarse o a morir.

Estas y muchas otras pueden ser las causas que produzcan ansiedad en una persona. Pero, cualquiera sea el origen, la escritura de hoy nos exhorta a que la “echemos” sobre nuestro Padre celestial. “Echar”, según el diccionario, es: “Hacer que una cosa vaya a parar a alguna parte, dándole impulso con la mano o de otra manera”, es decir ponerla lejos de nosotros. En este caso implica que nos libremos de toda esa ansiedad que nos está afectando. Esto, obviamente, resulta muy difícil para una persona que se encuentra en tal estado de nerviosismo y desequilibrio emocional. Lo primero que nos dice nuestro Padre amoroso, por medio del apóstol Pedro es que nos humillemos, es decir que seamos humildes y reconozcamos nuestra incapacidad de resolver la situación por nosotros mismos. Una vez estamos conscientes de esto, nos refugiamos bajo “la poderosa mano de Dios”, y “echamos toda nuestra ansiedad sobre él” con la absoluta seguridad de que “él tiene cuidado de nosotros”. Entonces, “cuando fuere tiempo”, o sea de acuerdo a sus planes para nuestras vidas, él nos levantará y nos exaltará. De esto tenemos que estar seguros, pues siempre que acudimos a Dios, confiando en él, nos responde y nos ayuda.

El apóstol Pablo, estando preso en una cárcel en Roma, rodeado de incomodidades, siendo humillado y torturado, y esperando ser ejecutado de un momento a otro, fue capaz de encontrar paz orando constantemente. Así escribió una carta a los cristianos de Filipos, exhortándolos a no estar ansiosos o afanosos sino a llevar su ansiedad delante de Dios en oración. Dice Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Recordemos siempre que la oración es nuestra mejor arma contra el afán y la ansiedad. El autor del Salmo 119 estaba pasando por momentos muy difíciles cuando clamó a Dios diciendo: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra” (Salmo 119:28). Sigamos estos ejemplos y busquemos la santa presencia de Dios en medio de las pruebas.

Si has orado, pero continúas sintiendo ansiedad es porque no la has echado totalmente sobre Dios. No has confiado lo suficiente e inconscientemente te has quedado con esa ansiedad dentro de ti. Continúa orando, clama al Señor, reconoce ante él tu incapacidad de soltar tu ansiedad, humíllate ante él, pídele que te ayude y él te ayudará. Mentalmente visualiza la acción de tomar tu ansiedad y “echarla” fuera de ti, directamente en los brazos de nuestro Abba Padre. Persiste en la oración hasta que sientas que la paz inefable del Señor inunda todo tu ser.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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sábado, 4 de octubre de 2014

ORACIÓN

No es suficiente reconocer que hay que hacer cambios en nuestras vidas. Es imprescindible creer que la gracia de Dios, a través del sacrificio de su Hijo, es lo único que puede salvarnos de la condenación eterna. Romanos 10:9 dice que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Aceptar a Jesucristo como salvador es el primer paso en nuestro camino al cielo, pero no debemos olvidar que se requieren cambios profundos en nuestros corazones y en nuestras mentes que nos muevan a actuar de manera que nuestro testimonio glorifique el nombre de Dios. Con este fin el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones. Nuestra parte consiste en alimentar nuestro espíritu por medio de la oración y estudio de la Palabra de Dios diariamente. Así creceremos en el aspecto espiritual hasta que lleguemos “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, como dice Efesios 11:13.

ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, te doy gracias por el inmenso sacrificio de tu amado Hijo; y aunque soy inmerecedor de tan grande redención, te ruego me ayudes a entender tu infinita gracia y a rendirme a la acción transformadora de tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

¿VIVES UN CRISTIANISMO INCOMPLETO?



¿VIVES UN CRISTIANISMO INCOMPLETO?

Hechos 19:1-5
“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”.

