domingo, 5 de abril de 2015

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR VERDADERAMENTE!






Con estas palabras impregnadas de gozo se saludaron los discípulos de Cristo cuando se encontraron al atardecer del día de la resurrección. Ellos fueron los testigos oculares. Esta convicción, proclamada por los cristianos de todos los tiempos, constituye la base de nuestra esperanza. Sin la resurrección de Cristo no hubiese sido posible la victoria sobre la muerte.

La resurrección, el gran milagro del cristianismo. La resurrección de Cristo es la prueba de su divinidad. Jesús lo dijo: “Pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10:17). Su resurrección también es la garantía de nuestra resurrección futura. Jesús afirma: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Dios traerá a la vida a quienes durmieron en Jesús, para que estén unidos a él (1 Tesalonicenses 4:14). Los que hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo podemos esperar felices ese maravilloso momento en el que la voz poderosa del Señor llamará a todos los que, vivos o muertos, le pertenezcamos, para que estemos siempre con él (1 Tesalonicenses 4:17).

Jesús dice claramente que todos los hombres resucitarán, ya sea para la “resurrección de vida” o para la “resurrección de condenación” (Juan 5:29). Por lo tanto a todos los que no quieren oír la voz de Jesús les decimos: “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20).


¡Gracia y Paz!

sábado, 4 de abril de 2015

¿QUIÉN PUEDE DECRETAR, DECLARAR, Y ESTABLECER?



¿Quién puede Decretar, Declarar, y ESTABLECER?

¡El Único que lo puede hacer es Dios!

Los creyentes en Cristo podemos orar, pedir para que su mano intervenga, ése es el patrón Bíblico.

En el Nuevo Testamento, nadie dijo “YO decreto”, más bien, cuando los cristianos eran perseguidos clamaban a Dios.

La manera Bíblica de orar es apelar al Señor, Amo, Creador y Rey soberano de toda criatura, para que sea ÉL el que Declare, Decrete, y Establezca, no es “Yo declaro, yo decreto, yo establezco…” como enseña con arrogancia la “Metafísica Carismático-Apostólica”.

La Biblia afirma:

Proverbios 3:5-7
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión…”

Nehemías 9:6
“Sólo tú eres el Señor. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante ti”.

Solo Dios el creador, es el Señor soberano sobre todas sus criaturas.

Dios es Dios, y nosotros somos solo humanos. EL ÚNICO PODER ESTA EN LA BOCA DE DIOS, aprendamos a orar de una manera Bíblica y abandonemos las practicas heréticas y Dominionistas.


“Gracia y Paz”

PADRE NUESTRO, HÁGASE TU VOLUNTAD...


¿POR QUÉ BUSCÁIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE?




Lucas 24:1-9
“El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás”.

El viernes, el cuerpo inerte de Jesús fue bajado de la cruz, fue envuelto en una sábana y trasladado a “un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie”, dice la Biblia en Lucas 23:53. Entonces pusieron una gran piedra a la entrada del sepulcro. Transcurrió el sábado (día de reposo), y al amanecer del domingo varias mujeres de las seguidoras de Jesús se acercaron al sepulcro. Dice el pasaje de hoy que ellas “hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”.

En aquella tumba habían sido puesto el cuerpo del Señor después de su crucifixión. Pero ya no estaba allí porque él había resucitado tal y como lo había dicho antes. Ahora la tumba estaba vacía. Y, casi 2,000 años después, esa tumba continúa vacía porque Cristo vive y está a la diestra del Padre; y su Santo Espíritu está en medio de nosotros, recordándonos las palabras de Jesús: “En el mundo encontrareis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Ciertamente a lo largo de nuestras vidas encontraremos aflicción, sufrimientos, tristeza. Es natural en este mundo pasar por períodos de dolorosas pruebas. Jesús mismo nos dio el ejemplo. El viernes hubo dolor y sufrimiento para todos aquellos que amaban al Señor. Hubo llanto y tristeza durante todo el sábado. Pero el domingo se produjo el milagro más grande y más trascendental de la historia de la humanidad: Jesucristo venció la muerte, y se levantó de entre los muertos, y la tristeza se convirtió en gozo, la muerte se convirtió en vida, las tinieblas se convirtieron en luz, y la derrota se convirtió en victoria. La resurrección de Cristo trajo consigo el gozo indescriptible de la vida eterna.

Ciertamente tenemos un Dios todopoderoso. Por medio de su poder, nuestro Señor Jesucristo venció la muerte y con ello a Satanás y a todos sus demonios. Por eso él puede decir con autoridad: “Confiad, yo he vencido al mundo”. Y como él ocupó nuestro lugar en la cruz, nosotros podemos afirmar que esa victoria es nuestra. Hagamos de la Cruz un símbolo de victoria en nuestras vidas, buscando cada día el rostro de quien ocupó nuestro lugar en ella, ofreciendo su vida para que nosotros podamos disfrutar de vida eterna.

Cuando sientas tristeza o angustia, enfoca tu pensamiento en el aspecto temporal de tu situación y en la victoria eterna que ha sido asegurada a los que han creído en Jesucristo. Piensa en lo que nos dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. La muerte de Cristo no es para nosotros señal de duelo porque a través de ella se verificó el milagro de la resurrección. No debemos olvidar nunca lo que él sufrió por cada uno de nosotros, pero debemos enfocar nuestra esperanza en el resultado que él obtuvo: ¡Victoria total y absoluta! Porque tenemos la cruz y la tumba vacía, ¡tenemos la victoria en Cristo!