Esta escritura nos dice que, durante su tercer viaje misionero, el apóstol Pablo llegó a la ciudad de Efeso. Allí Pablo halló un pequeño grupo de discípulos, a los cuales preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” Ellos contestaron que ni siquiera habían oído que existía el Espíritu Santo. Estos hombres habían recibido el bautismo de Juan el Bautista. La predicación de Juan era una advertencia a todos de lo que les pasaría si no se arrepentían de sus pecados, pero no incluía las buenas nuevas de salvación que más tarde conocerían a través de la predicación de Jesús. Juan estaba creando las condiciones para lo que vendría después. Así como dijo el profeta Isaías unos ocho siglos antes: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Isaías 40:3). Por eso Juan anunció a todos: “Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo” (Marcos 1:7-8).

Cuando reconocemos que, producto de nuestros pecados, somos merecedores de la condenación eterna damos el primer paso hacia nuestra liberación pero no es suficiente, pues entonces nos esforzamos en comportarnos mejor pero inevitablemente fracasamos porque tratamos de hacerlo por nosotros mismos, lo cual es imposible. Entonces caemos en un estado de frustración y desesperanza. Es como escuchar de labios del médico el diagnóstico de una terrible enfermedad sin que al mismo tiempo nos dé la esperanza de que exista un tratamiento para su cura. Aquellos discípulos conocían las consecuencias de sus pecados, pero no la gracia de Cristo ni el poder del Espíritu Santo. Su “religión” era una lucha que no había alcanzado el momento de la paz.

En esta situación estaban aquellos hombres cuando Pablo les habló de aquel a quien Juan el Bautista les había anunciado como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Fue entonces que creyeron en el Señor Jesucristo y en su nombre fueron bautizados, recibiendo el Espíritu Santo. Más adelante dice que Pablo continuó predicando y enseñando la Palabra de Dios “por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hechos 19:10). El poder de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo se manifestó plenamente sobre la doctrina incompleta que existía entonces en aquella región. Desde entonces comenzaron a manifestarse cambios en la iglesia.

Es necesario entender que, aunque es muy importante, no es suficiente reconocer que hay que hacer cambios en nuestras vidas. Es imprescindible creer que la gracia de Dios, a través del sacrificio de su Hijo, es lo único que puede salvarnos de la condenación eterna. Romanos 10:9 dice que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Aceptar a Jesucristo como salvador es el primer paso en nuestro camino al cielo, pero no debemos olvidar que se requieren cambios profundos en nuestros corazones y en nuestras mentes que nos muevan a actuar de manera que nuestro testimonio glorifique el nombre de Dios. Con este fin el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones. Nuestra parte consiste en alimentar nuestro espíritu por medio de la oración y estudio de la Palabra de Dios diariamente. Así creceremos en el aspecto espiritual hasta que lleguemos “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, como dice Efesios 11:13.

ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, te doy gracias por el inmenso sacrificio de tu amado Hijo; y aunque soy inmerecedor de tan grande redención, te ruego me ayudes a entender tu infinita gracia y a rendirme a la acción transformadora de tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


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viernes, 3 de octubre de 2014

¿TIENES PROBLEMAS CON LA IRA?



Efesios 4:26, 27
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

En relación a la ira, un artículo de una importante revista dice: “La ira puede mover las pasiones contra el mal y operar con la fuerza y la eficacia de un instinto si está asociada con un carácter santo. En este caso es buena y es eficaz, pero si está relacionada con la maldad se vuelve pecaminosa. Bajo la inspiración de una naturaleza santa puede brillar con una potencia maravillosa contra el mal, la falsedad y el deshonor; pero bajo el control de un espíritu malvado puede llegar a causar daños irreparables en muchas vidas”. La ira es, sin duda, un sentimiento que puede ser un arma de doble filo.

La escritura de hoy establece claramente que, en ciertas circunstancias, la ira tiene un lugar en la vida del cristiano. De hecho, la falta de ira podría ser una indicación de debilidad espiritual. La Biblia nos dice en el Salmo 145:8: “Clemente y misericordioso es el Señor, lento para la ira, y grande en misericordia”. El salmista afirma que aunque la bondad y la misericordia de Dios retardan la manifestación de su ira, llega un momento en que el Señor expresa su coraje ante la maldad, la injusticia y el pecado del hombre. El Salmo 106 nos habla acerca de la rebeldía del pueblo de Israel. Dice el versículo 29 que ellos “provocaron la ira de Dios con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos”.

También Jesús, en ocasiones se llenó de ira. Por ejemplo, en Mateo 21:12-13 dice: “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. Jesús se encoleriza ante la actitud blasfema de aquellos mercaderes y sin ocultar su ira los echa del templo (en Juan capítulo 2 dice que usó un azote de cuerdas). ¡Sin duda Jesús estaba muy molesto! Sin embargo, el versículo siguiente dice: “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó”. Es decir, inmediatamente después de haberse airado, y habiendo echado a los mercaderes del templo, vinieron a Jesús unos ciegos y unos cojos, y él los sanó. Una vez mostró su ira cuando había que enojarse, Jesús de inmediato está en control de sus emociones y dispuesto a mostrar su amor y su compasión por aquellos que venían a él en busca de sanidad.

Una ira santa producida por injusticia o maldad, acompañada de un deseo sincero de que se haga la voluntad de Dios es tanto sana como efectiva. Pero airarse contra alguien por un resentimiento personal o envidia constituye un pecado. Y puede traer muy malas consecuencias. Por eso no debemos permitir que se acumulen en nuestro corazón resentimientos contra alguien que nos ha ofendido, los cuales pueden crear raíces de amargura que afectan nuestro comportamiento hacia los que nos rodean. La Biblia nos alerta acerca de esto en Hebreos 12:15: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. Para evitar esto, el pasaje de hoy nos aconseja: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Es decir, antes que termine el día debemos deshacernos de todo sentimiento de enojo.

Si no puedes controlar tus emociones y sientes que la ira te está empujando a pecar, arrodíllate y clama al Señor buscando su fortaleza y el dominio propio que viene de su Santo Espíritu. Recuerda: “No des lugar al diablo”. Dios tomará control de la situación, llenándote de su paz y su gozo, mientras se encarga de aquellos que conspiran para hacerte daño. Así lo expresa Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

ORACIÓN:
Padre santo, reconozco que muchas veces no puedo controlar mis emociones y me dejo invadir por sentimientos de ira que no glorifica tu nombre. Te ruego arranques de mi corazón todo enojo o rencor y me llenes con tu paz y tu amor, para que mi testimonio glorifique tu santo nombre. En Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

ORACIÓN



ORACIÓN:
Padre santo, reconozco que muchas veces no puedo controlar mis emociones y me dejo invadir por sentimientos de ira que no glorifica tu nombre. Te ruego arranques de mi corazón todo enojo o rencor y me llenes con tu paz y tu amor, para que mi testimonio glorifique tu santo nombre. En Cristo Jesús, Amén.

Si no puedes controlar tus emociones y sientes que la ira te está empujando a pecar, arrodíllate y clama al Señor buscando su fortaleza y el dominio propio que viene de su Santo Espíritu. Recuerda: “No des lugar al diablo”. Dios tomará control de la situación, llenándote de su paz y su gozo, mientras se encarga de aquellos que conspiran para hacerte daño. Así lo expresa Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.


¡Gracia y Paz!

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿HAY EN TU VIDA ALTIVEZ Y ARROGANCIA?




¿HAY EN TU VIDA ALTIVEZ Y ARROGANCIA?

2 Crónicas 7:14, 15
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar”.

La palabra “humillación” generalmente causa un efecto negativo en nosotros. A todos nos molesta enormemente ser humillados sobre todo si estamos frente a un grupo de personas. “¡Qué vergüenza! ¡Cómo han podido hacerme esto a mí! ¡Me han herido! ¡Me han ofendido!”, exclamamos con dolor y muchas veces con coraje. En mayor o menor grado todos reaccionamos de esta manera. Es lo común en los seres humanos. Sin embargo, Dios nos pide que nos humillemos como requisito para escuchar nuestras oraciones y perdonar nuestros pecados y sanar nuestra tierra. ¿Acaso Dios quiere herirnos u ofendernos? ¡Desde luego que no! Él nos ama con amor eterno, y sólo quiere lo mejor para nosotros. Esto nos dice su palabra.