¡A él sea la gloria, el imperio y el poder por los siglos de los siglos, Amén!

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, gracias una vez más por Jesucristo y la victoria de su resurrección. Ayúdame a entender en toda su magnitud el significado de esta victoria y a aplicarla en mi vida cada día, para poder disfrutar de tu gozo en todas las circunstancias imaginables. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 3 de abril de 2015

Hebreos 11:1


¡LA DESOBEDIENCIA, TRAE CONSECUENCIAS!




1 Samuel 15:22-23
“Y Samuel dijo: ¿Se complace el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras del Señor? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey”.

El rey Saúl había recibido instrucciones de Dios a través del profeta Samuel de que atacara a los amalecitas, enemigos acérrimos de Israel, y destruyera todo. Le dijo: “Mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15:3). Todo, absolutamente todo debía ser eliminado. Esa era la orden clara y terminante del Señor. Sin embargo, Saúl optó por perdonarle la vida al rey Agag, y traerse consigo lo mejor de las ovejas y del ganado (v. 9). Entonces Samuel confronta a Saúl (vv. 13-21) en relación a su desobediencia a Dios, y Saúl le contesta tratando de excusarse. Le dice que había sido el pueblo el que había tomado los mejores animales para ofrecer sacrificios al Señor (como si el pueblo tuviese la autoridad para actuar por sí mismo), y le da al profeta toda una serie de pretextos y disculpas.

Ante esa actitud de desobediencia y terquedad de parte de Saúl, Dios le dijo a Samuel: “Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras” (1 Samuel 15:11). La actitud de Saúl entristeció el corazón de Dios, y le costó su reinado. Finalmente Samuel pronunció las palabras del pasaje de hoy, como una sentencia para el rey Saúl que vino directamente del Señor: “Por cuanto tú desechaste la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey”. Es decir, debido a que desobedeciste la palabra de Dios, él te ha rechazado. Ciertamente la desobediencia trae separación de Dios. Ser desobedientes nos impide recibir las bendiciones y las promesas del Señor. Por el contrario, cuando actuamos conforme a la voluntad de Dios, su gracia y su bondad se manifiestan sobre nosotros. Si sabemos esto, entonces ¿por qué desobedecemos? Hay varias razones por las que no obedecemos la palabra de Dios. He aquí algunas de ellas:

No amamos al Señor lo suficiente. Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). Por el contrario, continúa el Señor, “el que no me ama, no guarda mis palabras” (Juan 14:24).

Un corazón impuro. Santiago 1:21 dice: “Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. Un corazón puro es terreno fértil para la palabra de Dios. Eva se dejó influenciar por las palabras de la serpiente y en su corazón sintió codicia por la fruta prohibida. Por eso la comió, desobedeciendo a Dios (Génesis 3:6).

LAS COSAS DEL MUNDO. Dice Jueces 2:16-17: “Y el Señor levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban; pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos del Señor; ellos no hicieron así”. Un ídolo o un dios falso puede ser cualquier cosa que ocupa en nuestras vidas un lugar preferente sobre Dios.

LA MALA INFLUENCIA DE LOS DEMÁS. La influencia de las malas amistades puede desviarnos de un camino de obediencia y convertirnos en cristianos mediocres y desobedientes. De esta influencia debemos alejarnos. El apóstol Pablo advierte a los romanos: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17). Y a los gálatas les dice: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?” (Gálatas 5:7).

Ciertamente no queremos ser desechados por Dios, como le pasó a Saúl. Debemos, por tanto, desechar nosotros todo aquello que nos impide obedecer la palabra de Dios. Entonces recibiremos bendición de lo Alto.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo recibir tus bendiciones y tus promesas. Por favor ayúdame a rechazar todo aquello que interfiere en mi obediencia a tu palabra, y que trae malas consecuencias a mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

Efesios 5:14



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sábado, 28 de marzo de 2015

LOS CAMINOS DE DIOS NOS MANTIENEN DENTRO DE LOS LÍMITES DE SUS BENDICIONES



Salmo 1:1
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores…”

Los hijos de Dios debemos tener perfectamente bién definidos los límites que hay entre el bien y el mal. Al igual que el salmista, debemos tener conciencia de que una vida bendecida es el resultado de deleitarse en el cumplimiento la Ley del Señor (Salmo 1:2); no de vivir como aquellos que «[andan] en consejo de malos, [y están] en camino de pecadores» (v. 1). 

Los cristianos debemos reconocer que los límites divinos no buscan quitarle dinamismo a nuestra vida, sino que son cercos levantados, según la sabiduría de Dios, para ayudarnos a evitar la trampa y los problemas de una vida insensata.

Cuando sientas tentación de traspasar los límites divinos, recuerda el propósito amoroso del Señor al levantar vallados. Glorifica a Dios por esos límites y por la bendición que son para ti. Los caminos de Dios nos mantienen dentro de los límites de sus bendiciones.


“Gracia y Paz”

Mateo 5:11