Para entender el propósito que Dios tiene cuando requiere que nos humillemos delante de él, es necesario remontarnos al principio de la creación cuando Adán y Eva vivían en constante comunión con su Creador. Eran tiempos felices, y Adán y Eva recibían día tras día todo lo que necesitaban física, material, emocional y espiritualmente en el huerto del Edén, conforme a lo que Dios les había prometido. Pero también el Señor les había advertido que del árbol de la ciencia del bien y del mal no debían comer, "porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Desde un principio Dios estableció que la relación entre él y el hombre sería una relación de amor mutuo. Él les mostraría su amor a ellos bendiciéndolos y supliendo todas sus necesidades, y ellos corresponderían a su amor por medio de la obediencia. Así dijo Jesús en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”.

Además, Adán y Eva no tenían conocimiento del bien o del mal, por lo tanto en cada decisión que tomaban dependían totalmente de Dios. Era una relación perfecta, planeada por Dios. Por eso el Señor les prohibió que comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero la serpiente (Satanás) era muy astuta, y se las ingenió para interrumpir el plan de Dios. Sutilmente engañó a Eva y esta comió del fruto prohibido, y dio a Adán, el cual también comió. Al comer de la fruta prohibida, Adán y Eva desobedecieron a Dios creando una separación con aquel que se los había dado todo, y rompiendo la dependencia que tenían de él.

Desde ese momento un espíritu de arrogancia y de soberbia se apoderó de ellos, y se consideraron a sí mismos como dioses capaces de dirigir sus vidas y tomar sus propias decisiones. Ese espíritu de orgullo ha pasado de generación en generación hasta nuestros días, y constituye un obstáculo en nuestra relación con Dios. Nos consideramos autosuficientes, no consultamos con nuestro Padre celestial antes de tomar decisiones, no dependemos de él en la manera en que él desea que lo hagamos con el fin de bendecirnos abundantemente.

Es necesario deshacernos de ese espíritu, es imprescindible que bajemos de ese pedestal que se creó aquel nefasto día en que la desobediencia apareció en el Edén. Se requiere que reconozcamos nuestra soberbia y vengamos arrepentidos delante del Señor. Eso es “humillarse”, simplemente bajar al nivel que nos corresponde, reconociendo nuestra miseria y bajeza ante la infinita santidad y majestuosidad del Rey del Universo. Eso es todo lo que Dios requiere para perdonar nuestros pecados, que seamos humildes, nos arrepintamos y busquemos su dirección dependiendo de él como al principio de la Creación. Para mantener este comportamiento y por lo tanto una íntima comunión con el Señor, es necesario que cada día de tu vida busques su rostro en oración, leas su santa palabra y medites en ella.

ORACIÓN:
Padre santo, reconozco que he sido altivo y arrogante y me he considerado autosuficiente al punto de ignorarte al tomar decisiones por mi propia cuenta. Te ruego me perdones y arranques de mí todo vestigio de soberbia. Ayúdame a humillarme delante de ti y reconocer que para vivir en victoria tengo que depender totalmente de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

Para que Dios perdone nuestros pecados, se requiere que reconozcamos nuestra soberbia y vengamos arrepentidos delante de Él. Eso es “humillarse”, simplemente bajar al nivel que nos corresponde, reconociendo nuestra miseria y bajeza ante la infinita santidad y majestuosidad del Rey del Universo. Eso es todo lo que Dios requiere, que seamos humildes, nos arrepintamos y busquemos su dirección dependiendo de él como al principio de la Creación. Para mantener este comportamiento y una íntima comunión con el Señor, es necesario que cada día de nuestra vida busquemos su rostro en oración, leamos su santa palabra y meditemos en ella.


martes, 30 de septiembre de 2014

¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?



¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?

Gálatas 5:16-23
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Con frecuencia escuchamos noticias acerca de renombrados políticos o exitosos hombres de negocios que, siendo casados, han sido descubiertos teniendo una relación fuera del matrimonio. La mayoría de ellos llevaban muchos años de casados, es decir tenían hogares largamente establecidos. Pero estos hogares fueron totalmente destruidos al conocerse públicamente la “doble vida” que ellos llevaban. ¡Cuántas dificultades y obstáculos habrán tenido que vencer para llegar a la posición a la que llegaron! ¡Y de repente todo se fue por la borda! La pregunta que muchos se hacen es: “¿Qué fuerza movió a estos hombres a actuar de esta manera que los llevó a destruir sus vidas y las de sus respectivas familias?”

Con toda seguridad, tiempo atrás, cada uno de ellos se encontró en una situación en la que les resultaba fácil tener una relación fuera de sus respectivos matrimonios, y los deseos sexuales los empujaban a cometer adulterio. Finalmente cada uno de ellos decidió satisfacer los “deseos de la carne”, y a la corta o a la larga tuvieron que sufrir las consecuencias. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo advierte claramente a los cristianos de las iglesias de Galacia que esto es algo que no deben hacer, sino más bien todo lo contrario. “Andad en el Espíritu”, les dice, “y no satisfagáis los deseos de la carne”. Estos “deseos de la carne” están contra el Espíritu de Dios porque son parte de nuestra corrupta naturaleza humana, y son alimentados por espíritus diabólicos que buscan la destrucción y la muerte del ser humano. Pablo menciona una lista de las obras que resultan de satisfacer estos deseos, entre ellas “adulterio, fornicación, inmundicia…” y muchas más “semejantes a estas”. Y entonces una fuerte advertencia: “Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

La otra alternativa que tiene el ser humano es “andar en el Espíritu”, lo cual implica renunciar a sus propios deseos, rendirse a la autoridad de Cristo y permitir que el Espíritu Santo controle sus acciones. Esto es algo que está totalmente opuesto a lo más intrínseco de la naturaleza humana, y por lo tanto es imposible de llevar a cabo por nuestras propias fuerzas. Se requiere una fuerza sobrenatural a la que sólo tenemos acceso por medio de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Por ejemplo, cuando Jesús fue arrestado por los soldados romanos en el huerto de Getsemaní, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Marcos 14:50). Sin duda la naturaleza carnal los movió a poner sus propias vidas en primer lugar y huir del peligro. Pero cuando Jesús resucitó y se presentó ante ellos, comenzaron a haber cambios profundos en sus vidas. Y cuando fueron llenos del Espíritu Santo en Pentecostés, la transformación de estos hombres fue completa. Predicaron la palabra de Dios, se enfrentaron con valor a amenazas de muerte, sufrieron torturas, cárcel y todo tipo de humillaciones, y permanecieron fieles al Señor aun a costa de sus propias vidas.

¿Qué te mueve a actuar en tu vida? ¿Son tus acciones obras de la carne? Si es así, estás actuando en contra de la voluntad de Dios, y lo que te mueve no es el Espíritu de Dios. Acércate, pues, al Señor, busca su rostro, humíllate, confiesa tus pecados y el Dios en su infinita misericordia te limpiará completamente. Este es el primer paso para que el Espíritu Santo tome control de tus actos y su fruto se manifieste en tu vida.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a obedecer tu palabra y que sea tu Espíritu Santo quien me mueva en todo lo que hago, y aun en lo que hablo y hasta en lo que pienso. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

SALMO 13

Salmo 13
“¿Hasta cuándo, Yahweh? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, oh Yahweh Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Yahweh, porque me ha hecho bien”.

La inseguridad no es algo que simplemente se confiese y automáticamente desaparezca. Más bien es una condición que debe ser confrontada por un período de tiempo más o menos largo. Sobre todo la persona que tiene este problema debe tomar la decisión de confiar en lo que Dios ha prometido y no en lo que el enemigo trata de hacerle creer. David estaba pasando por momentos de gran inseguridad e incertidumbre en su vida. Al describir su situación, en el pasaje de hoy, se muestra temeroso e impaciente ante la supuesta “tardanza” de Dios para acudir en su ayuda. Sin embargo, en medio de su ansiedad, su corazón (que “era conforme al corazón de Dios”) le recuerda que, independientemente de lo difícil de la situación, siempre debía confiar en el Señor. Por eso pudo decir con toda seguridad: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación” Esta expresión implica seguridad, no en él mismo, no en las circunstancias, no en la suerte, sino en el Dios de amor y misericordia que todo lo puede. Y anticipando esta salvación termina exclamando: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien”. Este salmo comienza con un lamento pero termina con una canción.


¡Gracia y Paz!